Israel y Palestina: cerrojo al optimismo

Benjamin Netanyahu celebra los resultados de las elecciones generales de Israel, el 9 de abril de 2019. Foto: EFE/AS

Israel y Palestina: cerrojo al optimismo

Israel se dispone a cambiar la constitución para convertirse en un estado étnico-religioso, de manera que los no judíos tengan restringidos sus derechos

Benjamín –Bibi– Netanyahu ha vuelto a ganar. Pese al empate con la oposición moderada es el único que cuenta con aliados para formar gobierno. Aliados en la extrema derecha, partidarios de la anexión de Cisjordania.

El fin del sueño de los dos estados era cuestión de tiempo. Si alguien creía que los asentamientos de colonos en territorio conquistado militarmente era temporal, ha tenido tiempo suficiente para desengañarse. La ocupación es irreversible. Seguirá avanzando. No hay vuelta atrás.

El próximo paso consiste en la consolidación jurídica de una situación de facto. Israel se anexionará los Altos del Golán con el beneplácito, ya anunciado, de Donald Trump. Como a nadie salvo a Irán le importa demasiado, las condenas serán escasas y pronunciadas con sordina. Prevalecerá el aplauso y la justificación norteamericana: que los Altos estén en manos israelitas es mejor para la seguridad y la estabilidad de la región y el control de la expansión iraní.

Habrá más. Sobre Netanyahu penden, tal vez no las balanzas pero sí la espada de la justicia. Las acusaciones de corrupción son sólidas. La de mayor calado afecta incluso a la seguridad nacional, tanto por la adquisición de un número excesivo de submarinos a Alemania como por el beneplácito a las compras de material militar sofisticado por parte de Egipto, también a Alemania.

El entorno del primer ministro ya rinde cuentas ante los tribunales. El cerco de la justicia se estrecha. ¿Significa ello que Bibi no va a ser el premier más longevo de la historia de su país porqué su mandato se verá interrumpido por una condena? No lo crean.

Las condiciones del pacto de Netanyahu con la extrema derecha incluyen, por encima o por debajo de la mesa, un cambalache que consiste en aprobar cambios legislativos que blinden a los primeros ministros en ejercicio –todo por la estabilidad, incluso ahorrarse comparecer ante el juez– a cambio del inicio de la política de anexiones territoriales.

Europa alzará la vocecita, sin que ello sirva más que para tranquilizar algunas conciencias

Israel se dispone a ampliar sus fronteras jurídicas. El estado se va a ensanchar, primero con la anunciada anexión de los estratégicos Altos del Golán, que son también la clave del abastecimiento del oro transparente de la región, o sea el agua.

A continuación, o en la misma tacada, un primer lote de asentamientos pasarán a formar parte permanente del territorio soberano de Israel. Ampliación de límites sobre un territorio que las Naciones Unidas y el mundo han considerado siempre como ocupado temporalmente y destinado a la devolución en cuanto la seguridad de Israel lo permitiera.

Con o sin tal justificación, la anexión puede darse por hecha, lo que significa el fin del sueño de los dos estados viables, uno israelí y el otro palestino. Como bien decía un ex ministro laborista, veinte años atrás, la fórmula para asegurar un futuro en paz entre israelíes y palestinos pasaba entonces por el establecimiento de tropas internacionales  de interposición.

El objetivo de tal propuesta era doble. Por una parte garantizar el fin de los asentamientos y por otra asegurar la paz efectiva, la no agresión mediante una barra física disuasoria a ambos lados. En Israel no hubo consenso para implementarla. Ya no hay tiempo para ello, ni para una paz duradera que satisficiera las exigencias básicas de cada una de las partes en conflicto.

Aquel tiempo pasó para no volver. Jerusalén no será la ciudad compartida sino la capital del estado israelí, poblada casi de manera exclusiva por judíos. El avance por demolición de viviendas de palestinos y ensanche de la zona judía proseguirá.

Como en el pasado, Europa alzará la voz, la vocecita, sin que ello sirva más que para tranquilizar algunas conciencias. Quien calla apoya. Quien se limita a protestar con sordina otorga.

Los partidarios de preservar a la nación palestina en su territorio esgrimen el argumento de la bomba demográfica. Según ellos, bastaría con que, ante la evidencia de la anexión, los palestinos de Cisjordania pidieran que fuera completa y solicitaran la nacionalidad israelí de pleno derecho.

Israel no ha dado ni va a dar marcha atrás en su proyecto de construir una patria segura para los judíos

Aunque así fuera, tampoco podrían votar y valerse de su mayoría para hacerse con el poder. Si tal peligro se aproximara, o incluso para conjurarlo antes de que se presente, Israel se dispone a cambiar la constitución para convertirse en un estado étnico-religioso, de manera que los no judíos tengan restringidos sus derechos, empezando por el de votar.

No habrá vuelta atrás. De hecho, y a excepción de la muy bien pensada entrega de la franja de Gaza a los palestinos, Israel no ha dado ni va a dar marcha atrás en su proyecto de construir una patria segura para los judíos.

Segura significa algo más que superior desde un punto de vista militar (ahí está so no declarado pero evidente arsenal nuclear). Significa también ampliada, es decir confortable para los judíos, inviable para los palestinos. Final del sueño de una salida feliz.

Este artículo no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Economía Digital y sus accionistas.

Xavier Bru de Sala

Analista, Economía Digital

De Xavier Bru de Sala recordamos su aclamado Fot-li, que som catalans (2005) y la vuelta de tuerca Fot-li encara més que som catalans (2006). Su producción literaria ha logrado varios premios. Además de con Economía Digital, colabora en El Periódico.

Enviaremos un mensaje al correo indicado con el enlace que deberás clicar para completar el alta. No recibirás ningún boletín hasta entonces. Política de privacidad