Una mujer llora durante la concentración en la Plaza Catalunya de Barcelona con el lema "La comunidad musulmana contra el terrorismo. EFE/Andreu Dalmau"

El islam, el islamismo y el terrorismo

Difundir el mensaje del islam como religión de paz responde a un deseo ampliamente compartido, incluso por la mayoría de musulmanes, no a una realidad

El monoteísmo se las trae. Una de las luchas más largas y difíciles de la civilización consiste en evitar el excesivo protagonismo de las religiones en los asuntos que en principio no deberían ser de su incumbencia. La secularización de la sociedad no se ha logrado en Europa hasta tiempos muy recientes.

El cristianismo es hoy una religión de paz, pero ha sido todo lo contrario. Recuerden las cruzadas. Recuerden como los evangelios invadieron a sangre y fuego los corazones refractarios a convertirse por las buenas.

Recuerden que Roma era la depositaria de la verdad aún contra la evidencia de que la tierra se movía. Recuerden las salvajadas de Calvino en Ginebra, la intolerancia inicial del protestantismo.

La Guerra de los Treinta Años entre católicos y protestantes incendió Europa con una inusitada virulencia. Irónicamente, el cardenal Richelieu decantó aquella a favor de los protestantes. Su famosa frase, “yo soy católico, pero antes que católico, francés”, cambió el curso de la historia: primero la nación, después la religión.

El islam debería ser una religión de paz. Y en gran parte lo es

La “hija primogénita de la iglesia”, Francia, ayudó a los protestantes contra los Habsburgo austríacos y españoles con la intención, claramente conseguida, de marginar a España y entronizar a Francia como primera potencia europea.

Si no tenemos en cuenta todo eso, y mucho más, no podremos entender la situación actual del islam. El islam debería ser una religión de paz, y en gran parte lo es. Sin embargo, persisten en su interior diversas doctrinas que, siguiendo el Corán, llaman a someterlo todo al Corán y a destruir al infiel si persiste en su error una vez conocida la verdad revelada por Alá a Mahoma.

Los significados del islam

Islamismo significa sumisión, el islam como sistema político. La yihad o guerra santa, en nombre de la cual se producen los atentados, es la versión radical del islamismo. 

El Dios de la Biblia es guerrero y vengativo. Las atrocidades reportadas y ensalzadas por la Biblia son incontables. Entre ellas, la gesta de Sansón, el primer terrorista suicida de la historia, que se sacrificó y se redimió hundiendo el templo de los filisteos y matando a tres mil de ellos.

Los evangelios transmiten un mensaje de paz, igualdad y perdón. Poner la otra mejilla, colmar a los enemigos de bendiciones, al César lo que es del César, etc. En la práctica, cuando se trataba de imponerse, tales deseos cedieron el paso a la más despiadada violencia, contra extraños y también contra propios, disidentes o simplemente rivales.

De modo que, digan lo que digan sus textos fundamentales, las tres religiones monoteístas han instigado y protagonizado multitud de guerras, de manera especial las dos más difundidas.

Lo anterior viene a cuento porque el mensaje del Corán contiene elementos de paz y bondad bellamente expresados que concuerdan con el Nuevo Testamento, y otros que instigan a la persecución y la guerra según el modelo y el lenguaje de los pasajes más sanguinarios de Biblia.

Un islam tolerante frente a otro intolerante. Es cuestión de preferencias y de selección de pasajes. Quienes radicalizan a los jóvenes recitan al pie de la letra pasajes del Corán. Quienes les predican lo contrario, también.

Un sacerdote que predicara, no ya el retorno de las cruzadas sino unos valores retrógrados, defendidos hasta hace poco por los obispos cristianos al amparo de citas textuales de los textos sagrados, sería apartado inmediatamente de sus funciones y examinado como loco. Pues lo mismo con los imanes.

Los peligros que tenemos delante

Vivimos bajo la amenaza del terrorismo islamista. El aniversario de los atentados de Barcelona renueva el dolor ante la tragedia provocada por el fanatismo. La lección que la sociedad debe aprender se llama intolerancia con los intolerantes.

Difundir sin matices el mensaje del islam como religión de paz es una manera estúpida de cerrar los ojos ante la realidad y sus amenazas. El islamismo es enemigo de los valores humanos. Su versión radical, asesina, y si no lo consigue más es por la prevención y la vigilancia.

Barcelona se define como ciudad de paz. Perfecto. Justamente para prevenir la paz debemos ayudar a los encargados de defendernos difundiendo mensajes de intolerancia contra el islamismo y su corolario el yihadismo en vez de ampararlos en nombre del buenismo. Ya hemos visto que sale muy caro.

Este artículo no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Economía Digital y sus accionistas.

Xavier Bru de Sala

Analista, Economía Digital

De Xavier Bru de Sala recordamos su aclamado Fot-li, que som catalans (2005) y la vuelta de tuerca Fot-li encara més que som catalans (2006). Su producción literaria ha logrado varios premios. Además de con Economía Digital, colabora en El Periódico.

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