Ciudadanos o ERC, ¿tanto monta?

 El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante una comparecencia en la Moncloa. Foto: Efe

Ciudadanos o ERC, ¿tanto monta?

Pedro Sánchez, en lugar de comprar votos, parece que los venda

Tan bien sabe todo vendedor que disponer de dos a más compradores reporta grandes ventajas, que hasta lo han aprendido algunos de los peores políticos de las izquierdas europeas, y cuidado que los hay malos.

Por si el párrafo anterior no orientara con suficiente claridad la respuesta a la pregunta del título, especificaremos que es afirmativa en lo esencial, si bien con ciertos matices y significativos reparos. Al gran timonel de las aguas bravas le fastidian las navegaciones lacustres, pero más le repugna tener que pagar peajes en sus portentosas travesías.

¿Gobernar como si no tuviera mayoría absoluta? ¡Jamás de los jamases!, masculla para sus adentros el osado capitán. De ahí que, en lugar de comprar votos parece que los venda. En las negociaciones entre sus dos interlocutores, ERC y Ciudadanos, que apura hasta el último minuto, se discute sobre el precio, sí, pero al revés.

Eso no va de ideologías en el eje derecha-izquierda ni de más o menos autogobierno para Cataluña en el debate territorial. El ideal de Pedro Sánchez, digno de la mejor tradición picaresca, no quijotesca porque a eso no alcanza nadie en la España de hoy, es comprar cobrando. Hete aquí que los términos del trato, no del contrato porque los contratos obligan, se han invertido sin que los dos candidatos parezcan haberse dado cuenta.

No se trata de ver, en la ya arriesgadísima subasta a la baja, quién cobra menos por sus imprescindibles votos sino todo lo contrario. Vamos a ver, candidatos a probar las mieles de lamer al todopoderoso señor, ¿quién paga más por apoyarme? ¿Quién me ofrece más a cambio de la foto del acuerdo? No es charlatanería de feria. Increíble pero cierto.

De ahí que santa Teresa Arrimadas haya expresado con total claridad su oferta, que renuncie, si puede ser para siempre, a las satánicas pompas del independentismo. Si bien dicha renuncia, como veremos, sea de precario cumplimiento.

Se trata de que a todo le quede clarito que hay y seguirá habiendo mando único

Sin atreverse ni siquiera a murmurarlo, los de Oriol Junqueras, pillados en falso y a contrapié, solicitan lo mismo pero al revés. Se darían con un canto en los dientes si el idilio, por lo menos aparente entre la líder de Cs y el presidente, se viera frustrado de una vez por todas. Contra la triple amenaza del bloque de derechas se vivía mejor.

La novedad, en lo político, poco o nada tiene que ver con las fases del desconfinamiento. Tampoco con el debate sobre la necesidad de prolongar o no el estado de alarma, ya que al parecer de no poco expertos no ampara las restricciones permanentes a la movilidad.

De lo que se trata es de que a todo le quede clarito que hay y seguirá habiendo mando único, que los demás están condenados a la doble categoría de mindundis y liliputienses a pesar de los pesares del resultado electoral. En casa de los podemitas ya lo van entendiendo y aceptando con inusitada sumisión.

Ahora se trata de medir el diámetro de las respectivas tragaderas de Cs y ERC. De momento, los negociadores de La Moncloa han conseguido algo que nadie soñaba desde la investidura, a saber que el as exhibido hasta el momento por ERC, o conmigo o a la calle, deja de tener sentido.

La carta que la ha quedado a Junqueras es bastante peor, ya que al no resultar imprescindible, se queda en un triste o conmigo o con Cs. Dilema terrible pero incierto a largo plazo. Si todo fuera tan fácil como ir cambiando de caballo…

Pero no es así. Si a Inés Arrimadas le salieran bien las cosas, o sea si los de Carles Puigdemont volvieran a ganar las autonómicas catalanas y ERC, avergonzada por el revolcón propiciado por el nada a cambio de servir a España, se viera obligada a romper con el PSOE, entonces llegaría la oportunidad de Cs.

Porque, aunque a la vista de todos no esté, el retorno a los escenarios de Arrimadas conlleva el mismo propósito que tenía ERC hasta el momento. El mismo y expresado con las mismas palabras, o conmigo o a la calle.

La política es siempre imprevisible, y más en las presentes circunstancias

Con las matemáticas parlamentarias en la mano, si se cumplieran los mejores sueños de Arrimadas y ERC se retirara de su aventura madrileña con el rabo entre las piernas, es evidente que a Sánchez no le quedaría otra forma de mantener la mayoría, o sea la estabilidad, que mediante el apoyo permanente de Cs.

Llegado el caso, lo que no es imposible y mucho menos inverosímil, qué duda cabe sobre la actuación cada vez más exigente de Cs sobre el capitán Sánchez, así convertido en su rehén. Exigencia tras exigencia, trágala tras trágala, hasta ofrecer la cabeza del capitán a los que no dejan ni dejarán de ser sus dos socios naturales, PP y Vox.

Nadie dice que tal concatenación de circunstancias vaya a producirse. La política es siempre imprevisible, y más en las presentes circunstancias. Pero no por ello deben dejar de ponerse al descubierto los cálculos, las maniobras del presente y sus segundas derivadas, por lo menos en las mentes de los políticos que así juegan, así se la juegan y así nos la juegan.

Este artículo no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Economía Digital y sus accionistas.

Xavier Bru de Sala

Analista, Economía Digital

De Xavier Bru de Sala recordamos su aclamado Fot-li, que som catalans (2005) y la vuelta de tuerca Fot-li encara més que som catalans (2006). Su producción literaria ha logrado varios premios. Además de con Economía Digital, colabora en El Periódico.

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