Amarrados y descartables en tiempos de despotismo

El diputado de ERC, Gabriel Rufián, y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante el debate de la segunda prórroga del estado de alarma, el 9 de abril de 2020 en el Congreso | EFE/Mariscal

Amarrados y descartables en tiempos de despotismo

Si antes del confinamiento Pedro Sánchez dependía de ERC, ahora ya no, o no únicamente. La diferencia puede parecer poca pero es de enorme calado

Pedro Sánchez sigue disponiendo de los mismos apoyos fijos y poco exigentes que al principio —Unidas Podemos y PNV—, pero su permanencia en el poder ya no depende del complemento de ERC. Esta es la auténtica novedad en el panorama político español. El resto son detalles y variables que en nada van a alterar lo sustancial... hasta que, tiempo al tiempo, por ahora sin prisas, lo sustancial deje de serlo.

¿Y qué diablos es lo sustancial en esta dificilísima época pospandémica y tal vez prerebote vírico? Pues en términos políticos, no de sufridas vidas cotidianas, y mas aún para quien detenta el poder, lo sustancial es disponer de mayoría en el Congreso. Aún sin ella, de no mediar una moción de censura imposible en esta legislatura, un funambulista como Sánchez podría ir alejando la fecha de unas anticipadas contra viento y marea.

No lleva trazas. Si antes del confinamiento dependía de ERC, ahora ya no, o no únicamente. La diferencia puede parecer poca pero es de enorme calado. En la composición de las mayorías, el último socio, el más remolón y menos propenso a apoyar al Gobierno se lleva siempre un premio extraordinario. Sus votos, por lo general escasos, resultan sobrevalorados, ya que de ellos depende que el edificio de los pactos se sostenga o se hunda.

Ahora bien, si un edificio en riesgo de tambalearse, político o no, cuenta con dos contrafuertes, uno a cada lado, las probabilidades de mantenerse en pie aumentan exponencialmente. Sánchez puede apoyarse en Ciudadanoss o en ERC, o incluso en ambos, con la ya casi seguridad de que ni uno ni el otro van a abandonarle por completo.

Lo que le va bien al inquilino de La Moncloa es precisamente este juego de inseguridades que algunos han comparado a las infidelidades. Una vez orillado el peligro más grave, que consistía en un ataque monumental de cuernos de los podemitas, el resto es casi coser y cantar. Que no me quiere ERC, pues ya me querrá cuando vea que Cs me besuquea. Y viceversa.

Por si fuera poco, ahí está el PP, a la deriva a pesar de que Pablo Casado lleve el timón, o a lo mejor porque es él quien lo lleva. Si se aleja demasiado de Sánchez cae en el remolino de Vox. Si negocia con él no obtendrá nada que no sea una nimiedad, y encima redundante con los minitrofeos exhibidos por Arrimadas.

El recurso permanente a la crispación parece contraproducente

Pero aún así, perdido en medio de la niebla, el PP encontraría una oportunidad de hacerse valer si por algún azar combinatorio hoy por hoy inimaginable el PSOE no sólo perdiera el soporte de Cs y ERC al mismo tiempo sino que ambos se le transformaran en franca hostilidad.

De ahí la mesa de reconstrucción dispuesta en el Congreso que preside el hábil Patxi López y en la que se sientan desde el PP a ERC. Ninguno de los participantes está ahí por presión social ni para hacer el bien consensuando medidas efectivas como suelen afirmar. Están por interés de partido, aún a sabiendas de que se trata de un paripé a mayor gloria de Sánchez. Un remedo entre burlesco y picaresco de unos nuevos Pactos de La Moncloa.

Fracasados los intentos de poner al presidente en apuros, el recurso permanente a la crispación parece contraproducente, por lo que, sin que el nuevo clima tenga gran cosa que ver con las imperturbables decisiones del Gobierno, parece más juicioso colaborar que seguir vociferando. El relato sensato se impone al rifirrafe.

Por lo cual el PP ingresa, aún remoloneando, en la recta vereda que facilita el mando único, sin siquiera exigir una ruptura con ERC o un alejamiento hacia Cs. De modo que falta poco para que Casado pase de líder de la oposición a la categoría de sostén prescindible, tal vez con el ambivalente y muy peligroso título de prescindible de honor.

La más que probable renovación de la entente PNV-PSOE en el País Vasco y el acomodo de Pablo Iglesias y Podemos a cualquier situación que no les expulse de sus paraísos ministeriales, permiten augurar un refuerzo de los cabos que atan a los dos amarrados al poder de Sánchez.

A pesar de ello, en La Moncloa saben que, puestos a seguir con lo suyo, que es la acumulación máxima de poder y su uso como si de mayoría absoluta dispusiera, cuantos más prescindibles se metan en el redil, menos oposición y menos virulenta.

Los datos del presente y los indicios más fiables señalan un tiempo de relativa calma política

Máxime si, como se ha visto y se sigue viendo, los esforzados costaleros que lo llevan en volandas en vez de ejercer de opositores se contentan con un poco de alpiste y unas condecoraciones compuestos por collares de cuentas y abalorios.

Al marca-rumbos en la sombra del PP, Alberto Núñez Feijóo, pronto reforzado mediante el formidable aval de las elecciones gallegas, le interesa que Casado se pierda más y más en la niebla fabricada en los cañones de atrezo de La Moncloa. Cuanto más espesa mejor. Cuanto peor esté el PP y más fuerte se estrelle Casado, más a favor de un socorrista con experiencia en salvamiento y autosalvamiento.

Quien quiera seguir viendo inestabilidad a corto o medio plazo, es bien libre de imaginar y especular a sus anchas, pero los datos del presente y los indicios más fiables señalan un tiempo de relativa calma política que facilitará el reinado cripto despótico de Sánchez.

Este artículo no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Economía Digital y sus accionistas.

Xavier Bru de Sala

Analista, Economía Digital

De Xavier Bru de Sala recordamos su aclamado Fot-li, que som catalans (2005) y la vuelta de tuerca Fot-li encara més que som catalans (2006). Su producción literaria ha logrado varios premios. Además de con Economía Digital, colabora en El Periódico.

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