A cien años de la Gran Guerra

Imagen de la cancillera alemana Angela Merkel y el presidente de la República Francesa, Emmanuel Macron

A cien años de la Gran Guerra

Hubiera sido mejor si Macron hubiera entonado un 'mea culpa' en nombre de todos los europeos que provocaron la barbarie de las dos guerras mundiales

Aprovechemos la solemne conmemoración de la firma del armisticio que puso fin a la Primera Guerra mundial para repasar las líneas maestras de la convulsa Europa del siglo XX.

Se ha repetido hasta la saciedad que la guerra del 1914-18 y la del 1940-45 son en realidad dos capítulos de una misma confrontación. Para comprender el conflicto en su totalidad, es preciso completar el relato remontándose un poco más en el tiempo, hasta la Guerra Franco-prusiana de 1870. Fue entonces cuando se conformaron los parámetros de las dos guerras posteriores.

Más allá de una batalla en 1870, Europa vivió en el XIX un inusual siglo de paz

Desde la batalla de Waterloo, que en 1815 puso fin las Guerras Napoleónicas, hasta la batalla del Marne de 1914, la más decisiva en los inicios de la Primera Guerra Mundial, Europa sólo había conocido una guerra de cierta envergadura en su interior, la Franco-Prusiana.

Esta guerra duró sólo unos meses y se resolvió prácticamente en una batalla, la de Sedán, que resultó ser un desastre sin paliativos para los franceses. Guillermo I de Prusia se coronó Káiser de Alemania en Versalles. Aparte de este breve encontronazo, Europa vivió un inusual siglo de paz.

Como concluyera Stefen Zweig, la causa remota del conflicto, cuyo final conmemoramos, fue la inexperiencia sobre el sufrimiento que ocasionan las guerras. Por si fuera poco, los generales alemanes del Segundo Reich habían diseñado planes para una victoria fulminante.

La Guerra Franco-Prusiana animó a los germanos en sus ambiciosos planes e hirió a los franceses

El éxito de 1871 y su moderna maquinaria de guerra les avalaban. Se equivocaron, claro, pero nadie estaba en condiciones de prever la catástrofe que se desencadenaba.

Todos se preparaban alegremente para la contienda en la doble vertiente del incremento de la animosidad y de la inversión en armamento. Como si fuera un juego, un “instrumento político” que se sirve de “otros medios” (Clausewitz) Un pequeño forcejeo y listos. Nadie advirtió de las terribles consecuencias porque nadie se las podía imaginar.

Europa no aprendió la lección hasta que repitió la amarga experiencia de una guerra mundial en 1945

La Guerra Franco-Prusiana animó a los germanos en sus ambiciosos planes imperiales e hirió profundamente el muy susceptible orgullo francés. El empuje de Alemania era formidable, pero había llegado tarde al colonialismo y no se conformaba con ser excluida del mayor negocio europeo de la época.

También Rusia despertaba y se desarrollaba a ojos vistas, como había profetizado Tocqueville. En términos geoestratégicos, constituía para los alemanes una amenaza potencial evidente, mayor que la francesa.

Por eso los franceses animaron a los belicistas rusos y se aliaron con ellos, con el propósito de emparedar Alemania. De modo que las responsabilidades deben compartirse y bajo ningún concepto pueden atribuirse en exclusiva a una parte. La historia, escrita o dictada por los vencedores, suele cargar todas las culpas a los vencidos. La verdad suele ser más equitativa.

La Gran Guerra fue devastadora, pero Europa no aprendió la lección hasta que repitió la amarga experiencia, un cuarto de siglo más tarde. Al término de la Segunda Guerra Mundial, el mezquino negocio extractivo de las colonias estaba a punto de concluir.

Cada cual debía valerse por sí mismo. Tras la partición de Alemania y Europa en dos áreas de influencia –un coste que aún pagamos— la amenaza del gigante soviético sobre todo el continente obligó a los antiguos rivales a colaborar.

Stalin monument gori

una amenaza constante

Tanto el nacimiento de la Comunidad Europea como el Plan Marshall tuvieron como germen la lucha contra un enemigo común: el comunismo

Monnet y Adenauer no fundaron la Comunidad Europea gracias a una conversión milagrosa de la rivalidad y el odio en fraternidad, sino porque nada une más que un poderoso enemigo común: la URSS, el comunismo.

Asimismo, el Plan Marshall para el desarrollo de la maltrecha Europa Occidental es una respuesta a la amenaza soviética. También el consenso sobre la socialdemocracia, que procuró a los ciudadanos de ese lado del Telón de Acero unas condiciones de vida mucho mejores que las de los sometidos a las nomenclaturas que las oprimían en nombre del proletariado.

La lección aprendida

La consecuencia pacifista de las dos guerras no se vería hasta la caída del Muro. Lección de fondo bien aprendida. Guerra Fría finalizada sin batallas y sin muertos. Eso sí es milagroso.

Los perdedores aceptaron la superioridad de los vencedores y procedieron a desmantelar su imperio sin rechistar. El logro es colosal, uno de los mayores de la humanidad, y no se ha destacado lo suficiente. El recuerdo del horror previene la reiteración del horror. Por eso es importante mantener vivo el recuerdo.

Habría sido mejor si Emmanuel Macron, además de las apelaciones obligadas a la concordia y la sandeces que soltó al intentar sustituir el nacionalismo por su peor sinónimo, el patriotismo, hubiera entonado un 'mea culpa' en nombre de todos los europeos que desencadenaron la barbarie en vez de reivindicar su memoria.

En fin, tal vez sea pedir demasiado.

Este artículo no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Economía Digital y sus accionistas.

Xavier Bru de Sala

Analista, Economía Digital

De Xavier Bru de Sala recordamos su aclamado Fot-li, que som catalans (2005) y la vuelta de tuerca Fot-li encara més que som catalans (2006). Su producción literaria ha logrado varios premios. Además de con Economía Digital, colabora en El Periódico.

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