¿Qué dirá el Rey?

Felipe VI ha ido marcando su impronta en los discursos que le ha tocado pronunciar desde aquel del 3 de octubre de 2017

¿Qué dirá el Rey?

Que este año se apuren los plazos de la grabación del discurso del Rey de Navidad da la dimensión de la situación tan inestable que estamos viviendo

En pleno ‘tsunami’ negociador de Pedro Sánchez con ERC para lograr su investidura exprés, va creciendo la expectación sobre el contenido del mensaje navideño de Felipe VI.

El momento político que atravesamos está tan impregnado de incertidumbre y la inseguridad es tan palpable que en el Palacio de la Zarzuela han optado por aplazar la grabación del mensaje navideño del Rey hasta horas antes de la Nochebuena. Que este año se apuren los plazos de la grabación da la dimensión de la situación tan inestable que estamos viviendo.

Con la impaciencia del candidato socialista por negociar su investidura a toda costa con quienes quieren romper la unidad constitucional. Con la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea  reconociendo a Junqueras su inmunidad como eurodiputado cuando era preso provisional. Un fallo que tendrá consecuencias en la situación procesal de Puigdemont.

Las prisas de Sánchez, la impaciencia de Podemos y la factura de ERC están formando un cóctel explosivo que impide, de momento, hacerse a la idea de qué gobierno va a hacerse cargo de gestionar todos los problemas que tiene este pais, sin añadir más dificultades a nuestras vidas.

El Rey se dirigirá a los ciudadanos, como es tradicional, a través de las cámaras de televisión en Nochebuena. El martes 24 de diciembre. Si el mensaje navideño, aunque la televisión pública Vasca (ETB) no los emita ni tampoco TV3, se suele seguir con gran expectación, en esta ocasión el interés se justifica con mayor motivo.

La prisas de Sánchez, la impaciencia de Podemos y la factura de ERC están formando un cóctel explosivo

Felipe VI ha ido marcando su impronta en los discursos que le ha tocado pronunciar desde aquel del 3 de octubre de 2017. Cuando se dirigió al gobierno de Rajoy para pedirle decisión frente a la amenaza del secesionismo catalán y para tranquilizar a la ciudadanía sobre el peligro de que el país se fraccionara. Aquel fue un discurso extraordinario. Como lo requería la situación provocada por Puigdemont y Junqueras desde la Generalitat y las instituciones catalanas.

Habían transcurrido dos días de la celebración del referéndum ilegal en Cataluña y los ánimos estaban muy encendidos. Los parlamentarios que conspiraron para vulnerar la Constitución y su propio estatuto de autonomía aún no habían firmado la declaración unilateral de independencia. Una declaración que no sería reconocida por ningún organismo internacional y que resultaría anulada por el Tribunal Constitucional. Pero se vivía la trascendencia de aquellos momentos con gran preocupación. La sensación de incertidumbre propia de quienes sentían la orfandad política ante la inacción de los responsables institucionales, perplejos y bloqueados ante la ofensiva rupturista del gobierno de la Generalitat y sus socios, pedía respuestas.

Dependerá de Sánchez que estemos, o no, ante una fractura territorial

Y El Rey puso la turbina en marcha. Durante siete minutos pidió al gobierno de Rajoy que ejerciera su responsabilidad para asegurar el orden constitucional. Acusó a los gobernantes catalanes de haber vulnerado de forma sistemática las normas demostrando “una deslealtad inadmisible” hacia los poderes del Estado. Les reprochó haber quebrantado y socavado la soberanía nacional (“ es derecho de todos los españoles decidir su vida en común”) y dejó una sentencia contundente sobre la mesa: “mientras el país siga siendo una monarquía parlamentaria, no habrá cabida para la fractura territorial”.

Un discurso propio del “primer monarca de la Constitución”, como él se definió el día de su proclamación, que soliviantó a los secesionistas . No solo no se lo perdonaron sino que le exigían que fuera él quien pidiera perdón por no haber defendido a la mitad de la población catalana que se siente independentista.

¿Estamos ahora en la antesala de la fractura territorial? Dependerá del aspirante socialista a presidir el gobierno. De su capacidad de defender la legalidad, de su fortaleza para no ceder en cuestiones tan vitales para la convivencia.

Desde el 2017 se abrió, entre otras, la veda contra la monarquía constitucional. Y debería ser el Gobierno quien defienda su papel como símbolo de la unidad del Estado. ¿Un gobierno de coalición entre socialistas y la extrema izquierda de Podemos cumplirá con esa obligación teniendo en cuenta que Iglesias quiere convocar un referéndum sobre la monarquía? ¿Un gobierno sostenido, entre otros, por independentistas que quieren forzar la desestabilización de España podrá garantizar la fortaleza institucional del país?¿No es una contradicción en sí misma?

No son buenos momentos para la Corona. Ni para la Constitución. El ‘sanchismo’ tiene poco que ver con aquel socialismo con sentido de Estado. Por eso el discurso navideño del Rey deberá seguir siendo en defensa de la Constitución. Es decir, un mensaje en defensa propia.

Este artículo no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Economía Digital y sus accionistas.

Tonia Etxarri

Analista, Economía Digital

Tonia Etxarri ejerce el periodismo entre el País Vasco y Madrid. Corresponsal de El País ( 1980-1989) y jefa de informativos de la SER en Bilbao (1989-1993). Además de en Economía Digital analiza la actualidad en El Correo desde 1996. 

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