Euforia humillante

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante su intervención durante el debate de la sexta prórroga del estado de alarma, el 3 de junio de 2020 en el Congreso | EFE/JJG

Euforia humillante

No estamos para presumir, pero Sánchez lo hace mientras va sumando apoyos a medida que consolida su prepotencia

Pedro Sánchez consiguió la cuadratura del círculo. Ha salido más reforzado en el Congreso en la sexta prórroga del estado de alarma al amarrar al PNV y Ciudadanos, y recuperar a ERC para la abstención. Incluso recibió piropos desde la bancada de EH Bildu. ¿Qué puede salir mal con aliados antagónicos y acuerdos que crujen entre ellos?

Pero qué más le da si se mantiene en la cabina de mando. Al precio que sea. Le sobran colaboradores. ¿Qué más puede pedir en el momento del balance de la peor gestión de la pandemia que ha ubicado a España en los top de las listas negras de Europa? Nada de qué vanagloriarse.

Su tardanza en reaccionar por conveniencia política, el baile de datos, la ocultación de fallecidos, su descontrol en la compra de equipos de protección. El país con mayor número de fallecidos por millón de habitantes y de porcentaje de sanitarios infectados. No estamos para presumir. Pero Sánchez lo hace.

Será porque ha conseguido arrebatar al centroderecha diez escaños, los de Ciudadanos. Sale ganando. Porque necesita tener enfrente al PP para empujarlo hacia Vox, interesado en retroalimentar los bandos que creíamos superados en la Transición. “Señor Casado, señor Abascal” les mencionaba así Sánchez como si fueran un ‘2x1’ mientras lanzaba un “Viva el 8 de marzo” que sonó más a desafío a las investigaciones judiciales que a una reivindicación feminista.

Sánchez dice sentirse satisfecho. Su euforia resultó humillante para tantas familias que han perdido a sus seres queridos en este largo túnel de la pandemia. Una euforia que solo se explica por su sentido de la impunidad. Por la convicción de que las injerencias gubernamentales en la justicia no le van a pasar factura. Que todo le va a salir gratis. Hasta las purgas en la Guardia Civil, porque sus mandos se negaron a revelar el contenido de un informe confidencial ordenado por la juez.

Sabe que sus socios de investidura y aliados de última hornada le van a tolerar los desmanes, aunque los critiquen, con tal de evitar que el centro derecha vuelva a gobernar. Una alternancia hoy por hoy poco factible porque ese bloque, fragmentado y con el desmarque de Ciudadanos, no tiene músculo suficiente para presentar una moción de censura.

A la oposición que no se domestique, ni agua

La oposición es “controladora”. Así la llama Sánchez. Una oposición que le molesta porque habla de “agravios y terrorismo” al referirse a sus pactos con Bildu. Una oposición que cumple con su obligación. Como esos periodistas que, vaya por Dios, les da por preguntar en las conferencias de prensa.

Pero lo que cuenta son las relaciones de fuerza en el Parlamento. Y si los independentistas apoyan a Sánchez es porque saben que un gobierno de centro derecha no sería tan condescendiente con ellos. Por eso le toleran la mentira, aunque se tengan que tapar la nariz para votarle la renovación del estado de alarma. Podrá aprobar los presupuestos.

Fernando Grande-Marlaska miente en sede parlamentaria, Irene Montero en televisión, la ministra de Trabajo no sabe qué decir a tantos trabajadores que aún no han cobrado el ERTE, Pablo Iglesias no se hace responsable de la dejación de su gestión desde el mando único en las residencias de ancianos. Pero nadie dimite.

Sánchez ha sido capaz de mentir hasta con los datos sobre los fallecidos por el coronavirus sin que le salpique el barro. Su obsesión por ocultar que desoyó las recomendaciones de la OMS para poder celebrar el 8M le está llevando a una carrera desenfrenada en la que ha sido capaz de poner de desprestigiar a uno de los pilares fundamentales de la seguridad nacional.

Ahora asume el concepto de “policía patriótica” de Iglesias aunque él ya lleva dos años gobernando. Una maniobra tan burda que hasta la propia ministra Margarita Robles tuvo que salir a defender la imagen de la Guardia Civil alejándola de cualquier riesgo de insubordinación o de golpe de Estado. El daño a la institución se lo había provocado el propio inquilino de la Moncloa. Pero no pasa nada.

Pedro y Pablo van sumando apoyos a medida que consolidan su prepotencia.  A la oposición que no se domestique, ni agua. Ningún interés en que le apoye el PP. ¿Quién utiliza a los muertos? ¿Quiénes los mencionan o quienes los ocultan en las estadísticas?

Tenemos ya muchos problemas económicos y sociales que no se pueden atajar con la chatarra de la propaganda. No se prepara a un país para la próxima pandemia con eslóganes de autosuficiencia.

Este artículo no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Economía Digital y sus accionistas.

Tonia Etxarri

Analista, Economía Digital

Tonia Etxarri ejerce el periodismo entre el País Vasco y Madrid. Corresponsal de El País ( 1980-1989) y jefa de informativos de la SER en Bilbao (1989-1993). Además de en Economía Digital analiza la actualidad en El Correo desde 1996. 

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