Alianzas explosivas

El portavoz del PNV, Aitor Esteban, conversa con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante el pleno para autorizar la cuarta prórroga del estado de alarma, el 6 de mayo de 2020 | EFE/JJG

Alianzas explosivas

Sánchez ha sido capaz de contar con los nacionalistas del PNV y los jacobinos de Ciudadanos. El tiempo dirá si estas alianzas tienen fecha de caducidad

Con miedo y cálculos políticos, en plena disyuntiva entre la salud y la libertad, con los intereses electorales del PNV y la necesidad de visibilidad de Ciudadanos, Pedro Sánchez ya tiene la cuarta prórroga del estado de alarma.

Salvó su papeleta en el Congreso a pesar de su debilidad. Desde que empezó el confinamiento forzoso de la población el presidente del Gobierno ha ido perdiendo apoyos. Consiguió su primera prórroga sin ningún voto en contra. Conviene recordarlo. Y en la cuarta, ha obtenido 75 votos negativos y 97 abstenciones.

Ciudadanos y el PNV le han ayudado a maquillar su soledad pero, desde esta semana, su posición es más frágil. Aunque hayan cambiado las alianzas de la moción de censura (sale ERC, entra Ciudadanos), aunque se haya fragmentado el voto de la derecha que tantos réditos electorales suele darle, sigue beneficiándose del poder excepcional del estado de alarma gracias a partidos que ignora y gracias al Congreso con el que no cuenta para nada más que para utilizar sus votos.

Pero Sánchez sabe que hay fecha de caducidad y que, dentro de 15 días, tendrá que ir soltando amarras. El PP, con su abstención, no buscaba hacer decaer el estado de alarma. Tampoco tumbar al Gobierno. Entre otras cosas porque Pablo Casado sabe que no tiene suficientes apoyos para sacar adelante una moción de censura.

Por eso, el líder del PP venció las presiones internas y externas (a favor del sí y del no) para abstenerse. Quiso escenificar su rechazo a la pésima gestión del Gobierno de Sánchez. Un toque de atención.

Y consiguió que Sánchez anunciara (cuando ya casi se rozaba el saldo de 26.000 muertos) que en breve declarará una jornada de luto oficial en homenaje a las víctimas de la pandemia, aunque al final la concesión de desvincular los ERTE del estado de alarma fue el fruto de la negociación de Sánchez con Ciudadanos.

Ciudadanos necesitaba ganar visibilidad

Puede ser que el papel de Casado quedara difuminado con las nuevas alianzas explosivas de Sánchez. No arriesgó. Su discurso fue, en realidad, la disertación del "no" pero con un voto de abstención. También estuvo muy crítica Inés Arrimadas pero optó por el voto afirmativo. Cálculos.

Casado no quiso arriesgarse a que se le culpe (y conoce bien y ha padecido la maquinaria de propaganda del PSOE) de las consecuencias de próximos contagios. Y Ciudadanos (cuyo futuro electoral se va disipando en las encuestas) necesitaba ganar visibilidad.

Si Arrimadas insistía en explicar que su voto afirmativo no era de investidura fue porque su cambio de posición había provocado una fuerte crisis interna que derivó en un goteo de bajas protagonizado por Juan Carlos Girauta y Carina Mejías. El temor a que Ciudadanos se quede en tierra de nadie y acabe fagocitado por el PSOE planea sobre el partido centrista.

Sánchez ha sido capaz de contar con los nacionalistas del PNV y los jacobinos de Cs, una mezcla explosiva. El tiempo dirá si estas alianzas tienen fecha de caducidad. Pablo Iglesias intentará cortocircuitar cualquier entente estable entre Moncloa y Cs. Pero existen otros intereses comunes entre el PSOE y Cs en algunos poderes locales que podrían mantener la línea entre Sánchez y Arrimadas más allá del estado de alarma.

Al PNV tampoco le resulta cómodo coincidir con un partido tan beligerante con el Cupo, que en la próxima campaña electoral vasca irá, por cierto, de la mano del PP en coalición. Pero el partido del lehendakari Íñigo Urkullu, a diferencia de Sánchez, tiene un doble plan: la recuperación de las competencias perdidas con el mando único y las elecciones autonómicas en julio.

Por eso al PNV le interesa que el estado de alarma acabe cuanto antes. Han pactado garantizar el funcionamiento de unas elecciones autonómicas. Pero parece un contrasentido ir a las urnas si prevalece el estado de alarma, aunque sea jurídicamente compatible con el ejercicio del derecho a votar.

Hay otras alternativas al estado de alarma; las leyes de salud pública, por ejemplo. Éstas dan margen al Gobierno sin necesidad de que esté confinada toda la población. Con ese marco seguiríamos protegidos pero más libres. Sánchez tendrá que dejar ya de utilizar el estado de alarma.

Este artículo no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Economía Digital y sus accionistas.

Tonia Etxarri

Analista, Economía Digital

Tonia Etxarri ejerce el periodismo entre el País Vasco y Madrid. Corresponsal de El País ( 1980-1989) y jefa de informativos de la SER en Bilbao (1989-1993). Además de en Economía Digital analiza la actualidad en El Correo desde 1996. 

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