De la pregunta del CIS a la mentalidad de Iglesias

El vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, en la primera sesión de control al Ejecutivo en el Congreso, el 15 de abril de 2020 | EFE/Ballesteros

De la pregunta del CIS a la mentalidad de Iglesias

Hay razones para dudar de que la pregunta del CIS sobre la libertad de información no tenga una clara intencionalidad política

El día de los atentados en las Torres Gemelas de Manhattan, Jo Moore, a la sazón asesora en el Ministerio de Transporte británico, circuló un memorándum en el que sugería que era un buen día para enterrar noticias incómodas.

Parece que en la Moncloa se llegó a la misma conclusión, pero aprovechando la psicosis colectiva fruto de la pandemia para publicar las respuestas favorables a la posibilidad de ejercer un control centralizado de las noticias.

En un país que nos ha dado glorias como los “vivan las cadenas”, “lejos de nosotros la funesta manía de pensar”, y “que inventen ellos”, los resultados abrumadoramente partidarios de perder derechos no son del todo sorprendentes.

En un magnífico ejemplo de la falacia de los sorites, el presidente del CIS, José Félix Tezanos, nos quiere hacer creer que es posible trazar una línea precisa entre cuando la información deja de serlo para convertirse en censura, igual que el sofista sostenía que quitar un grano de arena a una pila no hace que está deje de serlo; una diferencia insignificante que no altera el todo.

Gracias a la vanilocuencia de algunos miembros del consejo de ministros, tenemos razones fundadas para dudar de que tanto la formulación de la pregunta, como el momento elegido para su población por el CIS, no tengan una clara intencionalidad política.

Pablo Iglesias nunca se ha esforzado por disimular su obsesión por el control de los medios de comunicación, que ha quedado plasmada lapidariamente en jaculatorias orwellianas del tipo “debemos controlar por lo menos uno de los informativos, queremos por lo menos un programa al día y queremos otro tipo de películas, porque eso es gestionar el poder” y “¿Por qué no va a existir una regulación que garantice la libertad de prensa en el mejor sentido del término, sin condicionantes de empresas privadas o de la voluntad de partidos políticos?”.

El control de los medios de masa es la piedra angular de la estrategia de Iglesias

Lo interesante de la pregunta que le han pedido a Tezanos que hiciese a los encuestados es que confirma la mentalidad del clan de Iglesias, forjado en los tiempos de “La Promotora”, la célula activista, germen de Podemos, que surgió en la Facultad de Ciencia Políticas de la Universidad Complutense de Madrid.

Y es de interés por cuanto que las premisas que articulan el pensamiento de este grupo epistocrático tienen características diferenciales, que hacen que las motivaciones de su acción política, CIS incluido, se salgan del manual de la política española al uso y transciendan el ámbito de la mera propaganda.

Para empezar, porque el núcleo del corpus ideológico que emergió de “La Promotora” no tiene por único objeto ganar las elecciones, sino la aplicación de un conjunto de teorías post-estructuralistas en las que lo fundamental es llevar a cabo una comunicación política transformadora, llevando a cabo la construcción de la realidad política por medio del relato.

Este enfoque constructivista se basa en la creencia de que es el relato el que crea a los actores políticos y es la calidad performativa del discurso lo que conduce a la hegemonía política, modulando significantes y significados. En este sentido, el ideario de Podemos es un pastiche con elementos de Gramsci, Laclau y Mouffe, pero también de Saussure, Derrida y Butler.

La argamasa que aglutina este conjunto de pensadores es el control de la narrativa, esto es, de los medios de comunicación pública. Bajo este paradigma, la política es un juego discursivo que opera en un mundo en el que no existe la realidad objetiva, por lo que la transformación social es consecuencia de constructos que crean las identidades del sujeto político a partir de relaciones diferenciales, agonistas.

Bajo este planteamiento, el conflicto político no se evita, sino que se induce, porque la premisa clave es que la hegemonía es un juego de suma cero; el ganador se lo lleva todo.

Sería un error no tomarse en serio la publicación de la pregunta del CIS sobre la libertad de información

De ahí que el control de los medios de masa sea la piedra angular de la estrategia de Iglesias y sus acólitos pase indefectiblemente por disponer de las herramientas que les permitan el ejercicio de la performatividad, esto es, la práctica de un discurso reiterativo y referencial, que se lleva a cabo con persistencia, hasta que produzca los efectos –entendidos éstos como vectores de poder– que enuncia.

La pulsión de Podemos por intervenir el control de los flujos informativos se entiende mejor recordando su voluntad de “ocupar el centro del tablero”, es decir, dominar una posición desde la que reordenar y redefinir los confines políticos, exactamente en la línea de la dialéctica amigo-enemigo; relaciones de poder y antagonismo de Carl Schmitt; que los de “La Promotora” reinterpretaron vía Chantal Mouffe.

En síntesis, la formulación y publicación de la pregunta del CIS, en medio de una crisis sanitaria sin precedentes en tiempos modernos, ha sido un globo sonda del clan Iglesias para tomarle la temperatura a la opinión pública acerca de la posibilidad de usar el estado de alarma para hacer una prueba piloto de manipulación informativa. Sería un error no tomárselo en serio.

Este artículo no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Economía Digital y sus accionistas.

Santiago Mondéjar

Analista, Economía Digital

Santiago Mondéjar cultiva una visión pragmática de la actualidad. Y la transmite con prosa directa, sin adornos. Es estratega empresarial, reconocido por mejorar los negocios en términos de operaciones, rentabilidad, gestión y crecimiento.

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