Leyendo a Chomsky y a Herman

17 de julio de 2014 (18:10 CET)

He tenido ocasión de poder leer Los guardianes de la libertad, libro escrito por Noam Chomsky y Edward S. Herman, en la década de los ’80.

Chomsky y Herman, dos eruditos de la lingüística, la economía y la política, revelan cómo se fabrica la verdad oficial y qué se esconde detrás de la cara visible de los medios de comunicación. Ello lo logran a través del denominado “modelo de propaganda”, que no es otra cosa que el conjunto de “filtros” por los que las noticias deben pasar para ver la luz y que son reveladores de la desigualdad de riqueza y del poder en los medios de comunicación.

El prefacio del libro se inicia con la siguiente tesis:

“Según el postulado democrático los medios de comunicación son independientes y tienen la obligación de descubrir la verdad e informar de ella, y no reflejar pura y simplemente la percepción del mundo que desearían los grupos de poder. Los responsables de los medios de comunicación afirman que su forma de seleccionar noticias se basa en criterios objetivos e imparciales y que para ello cuentan con el apoyo de la comunidad intelectual”
.

Pues bien, el modelo de propaganda de Chomsky y Herman refuta por completo esta proposición. Veamos cuáles son los filtros por los que una noticia pasa antes de su publicación:

Primer filtro: magnitud, propiedad y orientación de los beneficios de los medios de comunicación

La mayoría de las grandes empresas de medios de comunicación, afirman Chomsky y Herman, participan activamente en el mercado y se hallan dirigidas por accionistas, directores o banqueros; sufriendo constantemente grandes presiones para focalizarse en cuestiones de escasa relevancia o poco comprometidas.

De hecho, quienes capitalizan los medios de comunicación tienen la facultad de poder incrementar los niveles de audiencia y los ingresos publicitarios; llegando a obtener grandes riquezas. Este hecho capta la atención de muchos inversores, fomentando así la especulación y consiguiendo que los medios de comunicación pasen de la propiedad familiar a ser controlados por grandes corporaciones.

Este fenómeno se consigue gracias a la también ayuda proporcionada por los gobiernos, eliminando trabas y derogando las normas que limitan la concentración de los medios, la propiedad cruzada y el control por parte de compañías ajenas a los mismos, tal y como manifiesta Herber H. Howard en referencia a las políticas de la administración Reagan.

Ejecutivos empresariales, bancarios jubilados, abogados y banqueros son los que conforman el grueso de los directores foráneos de los medios de comunicación. Paradójicamente, esta élite privada es dependiente del Gobierno pues requieren de autorizaciones y concesiones, de modo que, en última instancia, están sometidas al control y disciplina del Gobierno.

Segundo filtro: para hacer negocios se necesita el beneplácito de la publicidad

Podemos sostener que las elecciones de los anunciantes son las que influyen en la prosperidad y la supervivencia de los medios. La publicidad comenzó a introducirse en el siglo XIX con el auge de los postulados del libre mercado.

La intromisión de la publicidad en los medios conlleva que un periódico que no cuente con ingresos provenientes de la misma no puede permitirse un precio por ejemplar muy por debajo de los costes de producción, pues debe cubrir con todos sus costes.

Es por ello que, desde entonces, los medios de comunicación de la clase obrera o los medios radicales se han visto debilitados y en una clara desventaja pues, en los primeros, sus lectores o público acostumbran a ser personas de estratos sociales más bajos, factor claramente condicionante en el momento de decisión de los anunciantes y, en los segundos, pocos anunciantes querrán patrocinar programas que puedan comprometerles o sean perjudiciales para sus intereses.

Esto demuestra que la audiencia mantiene un vínculo muy estrecho con la publicidad, pues si la primera es mayor, el número de anunciantes aumenta. Al final, manifiestan Chomsky y Herman, son los anunciantes los que acaban comprando los programas y promocionando aquello que les interesa, limitando la función de los medios al mero mantenimiento del flujo de audiencia.

El tercer filtro: el suministro de noticias a los medios de comunicación

Los medios de comunicación de masas están inmersos en una relación simbiótica con las fuentes de información del establishment (locución de la clase dirigente, del sistema), tanto por necesidad económica como por reprocidad de intereses.

Por necesidad económica porque, en primer lugar, deben dar cobertura a todas las noticias que suceden y, muchos de ellos no pueden permitirse el lujo de tener tantos periodistas como sucesos que acontecen. En segundo lugar, porque estas fuentes se presentan como “oficiales” y proveedoras objetivas de noticias, característica que proporciona un importante feedback a los medios para protegerse de eventuales críticas por presuntas imparcialidades o por difamaciones.

Recíprocamente, las fuentes de información aprovechan la dependencia de los medios para gestionarlos de forma indirecta y manipularlos para que sigan un orden del día y un esquema específico; proporcionándoles la información que les conviene y siguiendo la línea que ellos determinan.

No obstante, las fuentes no oficiales pueden actuar como obstáculo y proporcionar puntos de vista diferentes con gran autoridad. Aún así, para mitigar este problema las fuentes oficiales suelen usar captación de los expertos, como define Bruce Owen y Ronald Braeutigam, es decir, colocaciones en nóminas, financiación, ayuda en la difusión de mensajes, entre otros.

El cuarto filtro: el “con el mazo dando de los reforzadores de opinión

Explican los autores que la expresión “con el mazo dando” alude a les respuestas negativas, es decir, al intento de “dar caña” a declaraciones o programas de los medios de comunicación que pueden adoptar la forma de cartas, llamadas telefónicas, instancias, pleitos, discursos e interpelaciones al Congreso, entre otros mecanismos.

Suelen ser acciones conjuntas o individuales que, de producirse a gran escala o por personas que dispongan de importantes recursos, pueden resultar incómodas y costosas para los medios de comunicación, que deberán defender su posición dentro y fuera de la organización o incluso ante los tribunales. Ello puede provocar que los anunciantes retiren su patrocino. Generalmente, la capacidad para producir respuestas críticas, especialmente costosas y amenazantes, está vinculada al poder.

El quinto filtro: el anticomunismo como mecanismo de control

El temido comunismo es la pesadilla de los propietarios, pues amenaza los cementos de las élites, así como de su status superior. Frente a él, el apoyo al fascismo queda totalmente justificado. Así pues, el mecanismo de control anticomunista llega, a través del sistema, mediante el ejercicio de una profunda influencia en los medios de comunicación. En el caso de EEUU, si los liberales de los ’80 hubieran permitido que el comunismo triunfase en las provincias en las que ostentaban el poder, los costes políticos habrían sido excelsos.

Efectivamente, el modelo de propaganda no es sólo aplicable a la década de los ’80, sino que, sustituyendo el anticomunismo del quinto filtro por la ideología contraria predominante en el momento, el modelo encaja perfectamente en la actualidad.

Algunas noticias, a nivel nacional, como el accidente de metro de Valencia en 2006, las acontecidas “Marchas de la Dignidad” 22M, que fueron ninguneadas y pasaron completamente desapercibidas por los medios de comunicación o si fueron sacadas a la luz se hizo de forma distorsionada o los atentados del 11M en que, en primera instancia, las fuentes oficiales culparon a ETA de los mismos, son claros ejemplos de la aplicación del modelo de propaganda.

O bien, en un plano internacional, el conflicto palestino-israelí demuestra cómo los filtros del modelo han sido aplicados debido a la falta de conexión entre las noticias y la imposibilidad de conocer, por ejemplo, qué roles ejercen instituciones internacionales como la ONU o cuáles son los antecedentes del conflicto.

Así pues, parece ser que sólo nos queda aceptar la parcialidad de los medios de comunicación como algo inherente a los mismos o confiar que algún día el establishment sea controlado por individuos que aboguen por la objetividad y la eliminación del modelo de propaganda, aunque, a mi entender, éste jamás podrá ser suprimido en su totalidad.
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