Qué deprisa envejece lo nuevo

El líder de Podemos y vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias / Podemos

Qué deprisa envejece lo nuevo

El libro del expresidente del Senado Manuel Cruz se sumerge en la política para combatir cascaras vacías del discurso y el falsacionismo metodológico

Cuando algo no funciona, conviene preguntar qué ocurre, por qué ocurre  y cómo enderezar la situación. Urge reflexionar. Eso ensaya Manuel Cruz –catedrático de Filosofía contemporánea en la Universidad de Barcelona, diputado y senador del PSOE y Presidente del Senado en la XIIIª  legislatura- en un libro que da cuenta y razón de lo vivido en las Cortes Generales.

Libro que es más de lo que parece –nada de los dimes y diretes de la política española que reflejan algunas Memorias: de eso no va el libro- y deviene una guía para reflexionar y entender lo acaecido en la España política de la última década. Un trabajo sobre el arte de razonar y argumentar.

Un ejemplo de la tarea del filósofo –entre Rudolf Carnap y Karl Popper con toques de Manuel Sacristán- aplicada a la política. A saber: claves de interpretación del presente, análisis riguroso del lenguaje, crítica de las cascaras vacías del discurso, falsacionismo metodológico, el matiz que no cesa, la descalificación argumentada de los “usos perversos y torcidos de la razón” que conducen al fanatismo. 

Un transeúnte de la política

Conviene reparar en el título del ensayo: Transeúnte de la política (2020). Expresión utilizada por Ortega y Gasset para autodefinirse como diputado por León en las Cortes republicanas. A la manera de Ortega, Manuel Cruz nos recuerda que “transeúnte” es también una actitud vital, una manera de habitar el mundo que consiste en observar y preguntar. Y, recibida la respuesta, volver a preguntar cuantas veces sea necesario.

Ahí tienen ustedes la labor del filósofo que está de paso en la vida y se asombra de todo, porque el “gusto por la reflexión nunca abandona a aquel al que en algún momento sus maestros y los dioses le inocularon el veneno del pensamiento”. O sea: “mirada libre y reflexiva… parase a meditar y mostrar lo pensado para poner a prueba su alcance… someter a reflexión y eventual crítica aquello que ocurre… escuchar los argumentos de unos y otros”. 

Mucha teoría, dirán algunos. Cosa de filósofos, dirán otros. No es eso, no es eso. Y es que nuestro transeúnte pone en evidencia “la gran impugnación” que ha sufrido y resistido el orden político y la democracia en España. ¿El sujeto agente? Podemos y la crisis catalana.  

A cuestionar y desenmascarar esos movimientos tóxicos se dedica buena parte de un libro que pone también a nuestra disposición el dietario del Manuel Cruz presidente del Senado. De la teoría a la práctica, conviene señalar –sintéticamente, recurriendo a sus ideas y palabras- el resultado del arte de razonar y argumentar del autor frente a la gran impugnación.  

Pablo Iglesias y Ada Colau

  1. Quien pretende protagonizar la nueva era y ser la personificación del futuro, se mueve entre la impostura y el postureo.
  2. Quien anuncia la llegada de una nueva manera de hacer política, convierte el Congreso en un escenario donde escenificar sus performances  con el único objetivo de ser visto. Del eslogan “un pie en las instituciones y mil en la calle” a “un pie en las instituciones y otro en los platós de televisión.” La televisión como fin y no como medio.
  3. Quien celebra el final anticipado del bipartidismo gracias a la nueva política, no tiene otra intención que la de okupar su lugar para proseguir con la vieja política. 
  4. Quien se proyecta y publicita con sus nuevos principios y su rebeldía, acredita su coherencia –de elección en elección- cambiando de ideas –sin justificación- a la manera de Marx. De Groucho, claro está.
  5. Quien después de una notable inversión inmobiliaria personal, y de preguntar a las bases si la operación de compra es idónea para permanecer en su cargo, externaliza la responsabilidad  de su decisión a quienes participan en la consulta
  6. Quien gesticula contra la monarquía, en favor de la república, utiliza unos argumentos –estabilidad y continuidad del Estado- que se revuelven contra la república. 
  7. Quien gobierna una ciudad –turno de Ada Colau-, y habla mucho de política nacional y poco de política municipal, sigue ocultando el secreto mejor guardado: ¿cuál es su proyecto de ciudad?
  8. Quien –sigue el turno de Ada Colau y los Comunes- se declara no independentista, y vota Sí-Sí en la jornada participativa pro independencia del 9-N de 2014 -fonambulismo de primer orden-, plantea un dilema: ¿ambigüedad o contradicción? A tenor de la contundencia manifestada en cada ocasión –muchas- se impone la segunda hipótesis. Pero, lo que importa es lo que oculta: la ciudad puesta al servicio de sus intereses, una estación de paso a más altos destinos.  

“Qué deprisa envejece lo nuevo”, concluye Manuel Cruz. Veamos, ¿dónde está el secreto? Respuesta: las “contraindicaciones de nacer viejos”.

Artur Mas, Carles Puigdemont, Joaquim Torra y la fiel infantería

  1. Quienes aseguran que el procés ha surgido espontáneamente de la base –puro fariseísmo: ¿quién paralizó súbitamente las movilizaciones o los CDR cuando convenía?-, no han hecho otra cosa que aturdir y excitar a la ciudadanía –la estrategia de la sentimentalización  aderezada con dosis de épica de todo a cien- para que saliera a la calle, porque con España no hay nada que hacer.
  2. Quienes han calentado y recalentado constantemente el ambiente –la movilización permanente-, no lo han hecho en pro de la causa, sino en pro de los réditos electorales que ello comporta.
  3. Quienes afirman que el procés y la independencia son el resultado inevitable del devenir de la historia y de los derechos y deseos de los catalanes, han contado con la inmunidad e impunidad que brinda una idea instrumental que –epistemológicamente o científicamente hablando- no admite refutación.
  4. Quienes reclaman derechos –“derecho a decidir” o “derecho de autodeterminación”- nunca los argumentan. “No nos pondremos de acuerdo”, dicen.  
  5. Quienes se quejan del trato recibido –el secesionismo es maestro en el arte de sentirse ofendido y proclamarse víctima por definición-, consideran irrelevante cualquier comportamiento propio por grave que sea. Suelen argüir que su comportamiento inapropiado o agresivo es una reacción frente a algo o alguien que se lo merece.
  6. Quienes aseguran que no nos entienden –España, por ejemplo-, o que “nos reprimen por nuestras ideas”, deberían saber que, como mínimo, el insulto –ladrón y asesino- y la transgresión sistemática de la ley son una grosería. Así no se hacen amigos.  
  7. Quienes dicen que la fractura de la sociedad catalana es una consecuencia no deseada del procés, disimulan el afán de romper en dos a dicha sociedad en beneficio de una confrontación con el Estado que favorecería –creen- el proceso secesionista. De ahí, la dificultad -¡traidor!- de lograr acuerdos.
  8. Quienes prometían y prometen –mentiras y engaños- la independencia al alcance de la mano –también, quienes se lo han creído-, han demostrado vivir –sin asumir sus responsabilidades- en el país de la ilusión.

Y todo ello, ¿por qué? Concluye Manuel Cruz: “… falta de disposición por parte de muchos catalanes de tomar en consideración argumentos y datos que vengan a cuestionar sus convencimientos propios… consignismo desatado, esloganismo insustancial… estar en manos del títere útil de un adorno inútil”.

Juan Belmonte

Hay una anécdota que une a Podemos y el independentismo catalán. La cuenta Manuel Cruz en los siguientes términos:

“`Don Juan, ¿es verdad que este gobernador ha sido banderillero suyo?' La escueta respuesta afirmativa del torero, lejos de saciar la curiosidad del amigo, le generó una perplejidad suplementaria: `Don Juan, ¿y cómo se puede llegar de banderillero de Belmonte a gobernador?´, repreguntó. A lo que don Juan respondió con la frase que se ha hecho célebre: `¿Cómo va a ser? Degenerando.´”

Este artículo no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Economía Digital y sus accionistas.

Miquel Porta Perales

Analista, Economía Digital

El nuevo libro de Miquel Porta Perales, Sumisión en la granja (ED Libros, 2019), logra el respaldo de la crítica por sus "frases cortantes, puyas, agitación..." (La Vanguardia). Y es que cuando “el pensamiento crítico zozobra, conviene recobrar fuerzas con Porta Perales” (ABC)

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