Manuel Castells en los salones del PSOE y el chalet de Podemos

Manuel Castells, ministro de Universidades. EFE

Manuel Castells en los salones del PSOE y el chalet de Podemos

El sociólogo Manuel Castells, ministro de Universidades, vaticinó en nacimiento de Podemos como fruto de un descontento social pero también su degeneración

En el segundo volumen de La era de la información (1997), Manuel Castells –ministro de Universidades y sociólogo internacionalmente reconocido– no descartaba que “en el futuro, pueda desarrollarse un movimiento de izquierda a favor del estado de bienestar y del gobierno en ambos países [habla de Estados Unidos y México], pero tendría que prosperar fuera de los salones de la clase política, debido precisamente a su crisis de legitimidad”. 

La esperanza

De una u otra manera, con catorce años de antelación, anticipa lo que en 2011 se conocerá como Movimiento 15-M o Movimiento de los Indignados del cual surgirá Podemos (2014). Con posterioridad a la fecha de publicación del libro citado, Manuel Castells hablará del tema con especial atención a lo que entonces denominaba los “salones de la clase política” y el “movimiento de izquierda”. Detengámonos –con cierto detalle: el discurso se lo merece- en dos de sus artículos: Comunistas (21/5/2016) y El futuro de Podemos (30/7/2016).

¿Quién habita –según el autor- estos salones y habría entrado en una “crisis de legitimidad”? ¿Qué “movimiento de izquierda” se presenta como alternativa? Dos preguntas y dos respuestas. Vayamos por partes.

1. Rotundo, Manuel Castells: “Empezó la deriva neoliberal de los partidos socialistas europeos (…) El PSOE se ha debatido desde mediados de los ochenta entre defender su base social y el Estado de bienestar y satisfacer los requerimientos del sistema financiero y de una Comisión Europea (…) Pudo mantener su cuota de poder porque había poco a su izquierda y los sindicatos se mantuvieron a la defensiva.”

2. Rotundo, Manuel Castells: “Pero el 15-M acabó con todo eso [con la cuota de poder del PSOE] (…) Las nuevas generaciones se enfrentaron a un capitalismo salvaje, cada vez más voraz e ineficiente, y no encontraron en el PSOE un defensor, sino un colaborador de la banca y además casi tan corrupto como la derecha. Se acabó el privilegio histórico de haber sido el gran partido de la izquierda. Es ley de vida. Lo que ya no cumple su función muere más o menos lentamente.” 

Corolario: “La indignación y la esperanza que surgieron del 15-M abrieron las mentes de millones de personas a la posibilidad de cambio real (…) Reconocer el coraje de un pequeño grupo de mujeres y hombres (…) El ejemplo de Podemos ha tenido repercusión en la esperanza de los jóvenes en Europa y Latinoamérica.”

La decepción

Pero llegó la decepción. Podemos “no superó su ambigüedad entre ser una palanca de cambio profundo sin complejos o constituirse en una nueva izquierda del sistema para llegar al gobierno (…) Antes de llegar al gobierno con voz propia necesitan construir hegemonía en la sociedad. Y eso nunca se ha hecho adaptándose a lo que hay o sino abriendo las mentes a lo que puede haber.”

Rotundo, Manuel Castells: “Podemos tiene que elegir entre alianzas parlamentarias para alcanzar cuotas limitadas de poder subordinado o la utilización democrática de las instituciones en representación de una sociedad movilizada contra un sistema injusto. Oscilar entre las dos estrategias conduciría a su desintegración. El futuro de Podemos está inscrito en su pasado como expresión política autónoma del movimiento social.”  

La casta

Manuel Castells no solo ha anticipado el nacimiento de un nuevo movimiento de izquierda genuino, sino también su degeneración como tal. Hoy, Podemos es el colaborador necesario –¿el tonto útil?– del gobierno de coalición que forman PSOE y Unidas Podemos. Un gobierno que, sí o sí, acabará cumpliendo las recomendaciones –forzosas– de la Unión Europea. Es decir, del Sistema.  

Si es cierto que Podemos impulsa medidas de izquierda –pongamos por caso el aumento del salario mínimo, la renta básica garantizada, el aumento de impuestos, la congelación de los alquileres o el Estado plurinacional-; si eso es cierto, también lo es que Pablo Iglesias se ha convertido de facto y de iure en conmilitón de un Pedro Sánchez cuyo único objetivo es la conservación del poder a cualquier precio.

En otros términos, Podemos –cuyo objetivo es igualmente la conservación del poder a cualquier precio: o eso o la nada, como detectan las elecciones y las encuestas– no es sino –lo repito– el colaborador necesario para que el PSOE –a pesar de los guiños de Pedro Sánchez– insista y persista en su afán, por decirlo a la manera de Manuel Castells, de “satisfacer los requerimientos del sistema financiero y la  Comisión Europea.” Una cuestión de supervivencia mutua.

¿Qué hace Manuel Castells en los aburguesados salones del PSOE y el chalet kitsch de Podemos? Probablemente, se pregunte ¿qué he teorizado yo para merecer esto?

A tenor de la realidad –el autoritarismo y soberbia  de Podemos, la práctica de la difamación, la vocación dinástica de la cúpula, la conexión con el secesionismo, el flirteo con Bildu  o la “mera hipótesis” que se baraja–, quizá Manuel Castells se  pregunte también dónde está la transparencia, regeneración y ejemplaridad de un Podemos que ya forma parte de la peor izquierda del Sistema. Esa profesionalización de la casta política que Manuel Castells aborrece.

Quo vadis, Ministro  

Difícil, la posición política e intelectual de Manuel Castells. ¿Qué decir ante el desviacionismo pequeñoburgués –añadan populismo, demagogia e impstura– de sus pupilos podemitas? Y, visto lo visto, ¿cómo continuar con la pesada carga que supone formar parte de un gobierno –nada menos que Ministro– socialdemócrata que ya “no cumple su función”? ¿Abandonará esos “salones –o chalets– de la clase política” que critica?

Este artículo no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Economía Digital y sus accionistas.

Miquel Porta Perales

Analista, Economía Digital

El nuevo libro de Miquel Porta Perales, Sumisión en la granja (ED Libros, 2019), logra el respaldo de la crítica por sus "frases cortantes, puyas, agitación..." (La Vanguardia). Y es que cuando “el pensamiento crítico zozobra, conviene recobrar fuerzas con Porta Perales” (ABC)

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