La politización de la pandemia en Estados Unidos y España

Pedro Sánchez saluda a Donald Trump en la cumbre de la OTAN, en 2018 | EFE/Archivo

La politización de la pandemia en Estados Unidos y España

¿Alguien ha convertido la pandemia del coronavirus en una ideología que justifique y legitime el poder? Afirmativo

A finales del XVIII, el materialismo francés –Destutt de Tracy, Condillac o Helvétius– acuñó el término “ideología” para referirse a la “ciencia de las ideas” cuyo objeto de estudio eran las sensaciones del ser humano. Destutt de Tracy –padre de los denominados “ideólogos”– consideraba que toda idea podía reducirse a una sensación (Eléments d´Idéologie, 1801).

La teoría de la ideología cuajó de tal manera que el mismo Napoleón la usaba para descalificar –“ustedes son unos ideólogos”, decía– a sus adversarios políticos. Ideólogo, en la época napoleónica: charlatán.

Finalmente, Karl Marx y Friedrich Engels (La ideología alemana, 1845) precisaron el término: la ideología es un sistema de representaciones –imágenes, mitos, conceptos o ideas– que juega un papel determinante en momentos puntuales o en períodos de la historia.

La ideología como atmósfera –lean también sensaciones– o instrumento que favorece determinados intereses políticos o sociales. Ejemplo: el sistema capitalista –sostenían Karl Marx y Friedrich Engels– necesita y genera una ideología –ideas y representaciones políticas, filosóficas, jurídicas, morales o estéticas– que lo justifique y legitime.

Al respecto, la pandemia de la Covid-19 invita a plantear la siguiente cuestión: ¿alguien ha convertido el coronavirus en una ideología –la ha politizado– que justifique y legitime el poder? Afirmativo. Dos ejemplos: Estados Unidos y España.

A la manera de Karl Marx

1. Donald Trump ideologiza el coronavirus convirtiéndolo en un sistema de representación en los siguientes términos: no debemos sobrevalorarlo, no podemos distraernos con una pandemia que nos aleja de nuestros intereses, hay cuestiones y preocupaciones más importantes como la economía o el desafío chino, y usted –adulto– no se deje engañar por la propaganda y sea consciente de que puede cuidar de sí mismo. Vóteme.

2. Joe Biden ideologiza el coronavirus convirtiéndolo en un sistema de representación en los siguientes términos: el virus está entre nosotros, no hay que relativizarlo, la pandemia es nuestra prioridad, no se deje engañar por quien niega el coronavirus para ocultar su negligente y pésima gestión del mismo, póngase la mascarilla, lávese las manos, guarde la distancia reglamentaria, y no olvide que quiero gobernar para protegerle. Vóteme.

A la manera de Napoleón

1. Trump tilda de charlatán tramposo al ideólogo Biden con los siguientes argumentos: el candidato demócrata utiliza el coronavirus para olvidarse de la economía y el desafío chino, y como excusa para implementar unas medidas que restringirán la libertad individual y de empresa hasta el extremo de limitar o detener la producción en nombre de la lucha contra virus: eso es el socialismo, desempleo y miseria. Y más impuestos. No te rindas y no le votes.

2. Biden tilda de charlatán tramposo al ideólogo Trump con los siguientes argumentos: el candidato republicano relativiza el coronavirus –así encubre la nula política anticontaminación y antirracista de su funesto mandato– para que las empresas nacionales y multinacionales sigan atesorando beneficios en detrimento de la salud ciudadana. No te rindas y no le votes.

Uno y otro necesitan justificar y legitimar su candidatura así como la presidencia. Por eso, se ideologiza una pandemia y se polariza un país. Una polarización que empezó durante los mandatos de Bill Clinton y culmina con un Trump que deja como herencia un Estado deshilachado que habrá que recomponer.

En España, la ideologización de la pandemia obedece a la coyuntura e intereses en juego

El populismo raso y abrupto de Trump contra el populismo decolorado y sin programa definido de Biden. Como aseguraba Destutt de Tracy hace más de doscientos años, la idea –la ideología– se reduce a una sensación. Esa emoción producida en el ánimo por las palabras y los sucesos.

Ítem más: un Biden ganador con el mayor número de votos de la historia y un Trump perdedor también con el mayor número de votos de la historia. Y si el primero domina la Cámara de Representantes, el segundo puede dominar el Senado. O sea, bloqueo político.

A lo que hay que añadir –polarización– que si el demócrata recibe el apoyo del progresismo conservador y el establishment, el republicano recoge una  parte importante de trabajadores, mujeres, latinos, asiáticos y afroamericanos. Estados Unidos no es solo Nueva York y California. Y en Estados Unidos no solo se publica el The New York Times y el The Washington Post.

¿Qué cambios? Más allá del talante, el estilo y la sensatez de Joe Biden, ¿variarán las prioridades de Estados Unidos en materia de economía –reducción del déficit comercial, aranceles y confrontación con China– y política internacional?

En España, también

En España –una realidad y coyuntura distintas a la estadounidense: a diferencia de Estados Unidos, en España no hay una elección presidencial a la vista–, la ideologización de la pandemia, así como su crítica, obedece a la coyuntura e intereses en juego.

1. El sociopopulismo gobernante construye la imagen –es decir, ideologiza a la manera de la teoría marxista que habla de representaciones legitimadoras– de una pandemia que se expande por culpa de una derecha egoísta y obstruccionista que le niega un estado de alarma a largo plazo que considera necesaria para combatir la epidemia de coronavirus.

2. La derecha liberal del PP o Ciudadanos, así como el trumpismo de Vox, juegan el papel de Napoleón: ustedes son unos charlatanes tramposos que eluden toda responsabilidad, rehúyen su obligación escudándose en la cogobernanza –Pedro Sánchez nunca es culpable: el arte de socializar la incompetencia– y, por si fuera poco, no rinden cuentas –así se desprecia la democracia y las instituciones– de su gestión en el Congreso.

España no es Estados Unidos, pero la polarización también existe. Empezó con José Luis Rodríguez Zapatero y culmina con Sánchez.

El contexto político de la polarización: un Gobierno de coalición poco amigo de la separación de poderes que, además de coquetear de manera obscena con los enemigos de la legalidad democrática y el Estado de derecho, sueña con un 'Ministerio de la Verdad' que controle a la oposición y suministre las ilusiones y los engaños necesarios y suficientes para conservar el poder como sea.

Esa “vanidad de quien cree que es el centro del mundo y que todo sucede por indicación suya”, advertía Norberto Bobbio en El destino del hombre (1976).

Este artículo no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Economía Digital y sus accionistas.

Miquel Porta Perales

Analista, Economía Digital

El nuevo libro de Miquel Porta Perales, Sumisión en la granja (ED Libros, 2019), logra el respaldo de la crítica por sus "frases cortantes, puyas, agitación..." (La Vanguardia). Y es que cuando “el pensamiento crítico zozobra, conviene recobrar fuerzas con Porta Perales” (ABC)

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