Las lecciones de Munger

 El presidente del PP, Pablo Casado, y el presidente de Ciudadanos, Albert Rivera. EFE/Emilio Naranjo

Las lecciones de Munger

Resulta decepcionante que no hayamos aprendido de las enseñanzas de Munger y que no consigamos neutralizar los sesgos que condicionan nuestras decisiones

En 1995, Charlie Munger impartió en Harvard una charla que tituló The Psychology of Human Misjudgement la cual pasó con todo merecimiento a la historia del management.

La conferencia, de dos horas de duración, desgranaba los sesgos cognitivos que afectan a las decisiones de los humanos y que él había identificado a lo largo de su fértil trayectoria como socio de Warren Buffett.

Las reflexiones de Munger nos señalan los condicionantes emocionales a la hora de tomar decisiones

Los postulados del financiero nacido en Nebraska coinciden, de un modo u otro, con las laureadas conclusiones que alcanzaron los psicólogos Daniel Kahneman y Amos Tversky durante años de investigación conjunta.

Las reflexiones de Munger nos señalan los condicionantes emocionales y mentales del hombre a la hora de trazar estrategias y, sobre todo, de tomar decisiones.

Una vez escuchamos y/o leemos sus sentencias, nos hacemos conscientes de la natural propensión al error que afecta a cualquier dirigente y de la necesidad de arbitrar mecanismos de defensa contra nuestras debilidades. Veinticuatro años después de la conferencia, observamos consternados que tal necesidad no ha sido atendida en modo alguno.

El brexit es la consecuencia de un gravísimo error de cálculo de Cameron al convocar un referéndum irresponsable en el Reino Unido

Aunque los sesgos cognitivos detectados superan la treintena, vamos a recuperar en este artículo solo unos pocos para confirmar el déficit sistemático -y sistémico- que persiste hoy en día en el proceso de toma de decisiones dentro del panorama político europeo y español.

Empecemos por el sesgo que Munger denominó over-optimism tendency el cual implica un habitual exceso de optimismo en la naturaleza humana que, unido al llamado pain-avoiding psychological denial hace que tendamos a ignorar los riesgos que afrontamos en caso de que nuestra decisión resulte equivocada.

Dos acontecimientos de estos últimos años ilustran de manera ejemplar la vigencia de ambos postulados. Por un lado, el brexit es la consecuencia de un gravísimo error de cálculo de David Cameron al convocar un referéndum irresponsable en el Reino Unido.

En el ámbito doméstico, y con independencia de cuestiones ideológicas, convendremos que el procés emprendido por los partidos independentistas catalanes reproduce al milímetro los sesgos explicitados por Munger.

Por ejemplo, ganar en la ruleta no convierte el juego en una decisión inteligente; lo más probable sería haber perdido

Nos encontramos a las puertas de distintas convocatorias electorales ante las cuales se ponen de manifiesto las debilidades analíticas de los dirigentes españoles de forma más inusitada.

Ahí está, por ejemplo, la excessive self-regard tendency según la cual tendemos a sobrevalorar nuestras propias capacidades, un efecto que hace crecer los egos y desestimar los méritos de los contrarios.

El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, en un encuentro en Zaragoza en el que avanzó su plan para repoblar España, el 24 de marzo. Foto: EFE/JCS

sin valorar el largo plazo

En la política española se busca un resultado efectivo a corto plazo sin valorar adecuadamente las posibles consecuencias de la decisión en el largo plazo

Esta tendencia multiplica su incidencia al tomar en consideración otras dos limitaciones de nuestra mente, el confirmation bias y el choice-supportive bias de acuerdo a las cuales solo escuchamos las informaciones que confirman nuestras preconcepciones y procuramos reforzar los argumentos sobre los que apoyamos nuestras decisiones aun cuando se hayan demostrado posteriormente equivocados.

Para no convertir el artículo en un directorio de sesgos cognitivos, mencionaré ya para terminar el denominado outcome bias que se podría definir como la tentación de confundir la decisión con el resultado inmediato.

Por ilustrarlo con un ejemplo, ganar en la ruleta no convierte el juego en una decisión inteligente; lo más probable sería haber perdido. El outcome bias se está plasmando una y otra vez en la política española de los últimos tiempos.

No aprendemos de los errores

Se busca un resultado efectivo a corto plazo sin valorar adecuadamente las posibles consecuencias de la decisión en el medio plazo. La formación del gobierno andaluz o la negociación de los presupuestos generales semejan buenos ejemplos al respecto.

Resulta bastante decepcionante que no hayamos aprendido nada de las enseñanzas de Munger, Kahneman y Tversky en todos estos años y que no consigamos introducir sistemas específicos que neutralicen la larga lista de sesgos que condicionan las decisiones.

Al parecer, somos también sensibles a la última de las debilidades: el blind-spot bias, es decir, no ser conscientes de nuestras propias debilidades.

Este artículo no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Economía Digital y sus accionistas.

Marcelino Fernández Mallo

Economista

Economista y consultor

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