Racismo, la nueva excusa de la izquierda

Manifestación antirracista en Madrid, el 7 de junio de 2020 | EFE/Mariscal

Racismo, la nueva excusa de la izquierda

La izquierda emplea como excusa una causa loable con el único fin de tomar las calles e imponer su particular programa ideológico

La trágica muerte de un hombre negro, George Floyd, a manos de un policía blanco en Minneapolis ha desatado una masiva y especialmente violenta oleada de manifestaciones a uno y otro lado del Atlántico en señal de protesta contra el racismo, hasta el punto de llegar incluso a España, donde unas 3.000 personas se concentraron este domingo frente a la embajada norteamericana en Madrid.

Sin embargo, lejos de protagonizar un movimiento pacífico para denunciar, con razón, los inaceptables abusos policiales que, por desgracia, se registran no sólo en Estados Unidos, sino en otros muchos países, estas marchas se han convertido en puro vandalismo, violencia y pillaje, con miles de heridos, saqueos y hasta muertes en algunas de las ciudades más importantes del mundo.

Esta deriva evidencia, una vez más, la estrategia de la izquierda, principal impulsora de estas manifestaciones, para emplear como excusa una causa loable con el único fin de tomar las calles y, de uno u otro modo, acabar imponiendo su particular programa ideológico.

No es un fenómeno nuevo. La explotación del victimismo se ha convertido en una de las herramientas más eficaces de la política contemporánea para marcar la agenda pública, un victimismo hipócrita y profundamente falaz donde lo que menos importa, en realidad, es la víctima, ya que el objetivo es político.

Estas protestas violentas poco o nada tienen que ver con Floyd, que actúa como simple mecha, y mucho menos con el racismo, puesto que sus artífices, muchos de los cuales son militantes de extrema izquierda, se manifiestan contra Estados Unidos, la meca del capitalismo, y los valores que representa. Ése y no otro es el enemigo a batir.

Aquí no se trata de condenar a un policía que, por cierto, ya está siendo procesado por la Justicia y al que, posiblemente, le caerá una larga condena, sino de imponer una ideología liberticida y totalitaria por la vía de los disturbios callejeros.

Los 'Antifa' son la kale borroka de Estados Unidos

Sucedió en Chile hace escasos meses, cuando la izquierda incendió, literalmente, el país blandiendo como excusa la subida de precios del transporte público, y lo mismo sucede ahora en Estados Unidos con ocasión de este suceso.

No en vano, nada dicen los impulsores del movimiento Black Lives Matter acerca de que el 90% de los negros que mueren asesinados cada año en la primera potencia mundial lo hacen a manos de otros negros.

Y, por supuesto, nada dirán de que Estados Unidos, pese a todos sus defectos, disfruta de una de las democracias más estables y longevas del mundo, junto con un amplio y sólido sistema de derechos y libertades civiles de los que muy pocos estados alrededor del globo pueden presumir. Y una de las mayores pruebas es, quizá, el ascenso a la Casa Blanca del expresidente Barack Obama.

Curioso también que muchos de los comercios y viviendas que han sido arrasados por esta particular horda de “antifascistas” pertenezcan a los mismos negros que dicen defender o que más del 40% de la población afroamericana apruebe la gestión de Donald Trump frente al 26% de hace un año, según una reciente encuesta de Rasmussen.

Los 'Antifa' son la kale borroka de Estados Unidos, grupos de extrema izquierda que emplean la violencia para defender sus ideales anticapitalistas y antidemocráticos, y como tales han de ser tratados.

Lo más paradójico de este fenómeno es que Trump será, sin duda, el más beneficiado, ya que su férrea defensa de la ley y el orden frente al caos que impera en numerosos estados impulsará su campaña de cara a las próximas elecciones presidenciales de otoño.

Este artículo no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Economía Digital y sus accionistas.

Manuel Llamas

Analista, Economía Digital

Analista del Instituto Juan de Mariana. Ha trabajado como periodista económico en Expansión y Libertad Digital, además de colaborar como tertuliano de radio y televisión.

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