Manca finezza

Sánchez, durante su comparecencia de este viernes tras el último Consejo de Ministros de 2018. EFE/Juan Carlos Hidalgo

Manca finezza

En su visita a España, el ex jefe del gobierno italiano Giulio Andreotti mencionó que faltaba "sutileza y distinción" en la política española

Poco después de comenzada la ahora tan denostada transición española, allá por el final de la década de los setenta, visitó España Giulio Andreotti, en ese momento jefe del gobierno italiano.

Preguntado con insistencia por los periodistas patrios sobre la vida política española de aquellos días, el más que astuto político, bregado en mil batallas en el difícil y siempre resbaladizo terreno de la gobernación italiana (no en vano había sido siete veces primer ministro), se limitó a contestar de modo epigramático semejando a un antiguo senador romano: manca finezza, es decir, falta finura.

Así es como se tradujo en aquellos convulsos y esperanzados días, pero, en realidad, la finezza es un término italiano con mayor hondura y trascendencia; significa, además, delicadeza o sutileza e incluso, distinción. Pues bien, últimamente en la política española volvemos a carecer de la finezza obligada. Dos ejemplos:

Delicadeza Turca

Las vacaciones navideñas del presidente Pedro Sánchez han dado mucho que hablar. Sí, también eso, también. En este año, durante los fríos, Camelot se desplazó a Lanzarote, en concreto a la Residencia Real de La Mareta en el municipio de Teguise a bordo del ya habitual Falcon 900B.

No hay nada como un decorado playero para seguir en la estela de los Kennedy. Paseos por la arena, imagen juvenil y jovial, torso bronceado y tabletero y, por supuesto, mascota, en este caso, de nombre Turca. Hembra, cómo no.

El cuidado de la imagen entre JFK y Sánchez corre paralelo

En su afán por parecerse cada vez más a JFK, Sánchez va camino de emular en casi todo a uno de los presidentes más queridos por los americanos, el número trigésimo quinto para ser más exactos.

Y, por supuesto, no es que insinuemos nada acerca de su trágico final, cuestión que ahora va tomando empaque, por lo que se ve y hasta, con un gusto deplorable, se acaba de convertir en un más que inadecuado chiste viral. Sí, es verdad, ambos son de edades similares, su apariencia física es vistosa y el gusto por los impactos visuales y el cuidado de la imagen corren paralelos.         

Pero hay algo, al menos, en lo que Jack aventaja a Pedro: en el número de mascotas. Kennedy, entre otras mascotas, llegó a tener cinco perros en la Casa Blanca, el más conocido Pushinka, regalo del presidente ruso Nikita Khrushchev.

Este gusto por un uso excesivamente personal de los medios que el Estado pone a disposición de un presidente empieza a resultar, como poco, falto de delicadeza.

Lo de la perra Turca es, por supuesto, algo muy menor y anecdótico (todos los presidentes españoles contemporáneos han tenido perro como “mascota oficial” en Moncloa, otro de esos tópicos importados concebidos para paliar la imagen de “la soledad del inquilino de la Moncloa”; en fin…) pero denota, además, cierto provincianismo así como el cultivo del enésimo resorte automático.

Nos salva que el coste de los desplazamientos resulta ser asombrosamente bajo, en concreto unos 282,92 euros para asistir a un concierto de The Killers en Castellón. Está claro que el Falcon tiene que ser una aeronave eléctrica, ni tan siquiera propulsada por diésel, que ahora mismo no mola nada, nada.

Sutileza andaluza

Pero, una vez más, no teníamos más que esperar unos días, incluso apenas horas, para encontrar la réplica de la falta de sutileza en la oposición con un formato de videoconferencia plasmada, cómo no, en las redes sociales.

Va y resulta que, a un cómico oficioso y de natural internauta llamado Ignacio de la Puerta se le ocurre un chiste (eso sí, sin encomendarse ni tan siquiera a Campofrío) sobre las peticiones de un niño a sus majestades los Reyes Magos.

En el caso de Ignacio de la Puerta ha faltado sutileza y talla política

En dicha carta y con un jocoso e inconfundible tono andaluz (es lo que toca ahora), de manera velada y subrepticia, se desliza la posibilidad de que sus majestades intercedan en la desaparición de Sánchez. Eso sí, todo muy sutil.

No pasaría de ser una mera gracieta, chufla cervecera y de factura amigotera, flor pasajera en las redes sin mayor trascendencia, si no hubiese sido replicado desde la sede el Partido Popular a través de su cuenta de Twitter.

Y entonces salta la pregunta: ¿pero a qué mente simple y con escasas miras se le habrá ocurrido? Claro, una vez vista la reacción, hay que retirar el gracejo e incluso entonar el mea culpa. Todo ello también muy sutil, ligero, blando, que se diría todo de algodón; como Platero.

En todo esto no solo faltan delicadeza y sutileza sino también, distinción. Altura de miras, talla política, sentido de Estado, etc.

En fin, llamémoslo como queramos, pero lo que sí parece evidente es que echamos en falta en nuestros políticos actuales y en todo aquello y aquellos que los circundan el aspecto fundamental de la distinción y este no es otro que la elegancia, la elevación sobre la vulgaridad. Para ello, es necesario tener amplitud, ensanche de miras.

Aunque sabemos que gramaticalmente resulte imposible, nos gustaría que en la conjugación del verbo ensanchar una de sus formas verbales fuese ensanchez.

PD: Existe otra versión sobre la autoría de “Manca finezza” no atribuida al brujo Andreotti. Este segundo origen de la expresión se personifica en Amitore Fanfani, quien, siendo presidente del Senado de la República italiana, recibió al entonces líder socialista de la oposición en España, Felipe González, el cual se encontraba buscando apoyos en el exterior.

Al verlo aparecer con traje de pana y con el pelo largo, Fanfani exclamó “¡Manca finezza!” Por supuesto y como ya sabemos, Felipe González abandonó la imagen proletariamente pueblerina y las guedejas cuando convino.

Eran otros tiempos.

Este artículo no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Economía Digital y sus accionistas.

Manuel Carneiro Caneda

Analista, Economía Digital

Manuel Carneiro es consejero delegado de IFFE Business School.

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