No hay derrotas en la burbuja soberanista. Foto: EFE/Susanna Sáez/Archivo

No hay derrotas en la burbuja soberanista

El relato soberanista se sitúa al margen de la realidad, en una burbuja en la que la derrota no puede existir

Situarse al margen de la realidad ofrece muchas ventajas. La más importante es que las afirmaciones, los relatos, no tienen por qué ser contrastados con lo que de verdad sucede. La burbuja es un ecosistema propio y los conceptos de cierto o falso se adaptan. Normalmente es cierto lo que se ajusta al deseo de los que dirigen esa nave y falso lo contrario, que además suele obedecer en su lógica a perversos intereses ajenos, los del enemigo exterior.

Todo el relato soberanista, la credibilidad que ha merecido en una amplísima parte de la sociedad catalana, solo puede ser entendido así. Y el triste final de Artur Mas, sin apenas focos, derrotado por su delfín Carles Puigdemont, es quizás la última muestra de adonde conducen toda una serie de decisiones erróneas, motivadas en buena parte por la necesidad de enmascarar la realidad inconveniente.

Pero en la burbuja soberanista no existen las derrotas. Un paso atrás ni para coger impulso, que diría Fidel Castro. O como también dijo en innumerables ocasiones el líder cubano: la propaganda no puede ser abandonada ni un minuto porque es el alma de nuestra lucha.

Así, el ex presidente huido se permitió hace poco declarar a la revista Politico que el independentismo crece en Cataluña, cuando las últimas elecciones les supuso perder un par de escaños y un tope del 47,5% de los votos, amén de agravar sus divisiones. Persisten en el mantra de que Europa les apoyará, aunque tendrá que ser cuando despierte, e incluso el club que mejor representa el supremacismo del nacionalismo, el Barça, firma cláusulas clandestinas con sus estrellas para garantizarles que en caso de independencia podrán irse gratis. Tal es la confianza que tienen en que triunfarán.

Los soberanistas se manifiestan con carteles de "Som República" sin que nadie sepa si la declararon o no

Se queja amargamente Marta Rovira del peligro que supone para Cataluña que el independentismo no tenga el Govern, cuando las cifras resultan demoledoras sobre el daño que están infringiendo con sólo anunciar que seguirán en sus tesis. Dice la dirigente republicana que está en peligro TV3 cuando es sabido que ellos mismos llevan años y legislaturas intentando meter en cintura a la Corporación, sin atreverse a hacerlo por el coste político que les supondría. No necesitaban esperar a Montoro para certificar la insostenibilidad de ese modelo de televisión.

En fin, Jordi Sánchez declara ante los jueces que abandonará su escaño ante cualquier intentona unilateral y que sin abandonar su ideología sólo concibe la acción política en el marco de las leyes constitucionales, mientras sus seguidores se manifiestan en las calles con carteles con el lema “Som República”, sin que a estas alturas nadie sepa a ciencia cierta si la declararon o no, aunque hicieran como si.

Pero como en la burbuja la derrota no puede existir hay que hacer cualquier cosa antes que tener la valentía de decirle al país que los pasos dados han sido equivocados y que es tiempo de replantearse una nueva estrategia. Decirlo, pero eso sí, con valentía, ante las cámaras amigas de TV3 y no sottovoce en un papel firmado ante los jueces de la Audiencia Nacional.  

Este artículo no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Economía Digital y sus accionistas.

Juan García

Editor, Economía Digital

Juan García es fundador y editor de Economía Digital. Su incursión en el periodismo se produjo a través de las míticas páginas de Cambio 16. La radio acogió su siguiente etapa: en 1993 puso en antena La plaza, que fue la primera tertulia económica en España.

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