ERC no es CiU

La actual ERC no es lo que fue CiU, y ahora va a apoyar la investidura de Sánchez como presidente del Gobierno sin que nadie sepa a cambio de qué

ERC no es CiU

La actual ERC no es lo que fue CiU, y ahora va a apoyar la investidura de Sánchez como presidente del Gobierno sin que nadie sepa a cambio de qué

Tengo la sensación de que en algunos medios —económicos, políticos, de información— ha calado el mantra de que ERC puede ser en el futuro inmediato lo que fue CiU cuando Pujol-Roca-Durán i Lleida. O, en un paso atrás, están esperanzados en que llegue a serlo. De asesinar aquella CIU mayoritaria en Cataluña y cooperadora necesaria en la gobernabilidad de España, se encargaron Mas como capataz y sus muchachos como ejecutores. Es decir, lo más mediocre de cada casa, singularmente el primero. CiU está en la Historia y no volverá.

Lo del trifásico PDeCAT, JxCat y La Crida no es más que un artefacto puesto al servicio del loco de Waterloo. El 3x1 político que camina hacia su inexorable extinción por más mal que pueda seguir haciendo a Cataluña y a España entera. No es la postconvergencia, como algunos medios de comunicación la han bautizado erróneamente; es la negación de lo que fue CDC, con violencia tolerada cuando no bendecida, como se pudo observar en el más próximo que remoto “incendio de Barcelona”.

Lo peor que nos legó Pujol fue Mas, elegido en el comedor del domicilio del primero convertida, la familia, en consejo de administración de bienes cosechados y de bienes a obtener. Una sociedad anónima imperfecta si nos atenemos a lo publicado. El tal Mas, víctima de un complot a tres bandas y media que Ekaizer no se ha atrevido a contar en su último libro aún sabiendo las cartas que se jugaron, nos dejó al hiperventilado de Puigdemont, autoculpabilizándose la CUP de haberlo lanzado a la papela de la historia —en minúsculas— cuando no fue (del todo) así.

Y éste, cual Franco, designó al tal Torra, el hazmerreír de Cataluña, que se declaró culpable de desobediencia ante el TSJC para así poder pasar como mártir en el Tebeo catalán. 

El escenario histórico de los republicanos

Ahora, ERC desea alcanzar su mayoría de edad. Aquella que no obtuvo cuando las presidencias de Macià y de Companys en plena II República Española, y la que todavía no ha ejercido desde la llegada de Junqueras al primer puesto de su organización como partido. Sabe que su principal adversario, cuando no enemigo cierto, es la almagama del citado “trifásico” más la Paluzie, los CDR y el Tsunami Democràtic. Quieren implantar el miedo como puente hacia una independencia imposible, pero no obtienen otra cosa que bajas en el porcentaje de electores que soñaron con la Ítaca del “noi de Verges”.

Los republicanos independentistas van a apoyar la investidura de Sánchez como presidente del Gobierno de España. Nadie sabe a cambio de qué dado que no es “por responsabilidad”, como dijera CiU en tiempos de Suárez y de González, ni por un “acuerdo” publicitado por ambas partes, PP y CiU, como lo fue con Aznar, quien cumplió al cien por cien. Torra, que sigue sin entender el peliculón, está que arde. Pero como le han tosido en plena cara los propios y los impropios solo le queda el remedio de una excelentísima paga de por vida por inscribirse como el 131 presidente de la Generalitat y no haber dado pie con bola. Mérito perfectamente descriptible.

Investir o, mejor dicho, dejar investir presidente mediando una abstención política, de una nación que linda con la catalana y de un Estado que maltrata a los catalanes es para nota. En términos universitarios, es un cum laudem; en algunos círculos independentistas, es una traición en toda regla. Unos botiflers. Y por ahí, bien sabe ERC que puede hacerse daño, al menos que con la inhabilitación de Torra se dé prisa en desmontar el chiringuito de Puigdemont con la ayuda del PSC y de ECP, y la abstención técnica de Cs y del PP. Que es lo que deberían hacer todos ellos de una endemoniada vez.

Mientras, en el Congreso de los Diputados, se abrirá la “legislatura de la locura”. Será un Scalextric de verdad, con la importante diferencia que ya no será el ingenioso juego de competitividad que los Reyes Magos traían, sino una simulación al alza con lapa explosiva incluida. Nadie sabe ni cuando ni por quién será detonada. Ni tampoco quiénes serán sus víctimas. Así andamos de divertidos. ¿Y el país?. Pues lo de La Trinca, por supuesto.     

Este artículo no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Economía Digital y sus accionistas.

Josep López de Lerma

Analista, Economía Digital

Josep López de Lerma participó activamente en el despliegue de la Constitución y en la vertebración política de Cataluña. Es autor del bestseller Cuando pintábamos algo en Madrid (ED Libros).

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