¿Y si Sánchez le presta a Redondo a Vox?

El líder del PP, Pablo Casado, durante su intervención en la segunda sesión del debate de moción de censura presentada por Vox / EFE

¿Y si Sánchez le presta a Redondo a Vox?

La moción de censura refuerza a Pablo Casado y cierra la etapa que se abrió en Colón, con un PP referente del centro-derecha español

Pareciera que Rafa Nadal y Pablo Casado el pasado jueves se habían coordinado. Mientras uno intervenía en la tribuna del Congreso y hablaba de concordia, el otro en una entrevista a El Periódico declaraba que “los políticos dividían a la sociedad”.

El discurso de Casado pone fin en el PP a la etapa que se abrió en Colón. No podía ser de otra manera, Rivera y Torra ya no están. Solo Casado y Abascal sobreviven a esa foto y el líder del PP decidió que el romance entre los votantes del PP y Vox no se oficiaría en el altar de su dirigencia.

Paradójicamente, el programa de Alianza Popular, que no triunfó en los ’80 ni en los ’90 del siglo pasado, revivió de la mano de Vox en la segunda década de los 2000, pero Casado no estaba dispuesto a ser Landelino Lavilla, quien no pudo frenar el avance de Fraga y Vestringe, y UCD se deshizo como un azucarillo.

El votante del PP es infiel o exigente, cada cual que lo considere como quiera. A principios de este siglo abandonaron al marianismo encarnado en Josep Piqué y se fueron a Ciudadanos: primero en Cataluña, luego en toda España. El discurso de Rivera sonaba más fresco, más claro, más atractivo. Ahora se fugan, sin nocturnidad, a Vox.   

Casado subió a la tribuna y dijo lo obvio: “El mejor aliado de Sánchez es Vox”. Luego desgranó las diferencias entre Vox y el PP. La fundamental: “El PP no es euroescéptico”. La apuesta de Casado era arriesgada, el manual del político opositor dice que se debe atacar al gobierno y no perderse en trifulcas con el resto de la oposición.

A Sánchez le venía de perlas que Casado hubiera condescendido con Vox. De repente, el movimiento del líder del PP hacía que su carta en “defensa de la democracia” junto a Bildu se convirtiera en un borrón. Mientras Casado ponía el alfil en el centro del tablero, Sánchez tenía su torre en un extremo, el izquierdo para ser más concreto.

La hegemonía de la derecha democrática está en cuestión en Europa. En Polonia, un país de 40 millones de habitantes, la moderada Plataforma Cívica de Tusk cayó derrotada por la derecha radical de Ley y Justicia, el partido de Kaczynski. En Italia, el partido de Berlusconi ha sido superado por la radical Liga y por los emergentes Fratelli d’Italia. En Francia, los gaullistas del Partido Republicano son una fuerza menor entre el centrismo de Macron y la radicalidad de Le Pen. Solo el primer ministro austriaco, Seabastián Kurz, ganó apostando por postulados netamente derechistas, y cuando le hizo el abrazo de oso al FPO viró al centro. En Alemania, Merkel siempre rechazó el acuerdo con Alianza Por Alemania (AfD) pero tolera las posiciones netamente conservadoras de su aliado bávaro de la CSU.

En España, el PP de Casado ha vivido una situación parecida a los Republicanos franceses: entre un partido centrista, Cs, muy crecido, y un frente a su derecha muy fuerte, Vox. Una vez Cs ha entrado en una fase de declive, parecida a la que el CDS vivió a mediados de los años 90 del siglo XX, el movimiento de Casado parece lógico. El PSOE ha abandonado el flanco centrista para competir en la izquierda con Podemos a nivel nacional y con ERC, Compromis y el BNG a nivel territorial. 

El PP de Casado ha vivido en una situación parecida a los Republicanos franceses: entre un partido centrista, Cs, muy crecido, y un frente a su derecha muy fuerte, Vox

Ahora bien, Casado no debe olvidar que los mismos que hoy alaban su discurso –que incómodo es recibir un elogio de Pablo Iglesias o de Adriana Lastra– mañana cuando el líder popular no acepte las condiciones para negociar el CGPJ que le imponga Sánchez como un trágala volverá a ser acusado de ultraderechista. Las cañas de hoy se volverán lanzas de nuevo.     

La batalla por la derecha lejos de terminar solo ha empezado. Abascal contratacará, la desafección política, la crisis social y económica derivada del COVID y la mala gestión de Sánchez, las elecciones catalanas y la condescendencia del PSOE con el independentismo llenan de viento las alas de VOX.

El CIS catalán otorga en su última entrega entre 4 y 6 diputados a VOX y entre 7 y 8 al PP. El PP tiene en Cataluña un magnifico candidato y VOX lanzó al suyo durante la moción de censura al convertirle en portavoz. En tierras catalanas veremos el próximo duelo entre ambos partidos, un duelo que determinará no solo quien lidera la derecha sino la longevidad de Sánchez.

Este artículo no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Economía Digital y sus accionistas.

Joan López Alegre

Analista, Economía Digital

Joan López Alegre, al margen de su carrera política -fue diputado en el parlamento catalán-, es profesor de comunicación política en la UAO-CEU y licenciado en Historia (UB).

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