Volverlo a hacer

Las raíces biológicas del 'proceso'. Foto: EFE/Archivo

Volverlo a hacer

El separatismo hace dos cosas contradictorias a la vez: dice cumplir el mandato del 1-O pero manifiesta su fracaso amenazando con "volverlo a hacer"

Existe una contradicción fundamental en todas las facciones independentistas enfrentadas entre sí. Todas ellas manifiestan su deseo de “volverlo a hacer” a la vez que dicen que “están implantando la república” desde el poder que ejercen en la Generalitat y otros muchos ámbitos del poder en Cataluña. Pese a sus múltiples peleas su retórica, aunque cínica, es bastante homogénea.

El separatismo declara hacer dos cosas a la vez; por un lado consideran que están “cumpliendo el mandato del pueblo dictado el 1 de octubre en las urnas” y en consecuencia están implantando la república, pero por otro ellos mismos manifiestan su fracaso y dicen que en un futuro más o menos cercano “lo volverán a hacer”. Se sobreentiende que declarar la independencia y todo lo que de esa declaración cuelga.

La aparente contradicción no es tal vista desde la óptica del procesismo militante. Ante su entregado público ni pueden reconocer el fracaso del 1 de octubre ni pueden dejar de vender una ilusión. Todo esto puede parecer irrelevante, pero no lo es.

Las constantes reivindicaciones de los lideres independentistas y sus voceros sobre su derecho a la independencia o sobre la injusticia del juicio se sustentan en una única idea: las ideas y propuestas concretas del separatismo no solo son lo que nos conviene a todos, en una especie de versión actual de despotismo ilustrado, sino que además es del todo inofensivo.

Así las cosas para el separatismo es incomprensible que no les dejen ser independientes y alucinante que sus líderes sean juzgados o mantenidos en prisión provisional.

Toda esta retorica choca contra la realidad, pero eso no tiene efecto alguno sobre el independentismo por dos motivos: el primero es porque los medios de comunicación afines al independentismo, tanto públicos como privados, están constantemente dibujado no solo a España sino a los catalanes no independentistas como “bestias con forma humana” en diversas variables no tan explicitas.

Y el segundo motivo es que todo error o delito cometido por el procesisimo y sus lideres en el pasado, presente y, hay que prever que, en el futuro, será siempre silenciado. Nada de lo que haga el procesismo, por terrible que sea, tiene efecto alguno sobre ellos mismos.

¿Cuántos exiliados reales habría en una Cataluña independiente?

La bondad intrínseca que reivindica para sí el separatismo no es tal. Ellos, obviamente, ni lo saben ni se dan cuenta; su derecho a todo se parece bastante al derecho divino por el que gobernaban los zares.

Es una asignatura pendiente que alguien dibuje y analice cómo sería la Cataluña de hoy si el 10 de octubre de 2017, hace 21 meses, la independencia hubiera sido efectiva.

¿Cuántos exiliados reales habría? ¿Cuántos ciudadanos estarían encarcelados sin garantía judicial alguna? ¿Cuál sería el índice de paro? ¿Cuánto habría caído la producción industrial? ¿Quién controlaría el orden público?

La naturaleza humana nos llevará a pensar que todo esto es una exageración pero no es cierto.

Esta semana supimos que Carles Vives Pi i Sunyer, unos de los próceres procesistas más presuntamente ilustrados y doctos, tenía en su poder documentos que hablaban de deportar a funcionarios que no se consideraran independentistas “feten”, o que preveían la imposición de exámenes lingüísticos muy estrictos para el nombramiento de nuevos funcionarios.

Dicho de otra manera, Vives tenia en su poder documentos que hablaban de depuraciones y deportaciones por razones étnicas y ideológicas.

Se sobreentiende que esos documentos, con membrete de organizaciones como el Centre Català de Negocios, que ahora domina la Cámara de Comercio de Barcelona, eran conocidos y compartidos por todos los líderes hoy fugados o en prisión provisional. Todo esto de bondadoso no tiene nada.

Si hoy Cataluña fuera república, muchos estarían en un gulag 'indepe'

Después de leer los documentos que obraban en poder de Vives es comprensible el intento de cambiar la historia y de silenciar la verdad. Existe una gran diferencia entre la situación actual, precaria a nivel social y económico, y la del 10 de octubre si el procés hubiera vencido.

Ahora sabemos que si lo hubieran conseguido y hoy Cataluña fuera una república, muchos de los que están leyendo este artículo y que en otoño de 2017 vivían en Cataluña en función de su lugar de nacimiento o su ideología y su profesión, hoy estarían residiendo en cualquier otro lugar fuera de su casa o en un gulag indepe.

En cambio, que se aplicara el artículo 155 de la Constitución hace que los guardianes de la revolución separatista como Josep Maria Jami Matamala o Jaume Alonso-Cuevillas vivan del sueldo que reciben por ser miembros de las Cortes de su odiada España.

Este artículo no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Economía Digital y sus accionistas.

Joan López Alegre

Analista, Economía Digital

Joan López Alegre, al margen de su carrera política -fue diputado en el parlamento catalán-, es profesor de comunicación política en la UAO-CEU y licenciado en Historia (UB).

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