Prejuzgar la sentencia

Una imagen de la concentración independentista de este martes en Estrasburgo, en la que Puigdemont solo participó vía videoconferencia. EFE/Patrick Seeger

Prejuzgar la sentencia

Todo aquello que el independentismo desea y no se le concede convierte a España es una país eternamente franquista

El independentismo es el juez de la democracia española. Todo aquello que el independentismo desea y no se le concede convierte a España es una país eternamente franquista. Desde 2010 los partidos separatistas reclaman un inexistente “derecho a decidir”, según ellos la solución es votar… Como en el Reino Unido donde votar sobre el Brexit ha dejado de todo por el camino menos unidad.

Para los independentistas el hecho de que España no les conceda el derecho a votar en un referéndum de autodeterminación, como si los catalanes fuéramos un territorio de ultramar francés como Martinica o un islote en mitad del Atlántico como las Malvinas es una demostración fehaciente de que España es un país totalitario y los catalanes un pueblo oprimido.

Los partidos nacionalistas catalanes han sido decisivos en gobiernos de Suárez

Barcelona no es Tinduf y Tarragona no es Fort de France. Los partidos nacionalistas catalanes han sido decisivos en gobiernos de Suárez, González, Aznar, Zapatero y Sánchez.

Los nacionalistas catalanes han presidido la comisión de exteriores del congreso, han nombrado magistrados del Constitucional, vocales del Consejo General del Poder Judicial, los oprimidos hemos presidido por dos veces la patronal, un catalán preside la Cámara de comercio de España, el principal sindicato, la empresa pública de navegación aérea, RENFE, la TV Pública y decenas de puestos estratégicos más.

Podemos concluir que la España de hoy con sus grandezas y miserias es lo que es gracias y por culpa, en parte, de los nacionalistas catalanes. Pero para el nacionalseparatismo todo eso da igual, como que no hay referéndum de autodeterminación, derecho que, por cierto, no tiene nadie excepto los etíopes, España no es un país democrático y punto.

A la vara de medir del referéndum se suma ahora la sentencia del juicio por los presuntos delitos cometidos por los dirigentes independentistas en otoño de 2017. El independentismo ya ha sentenciado a “España” y su justicia: es facha. No hay otro camino que la absolución, o el indulto o la amnistía.

Podemos concluir que la España de hoy es lo que es gracias y por culpa, en parte, de los nacionalistas catalanes

Cualquier cosa que no pase por una liberación de los presuntos delincuentes no es aceptable y reafirma la idea de que España es franquista. Además, si se los liberara también sería la constatación del franquismo patológico de España y los españoles, dado que entonces afirmarían que no había razón alguna para haberlos mantenido en prisión provisional durante dos años.

Ni el riesgo de fuga a lo Puigdemont, ni el riesgo de destrucción de pruebas o el riesgo de reiteración del delito (¿les suena lo de “ho tornatem a fer?”) tiene peso alguno. España es un país facha y punto dado que los independentistas no tienen barra libre para hacer lo que quieran.

Mucha gente cree que la Diada ha pinchado y que el independentismo va a la baja. Se equivocan. Desde la detención y encarcelamiento preventivo de los dirigentes independentistas fruto de sus actos, que no de sus ideas, se ha generado un caldo de cultivo basado en un relato de que la justicia es injusta y de que el independentismo tiene todo el derecho a hacer lo que le apetezca dado que Cataluña es suya sin respetar ni las leyes ni los derechos de nadie.

Mucha gente cree que la Diada ha pinchado y que el independentismo va a la baja. Se equivocan.

En esas circunstancias habrá muchísima gente de buena fe que no comprenda la sentencia y que compre el argumento de que no hay razón alguna para que los líderes políticos que cometieron graves actos en septiembre y octubre del ’17 sean condenados.

Socavar la credibilidad de España como país libre es un objetivo confeso del independentismo y temo que están a punto de darle otro hachazo al tronco común que es España. 

Este artículo no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Economía Digital y sus accionistas.

Joan López Alegre

Analista, Economía Digital

Joan López Alegre, al margen de su carrera política -fue diputado en el parlamento catalán-, es profesor de comunicación política en la UAO-CEU y licenciado en Historia (UB).

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