La Generalitat se entera de la fusión por la prensa

Quim Torra durante una reunión telemática para seguir la evolución de la Covid-19, el 28 de agosto de 2020 | EFE/QG/Archivo

La Generalitat se entera de la fusión por la prensa

Caixabank y Bankia se fusionan y el poder catalán ya no lo ve como una oportunidad, una victoria o una posibilidad de proyectar el futuro de Cataluña

En 2005, la opa de Gas Natural sobre Endesa se convirtió en un asunto de Estado, una lucha entre territorios. La oferta de Gas Natural se presentó en las dos ciudades, no las de Verne, sino Madrid y Barcelona, como una lucha de poder por la supremacía económica de España.

Fue una de las pocas ocasiones en las que Esperanza Aguirre no estuvo a la altura cayendo en la trampa del nacionalismo catalán de politizar la operación.

Tres lustros más tarde todo ha cambiado. Si hace 15 años La Caixa hubiera anunciando una fusión u absorción con Caja Madrid se hubiera armado un carajal. Hoy no. Caixabank y Bankia se van a fusionar y el poder catalán ya no lo ve como una oportunidad, ni lo celebra como una victoria, ni lo presenta como posibilidad de proyectar el futuro de Cataluña.

Están ensimismados, liados en una guerra de los Cien Años entre ellos, perdidos en el barroquismo del matiz y pendientes solo de su infinita pequeñez. Quim Torra provoca una crisis de Govern a la vez que en Castellana/Miguel Angel y en Plaza Castilla/Castellana se muñía la operación de fusión bancaria más importante de los últimos años.

Simultáneamente al anuncio de proceso de fusión en Cataluña, Torra se dedicaba a cesar consejeros, de los que casi nadie se sabe el nombre, para poner a otros que solo alcanzarán relevancia alguna en función de lo desatinadas que sean sus declaraciones. Es muy ilustrativo del punto tan bajo al que ha llegado la institucionalidad catalana.

El último de los grandes consellers de Economia fue Andreu Mas-Colell. En tiempos de Castells una operación de este estilo no hubiera pasado sin la opinión del mismísimo conseller y el president de la Generalitat.

Cataluña vive secuestrada por un poder político de corte independentista, sectario, clasista e incompetente

No se podía mover un papel sin antes pasar por el despacho de la Conselleria de Economía en Rambla Cataluña. Pero con los gobernantes actuales la notoriedad de la Conselleria tiene otro cariz mucho más triste y dramático e infinitamente menos útil para los catalanes: solo hay que recordar el intento de ocupación de la misma y la salida por los tejados de la comitiva judicial .

Hoy, en realidad ya ni la Caixa está en Barcelona, y en todo caso Gonzalo Gortázar habrá llamado a Ximo Puig y a Francina Armengol dado que Caixabank tiene su sede en Valencia y la Fundación, su principal accionista, en Palma.

La irrelevancia se ha asumido por parte del poder político catalán como algo normal sobre lo que no hay que hacer nada. Con dar la culpa a cualquier factor externo, especialmente si este está en Madrid, basta.

Poco se ha comentado esta semana el artículo publicado por los profesores de la London School of Economics (LSE), Andrés Rodríguez-Pose y Daniel Hardy, que atribuye la pérdida de dinamismo de Barcelona frente a Madrid al proceso separatista. Y es que cuando “el món no ens mira com volem” no interesa hablar del tema.

El artículo dice literalmente que “la consolidación de Madrid como indiscutiblemente dominante en todos los terrenos, ya sea político, administrativo, financiero o cultural, ha producido una profunda ruptura en el estatus histórico de Barcelona”.

Cataluña vive secuestrada por un poder político, administrativo e institucional de corte independentista, sectario, clasista e incompetente que se desangra en luchas intestinas y ha conseguido encerrar dentro de la lámpara del genio todas las fuerzas vitales que hacían de Cataluña un lugar de prosperidad casi garantizada y un faro de progreso para toda España.

Los dirigentes catalanes están con ojo y medio en Waterloo

Esta vuelta al interior de la lámpara se ejemplifica más que nunca esta semana. El tradicionalmente influyente nacionalismo catalán en el momento de decidir el Presupuesto General del Estado ya no existe. Incluso Podemos y el PNV están de acuerdo en orillar a ERC y a los restos de CDC y pactar con Ciudadanos las cuentas del Reino para 2020.

La Caixa, de toda la vida, ahora Caixbank, está a punto de fusionarse con Caja Madrid, ahora Bankia, la entidad que creció durante décadas aspirando a parecerse, ni que fuera por asomo, a La Caixa, y en Barcelona tampoco tenemos nada que decir. Ellos están con ojo y medio en Waterloo.

Eso sí, el próximo lunes, como entremés de la Diada, Marta Rovira, residente en Suiza, y Oriol Junqueras, otro exconseller de economía irrelevante, presentan su libro hablando de sus cosas, que nada tienen que ver con las cosas de comer.

Este artículo no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Economía Digital y sus accionistas.

Joan López Alegre

Analista, Economía Digital

Joan López Alegre, al margen de su carrera política -fue diputado en el parlamento catalán-, es profesor de comunicación política en la UAO-CEU y licenciado en Historia (UB).

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