Roger Torrent saluda e Ernest Maragall Foto: EFE/QG/Archivo

Jugar con fuego, provocar, buscar captar la atención

Ni Miquel Buch, ni Quim Torra, ni Carles Puigdemont, ni Ernest Maragall consiguen llegar al 'trending topic' con sus provocaciones para llamar la atención

La estabilidad suele ir acompañada de un feliz aburrimiento, y el momento que vive nuestro país es todo menos previsible.

La semana que termina no ha sido ni tan solo un Dragon Khan con sube y bajas, ha sido una semana intensa y sostenida en lo alto. Ministros que salen, ministros que entran, seleccionadores de fútbol despedidos, nombramientos.

Esta semana fue, quizás, la primera vez en muchísimo tiempo en el que el separatismo catalán cae del trending topic, pierde titulares y no por su propia voluntad.

La forma de llamar la atención del separatismo es tóxica y perjudicial

Los líderes separatistas saben que apearse del titular es perder fuerza, y por eso han luchado toda la semana para seguir llamando la atención cual naufrago en una isla desierta que pretende ser visto por un trasatlántico que navega en la lejanía.

La forma de llamar la atención del separatismo no es inocua, ni inocente. Es tóxica y perjudicial para todos.

La politización de la cúpula de la Mossos y el apartamiento de los mandos que gestionaron el cuerpo durante el 155 no augura nada positivo.

Es toda una declaración de intenciones de controlar a un cuerpo armado y con él mantener su idea inquietante de que “els carrers sempre serán nostres”.

Quim Torra no ha quedado rezagado. Cada día de la semana ha amanecido con una ocurrencia con la voluntad de generar una nueva polvareda.

Si el miércoles fue su apoyo a la estrafalaria idea de que el 1 de octubre fuera festivo en Cataluña, el viernes fue la exigencia a SM el rey Felipe VI de que se disculpara con la comunidad autónoma.

Majestad: créame, somos millones de catalanes los que lejos de una disculpa esperamos que se mantenga firme en defensa de la Constitución y de nuestros derechos.

Jamás, como la noche del 3 de octubre, millones de personas necesitábamos tanto una palabra de aliento y una certeza en medio de la incertidumbre y zozobra provocada por el separatismo insurgente gobernante, entonces y ahora, en Cataluña.

La obsesión del separatismo con el rey busca sumar a los comunes-podemitas

La obsesión del separatismo con el rey no es casual, está muy medida y busca sumar a los republicanos, o sea, a los comunes-podemitas al cuerpo social separatista.

Eso justifica que Carles Puigdemont haya exigido a Torra que no acuda a acto alguno al que asista el rey en Cataluña, exactamente igual de como actuaba ETA-Batasuna cuando el rey emérito visitaba el País Vasco.

Ernest Maragall también busco alzarse con un titular a cuatro columnas cuando anuncio la reapertura de las pseudo embajadas catalanas, unas oficinas fuera de Cataluña destinadas a hablar mal de España.

Maragall, por cierto, haría bien de abrir esas oficinas en Zaragoza, Sevilla, Madrid o Valencia para reconquistar el corazón del resto de nuestros compatriotas en lugar de seguir malgastando dinero público llevando a cabo una campaña internacional de difamación hacía su propio país que no es otro que España.

Pero ni Miquel Buch, ni Torra, ni Puigdemont, ni Maragall han conseguido llegar al trending topic.

Los que han rozado la parte más alta del cajón mediático han sido los de la ANC que han propuesto, nada más y nada menos, que realizar una lista de empresas favorables a la “República Catalana”, o dicho de otra forma, realizar una lista de empresas a las que vetar por ser poco proclives a la independencia.

Entiendo que esta lista incluirá a todas las empresas del IBEX excepto Grifols, dado que esta es la única que permaneció en Cataluña tras lo sucedido el pasado otoño.

Así los catalanes separatistas, por ejemplo, deberán dejar de pedir hipotecas porque las principales entidades financieras catalanas estarán en la lista de proscritos por la ANC por haber decidido buscar seguridad jurídica en otros rincones de España.

La propuesta de la ANC es una vuelta a la autarquía franquista

Estoy seguro también de que los separatistas con niños pequeños dejarán de alimentar a sus bebes con papillas dado que una de las principales marcas de papillas también se vio obligada a huir de las fauces separatistas que amenazaban, por boca de la cupaire Eulalia Reguant, con un corralito.

Y también es previsible que los catalanes independentistas que decidan seguir el consejo de la ANC se atrincherarán en casa debido a que no podrán ir por autopista, que están gestionadas por otra empresa que se vio obligada a marchar más allá del Ebro, ni por una carretera nacional, dado que son titularidad del Estado.

Los indepes de la ANC son como Koldo, el padre de Amaya en Ocho apellidos vascos, que hace que le lleven a caballito para evitar pisar el suelo de la estación de Atocha al hacer trasbordo de un tren a otro.

La propuesta de la ANC es una vuelta a la autarquía franquista, es un Juan Palomo indepe, es una noche de los cristales rotos empresarial: van a marcar empresas buenas y malas, y luego otros ya irán a visitarlos con la pintura o cualquier otra cosa más inflamable.

La propuesta de la ANC no solo es de corte fascineroso sino que es una clara invitación a la miseria.

La propuesta de autoabastecimiento y autarquía fue llevada a cabo por el dictador comunista Enver Hoxha en Albania hasta convertirla en el país más pobre de Europa.   

Pedro Sánchez debe estar alerta; esta semana lo de los separatistas puede pasar por un intento de llamar la atención, pero sienta las bases para volver a las andadas.

Quizás él este más cómodo en el diálogo; lo comprendo, eso nos ocurre a todos, menos a los separatistas.

Pero Sánchez no puede permitirse relajación alguna: tiene la obligación de proteger los derechos y garantías democráticas de más de 7,5 millones de personas que vivimos en Cataluña.

Este artículo no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Economía Digital y sus accionistas.

Joan López Alegre

Analista, Economía Digital

Joan López Alegre es autor de Hablar de todo y no saber de nada. Al margen de su carrera política, fue diputado en el parlamento catalán, es profesor de comunicación política en la UAO-CEU y licenciado en Historia (UB).

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