Un gobierno independentista no equivaldrá a normalidad

Un ciudadano reclama la libertad de Puigdemont. EFE

Un gobierno independentista no equivaldrá a normalidad

El independentismo trata ahora de lanzar el mensaje de que un Ejecutivo con alma soberanista no amenazará la normalidad institucional

Un nuevo mantra se instala entre nosotros: si Carles Puigdemont cede y Antoni Morral, Elsa Artadi o quien sea accede a la presidencia de la Generalitat decaerá el 155 y todo volverá a ser normal.

No se engañen, eso no va a suceder. Hace unos días el admirado Vidal-Folch escribía en El País que el separatismo tenía dos opciones. Una era formar gobierno y gobernar desde el respeto a la ley y las instituciones, y la otra volverse al monte.

La primera de las que plantea Vidal-Folch  —y que firmaría la mayoría de la sociedad catalana, incluido una parte del separatismo— no alcanzo a vislumbrar cómo es posible de llevar a la práctica.

El nuevo mantra es una nueva Generalitat, gobernada por independentistas y que traerá la normalidad institucional

Si bien las encuestas, incluidas las del CEO, detectan un descenso del entusiasmo en la separación, parece obvio que la facción más tremendista del separatismo se ha apoderado de los mandos del procés.

Solo desde el manejo de los mandos desde las posiciones más hiperventiladas se entiende que la nueva líder de la ANC convoque un referéndum entre sus bases para apuntalar a Puigdemont o al Pdecat.

Únicamente desde la perspectiva más radical se entiende que Mònica Terribas termine a puñetazo limpio durante una entrevista, verbal como no, con nada más y nada menos que Joan Puigcercós y que éste acabe pareciendo un moderado pactista.

Gabriel Colomé teorizó hace unos días sobre Barcelona como primer laboratorio de la postverdad. Suscribo su análisis pero hemos de ir más lejos.

Cataluña se ha convertido en campo abonado donde se está llevando a cabo la restauración del tribunal de la Santa Inquisición en formato herejía "indepe".

Repasemos

Hay una serie de hechos acaecidos las últimas semanas que ponen de manifiesto la degradación moral del separatismo y certifican la imposibilidad de la vuelta a la normalidad.

El primero de estos hechos es la negativa del Parlament a investigar el espionaje de ciudadanos catalanes no separatistas por parte de Mossos d’Esquadra, siguiendo órdenes de quienes tenían poder para hacerlo.

Los guardianes de la revolución no dejarán dar paso alguno hacia la descompresión: los cañones del separatismo se disparan sobre sí mismos

El segundo es el aval del Parlament a la actuación intimidatoria de los CDR frente a los señalados, escrachados o violentados por estos.

El tercero, y más terrible, es la conversión de niños y adolescentes, alumnos de un instituto público, pasando estos de víctimas a mentirosos y acosadores.

La justificación a cualquier precio, la conversión del débil en malvado, la falsedad abyecta con el fin de justificarlo todo, incluida la persecución de conciudadanos y el señalamiento acreditan la imposibilidad de formar un gobierno y decretar un “pelillos a la mar”.

Convertir el mal en bien, avalar el caos, instalarse en la mentira, justificar la violencia es la sintomatología de la inseguridad jurídica, de la crisis social que muta siempre, de forma irremisible, en económica.

Los mismos que señalan, inventan, manipulan, violentan, acusan falsamente, espían y viven en la postverdad no aceptarán jamás, de ninguna manera, que podamos volver al verano de 2017 –si es que por entonces aún éramos normales, que yo creo que no—.

Las uvas de la ira han adquirido vida propia, los guardianes de la revolución no dejarán dar paso alguno hacia la descompresión y los cañones del separatismo se giran y disparan sobre sí mismos si alguien intenta formar gobierno y aparentar normalidad.

Da bastante igual que se forme gobierno o no: los supertacañones del separatismo dominan la escena y no bajarán el telón

Si hasta ahora todo ha sido gesticulación para incrementar el agravio y mantener vivo el conflicto sin tener el menor interés en el bien común o la gobernanza, ¿qué les impedirá seguir actuando igual cuando prometan el cargo por imperativo legal?

En realidad, da bastante igual que se forme gobierno o no. Los supertacañones del separatismo dominan la escena y no van a bajar el telón para ofrecernos un nuevo decorado.  

Este artículo no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Economía Digital y sus accionistas.

Joan López Alegre

Analista, Economía Digital

Joan López Alegre es autor de Hablar de todo y no saber de nada. Al margen de su carrera política, fue diputado en el parlamento catalán, es profesor de comunicación política en la UAO-CEU y licenciado en Historia (UB).

Enviaremos un mensaje al correo indicado con el enlace que deberás clicar para completar el alta. No recibirás ningún boletín hasta entonces. Política de privacidad