Mas culpa al PP de lo que pide a gritos Puigdemont. En la imagen, los dos expresidentes de la Generalitat, Carles Puigdemont y Artur Mas. EFE
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First we take Manhattan and then we take Berlin (Leonard Cohen)

Puigdemont pretende convocar elecciones para terminar de destrozar a ERC, que puede presentar a un Torrent con posibilidades

Las cortes medievales eran trashumantes, se movían de un sitio a otro. Tanta evocación histórica, apropiación del sufrido Wifredo y otras figuras de la noche de los tiempos nos lleva a los catalanes de hoy a tener también una corte nómada encabezada por un rey caprichoso, temido por todos.

Los "indepes" le temen porque no les deja hacer nada, ni tan siquiera formar gobierno. Los "no indepes", no nos engañemos, también le tememos.

En las noches de insomnio nos preguntamos: ¿Qué pasará si lo consigue y vuelve a ser presidente? ¿Los mossos se convertirán, tal como ya intentaron, en una policía política y habrá detenciones masivas? ¿Los CDR se harán con el control de la seguridad pública?

Un gobierno central como el que hoy tenemos, hasta el cuello de problemas de toda índole y grogui no parece que esté en condiciones de hacer grandes cosas por los millones de catalanes amenazados por la expectativa de un regreso de Puigdemont al poder.

Supongo que eso es lo que los jueces consideran “peligro de reiteración del delito”.

En Bruselas se creó la "Casa de la República" como epicentro del llamado "Espacio Libre de Bruselas". Allí Puigdemont se rodeaba de otros fugados y la corte la conformaban los eurodiputados independentistas y sus asistentes, así como los simpatizantes más aguerridos de la causa, que viajaban, un día si otro también, a la capital del mejillón y el chocolate.

Puigdemont no parece ser consciente de que, incluso si la justicia alemana no tramita la euroorden, su mejor plan es vagar por Europa hasta terminar en un 'reality' esloveno

En Berlín todo es más austero, los exconsejeros se han desperdigado entre Bruselas y Escocia. Berlín está más lejos y por ahora no hay casoplón ni en Prezlauberg ni tan si quiera en Spandau, el barrio que albergo la cárcel en la que Rudolph Hess pasó sus días hasta fallecer y luego fue demolida.

En sus ratos de ocio, que debe de tener y muchos, Puigdemont debería bajarse la película Good bye Lenin, donde una acérrima comunista sufre un ictus la magnífica noche de la caída del muro.

Cuando recupera la razón, sus hijos hacen todo lo posible para recrear la vida de la RDA dentro del pequeño piso donde convalece su madre para que así no se entere de la caída de la Alemania comunista y no sufra un shock que empeore su enfermedad.

A Puigdemont le ocurre lo mismo, lleva meses bloqueando en Twitter a todos los catalanes "no indepes" y escuchando solo a los hiperventilados de la CUP y sus fieles más obcecados hasta el punto que ha perdido todo sentido de la realidad.

Como en 'Good bye Lenin'

Cree que las elecciones del 15 de julio le encumbrarán a la presidencia y que Cataluña está al borde de la revuelta y brama por su vuelta cuando en realidad todo altercado y disturbio que hay son los que él y sus acólitos consiguen promover.

Como en la película, el reloj se le paró en noviembre, no del 1989, sino del 2017, y no parece ser consciente de que incluso si la justicia alemana no tramita la euroorden su mejor plan es vagar por Europa de ciudad en ciudad hasta terminar en un reality esloveno dentro de unos años.

En este marco de circunstancia, el martes sus diputados y los medios de comunicación públicos catalanes —esos que en el programa Polònia equiparan a la Policía Nacional y la Guardia Civil a nazis y franquistas— se trasladarán a la capital germana para recibir nuevas instrucciones.

Puigdemont sí es consciente de que Torrent entre sus filas tiene cada vez más simpatizantes, así que forzar su inhabilitación es la mejor manera de quitárselo de encima 

Puigdemont les dirá: “resistir, resistir, resistir, yo soy el presidente legítimo, el pueblo es fuerte y nos apoya, el Estado español es dictatorial y está haciendo el ridículo mundial… “ y así, a no ser que alguien le plante cara y lo remedie, hasta el 22 de mayo que nos volverán a convocar a elecciones.

Detrás del vocerío y la gesticulación pública, la estrategia está clara: pasar por encima de todo: de los letrados del Parlament, de la justicia, del sentido común y de lo que haga falta para mantener la tensión y el lío.

Solo así conseguirá llegar a julio en disposición de conseguir su objetivo, que no es otro que terminar de destrozar a ERC, a la que tiene anulada porque su mantra de que pedir un gobierno efectivo es lo mismo que traición ha tenido éxito en sus filas, comerse a los diputados de la CUP y estar en disposición de ser primera fuerza política.

Los dos primeros objetivos están a su alcance, el tercero es muchísimo más difícil.

Un plan contra Torrent

Puigdemont puede llegar a forzar su investidura, dado que es consciente de que Roger Torrent entre sus filas tiene cada vez más simpatizantes y puede convertirse en un adversario con posibilidades, así que presionar para que convoque un pleno de investidura y forzar su inhabilitación es la mejor manera de quitárselo de encima.

Lo que es más difícil de entender es por qué Torrent ha abandonado a su suerte a su partido y se ha lanzado a los brazos de Puigdemont, que cuando le haya exprimido acabará con él.

Este artículo no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Economía Digital y sus accionistas.

Joan López Alegre

Analista, Economía Digital

Joan López Alegre es autor de Hablar de todo y no saber de nada. Al margen de su carrera política, fue diputado en el parlamento catalán, es profesor de comunicación política en la UAO-CEU y licenciado en Historia (UB).

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