¿Es rentable dormir con tu enemigo?

Pedro Sánchez, en un momento del pasado debate de investidura

¿Es rentable dormir con tu enemigo?

El socialismo acepta una jaula de oro a cambio de gobernar con aquellos que se creen en el derecho de “infligir un cierto nivel de dolor”

Maria Chivite, líder socialista en Navarra, afirmo en el pleno de investidura que “siempre ha habido acuerdos entre el socialismo y el nacionalismo”. Efectivamente, Chivite no miente, no solo en PSOE, también el PP ha pactado a lo largo de la historia con el nacionalismo.

¿Siguen siendo válidas las circunstancias las del pasado? Y lo que es más importante: ¿Los pactos con el nacionalismo han servido para atraer al mismo hacia la estabilidad institucional, económica y social que ofrece el constitucionalismo?

Los líderes territoriales piensan que pactar con el nacionalismo rompe los bloques y abre vías de diálogo

La pregunta es necesaria hacérsela en este momento en el que cual el PSOE lanza a la vez dos mensajes. Por un lado el de Pedro Sánchez en la tribuna del Congreso: “Entre España y el poder elijo España”.

Por el otro el de Iceta, Chivite o Puig en Valencia pactando con Geroa Bai -la versión vasca del PNV- y Bildu, Junts per Catalunya (JxC) o Compromís.

El mensaje justificador de los acuerdos de los líderes territoriales socialistas es siempre el mismo: pactar con el nacionalismo rompe los bloques y abre vías de diálogo. ¿Es eso cierto o en realidad es solo un falso argumento para ocupar el poder?

El hecho de que ERC ocupara consejerías y poder junto al PSOE no evito que el líder republicano se fuera a reunir con ETA en Perpignan

¿Gana algo la sociedad permitiendo que partidos que tienen como objetivo destruir una nación tengan poder para llevar a cabo su objetivo? ¿Tiene sentido que un partido como el PSOE sea el hilo conductor que facilita la labor de destrucción que sus aliados quieren llevar a cabo?

La experiencia del tripartito en Cataluña nos dice que no. El hecho de que ERC ocupara consejerías y poder junto al PSOE no evito que el líder republicano se fuera a reunir con ETA en Perpignan para pedirles que los delitos y asesinatos que fueran a cometer se realzarán en otro lugar de España, cualquiera, que no fuera Cataluña.

La experiencia de los acuerdos del PSOE y el PP con los nacionalistas nos indican que en la batalla por quien tira más de la cuerda  siempre han sido los partidos constitucionalistas los que han cedido y los nacionalistas los que se han llevado el gato al agua.

La participación del PSOE en gobiernos del País Vasco o Cataluña no ha saciado nunca el voraz apetito nacionalista. La experiencia de gobierno en Navarra de los últimos cuatro años, con Gerao Bai al frente, impulsando al máximo la vasquización de la sociedad navarra debería ser suficiente acicate para que el PSOE no siguiera facilitando esa vasquización ofreciendo consejerías a cambio de ostentar la presidencia.

El error del socialismo

La equidistancia es la posición geográfica que ocupa Zaragoza entre Madrid y Barcelona pero no hay equidistancia entre el bien y el mal. Bildu lo dijo a la claras en el pleno del Parlamento Navarro: “no olvide, señora Chivite, que va a gobernar gracias a nosotros”.

El socialismo acepta una jaula de oro y la ignominia moral de gobernar con aquellos que se creen en el derecho de “infligir un cierto nivel de dolor” (Otegui) o que reciben como héroes a aquellos que están en han estado en la cárcel por dedicar su tiempo a intentar matar, entre otros, a los comilitones de la señora Chivite.

Sánchez, y sus inteligentes asesores, seguramente creen que todo esto de los pactos de Navarra, es un tema para gente muy introducida en la política y, por lo tanto, con una opinión muy formada, que tienen muy claro cuál es su voto, y que en consecuencia no les afecta.

En su cálculo es asumible algo de ruido a cambio de detentar el poder en una comunidad donde hace 24 años que no gobernaban.

Este artículo no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Economía Digital y sus accionistas.

Joan López Alegre

Analista, Economía Digital

Joan López Alegre, al margen de su carrera política -fue diputado en el parlamento catalán-, es profesor de comunicación política en la UAO-CEU y licenciado en Historia (UB).

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