El marianismo de Meritxell Batet

Batet saluda a Turull, el martes en el pleno constitutivo del Congreso. EFE/Ballesteros

El marianismo de Meritxell Batet

Se acusa a Batet de ser marianista por pasar a la justicia decisiones que le pertenecen a ella, cuando en realidad usó la justicia para hacer política

El día que Oriol Junqueras, tras declarar en el Supremo, entro en prisión por riesgo de fuga, de destrucción de pruebas y de reiteración del delito, Mariano Rajoy no tenía ni idea que tal cosa fuera a suceder.

Esa misma mañana había dado una de sus pocas ruedas de prensa en la que se jacto de haber contribuido a normalizar la situación en Cataluña. Si hubiera tenido alguna pista de lo que iba a suceder por la tarde no hubiera dado semejante rueda de prensa.

A Rajoy se le puede acusar de dejar pudrir las cosas, de aplicar la teoría de que cuando algo está fatal se arregla solo. Aplicó esta máxima en los problemas del PP en Asturias, en Madrid, con la Gürtel, con Cataluña y un infinito listado de temas. El administrativismo aderezado con altas dosis de vaticanismo era la filosofía política del marianismo.

Muchos analistas se han lanzado a acusar a Meritxell Batet de ser marianista, o sea, de pasar a la justicia decisiones que le pertenecían a ella. No es cierto. Batet no es marianista. Batet, siguiendo ordenes de Pedro Sánchez, ha intentado usar la justicia para hacer política. Eso es peligroso.

Batet no ha intentado que la justicia tome ninguna decisión por ella; lo que ha hecho ha sido utilizar a la justicia para dos cosas. La primera, que parezca que la decisión de suspender a los diputados electos separatistas en prisión preventiva se tomaba contra la opinión del PSOE, y la segunda, hacer creer que la suspensión se debe al empecinamiento de PP, Cs y Vox.

Las decisiones de Batet tenían como principal objetivo captar voto de ERC y Podemos cara a las elecciones del domingo y de paso dejar puertas abiertas a futuros acuerdos con los separatistas catalanes.

Madrid descubrió esta semana cuan molestos, cansinos, pedantes e impostados son los políticos separatistas

Una cosa es el marianismo consistente en no hacer política y dejarte llevar por el devenir de la justicia y la otra es el sanchismo que se basa en intentar que la justicia se someta a tus designios políticos para que parezca que no haces lo que haces.

La cuestión de fondo es: ¿Quería el PSOE suspender a los políticos presos y que no lo pareciera? ¿No quería suspenderlos de sus funciones? ¿Le daba igual pero no querían quedar mal con los separatistas para así dejar puertas abiertas a futuros pactos? La respuesta válida, como ya he indicado, es la C.

Lo que venimos llamando Madrid descubrió esta semana cuan molestos, cansinos, pedantes e impostados son los políticos separatistas. Desde Barcelona demos la bienvenida a los diputados al Congreso, medios de comunicación y opinión pública en general al amplio grupo de víctimas de la pringosa ola amarilla que lo tizna todo en Cataluña y que ha intentado hacer lo mismo en la Carrera de San Jerónimo

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Todos los políticos tienen la tentación de subyugar a la justicia pero Batet ha hecho algo nuevo: denigrar al Congreso con su actitud permisiva ante los malcriados políticos independentistas. La Presidenta del Congreso debería tomar nota de los sucedido, la Cámara Baja es el Foro, un símbolo, permitir su manoseo no solo degrada un hemiciclo nos reduce como nación y nos vulgariza como pueblo.

Este artículo no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Economía Digital y sus accionistas.

Joan López Alegre

Analista, Economía Digital

Joan López Alegre, al margen de su carrera política -fue diputado en el parlamento catalán-, es profesor de comunicación política en la UAO-CEU y licenciado en Historia (UB).

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