De 'La vida de Brian' a la de Puigdemont

De 'La vida de Brian' a la de Puigdemont

La cuestión fundamental sobre las elecciones catalanas radica en saber cuántos catalanes siguen su galimatías de partidos y cuántos van a descolgarse

Estamos en un verano sin verano porque en realidad llevamos meses languideciendo, económicamente hablando. La mejor constatación del no verano será la previsible convocatoria de elecciones el 11 de agosto.

A medida que se acercan las elecciones, los Monty Python se hacen más presentes en la vida política catalana. El Frente Popular de Judea y el Frente Judaico Popular salen de las pantallas y reviven entre Barcelona y Waterloo.

El conseller Buch, miembro del Frente Popular X Cat ha recibido la reprimenda de Clara Ponsatí desde su misma facción frentista. Torra, fuente de inspiración de los CDR —y a la vez jefe de los Mossos y también del mismo Frente que Buch y Ponsatí— pide investigarse a sí mismo y a Buch para saber si la actuación de los Mossos ha sido la correcta durante la visita del Rey.

Frentes y frentes

Mientras la portavoz oficial del Frente Popular X Cat, Mónica Terribas, deja Catalunya Ràdio para saltar a la lista electoral de alguno de los Frentes en disputa, aparece el nuevo Frente Revolucionario de Waterloo. Con este frente los Monty Python no contaban. Desde la cima de la CCMA donde se gobierna la TV de todos los Frentes en disputa -TV3-, se pide la dimisión del jefe de Catalunya Ràdio, Saül Gordillo porque, al parecer, es miembro del Frente Judaico Popular Republicano.

Todo muy fácil de entender —lo que la Ministra Montera calificaría de "supersimple y supercomprensible"— mientras el virus rebrota y la culpa no parece ser de los españoles (los romanos para los Monty Python), dado que con lo del virus nadie, de ninguna parte, viene ni va a ningún lado a pesar de la magnifica campaña de Torra pidiendo a los opresores romano-españoles, armados con peligrosísimos bañadores y bronceadores, que nos visiten.

Puigdemont y el 9 de agosto

Mientras los del Frente Judaico Demócrata se cruzan en el camino con sus comilitantes de toda la vida del Frente Convergente y no saben bien si insultarles por radicales o pedirles que les dejen subir al carro para llegar juntos a su Monte Moriah.

Los Alcaldes de los diversos Frentes Convergentes y Republicanos no atinan en usar la honda para tirar piedras contra los del otro Frente, contra los filisteos del Frente de Esquerra o contra los hispano-romanos. ¡Qué desconcierto! Los hay como Antoni Castellà, del Frente de Demòcrates, que ha dado tantos tumbos que incluso ya se salió del enmoquetado camino porque, eso sí, los de los Frentes nunca se apean del poder.

Desde su Frente, siempre cambiante, Puigdemont ha anunciado que la dirección de su partido se nombrará el 9 de agosto. Dos días más tarde, el profeta de sangre y trueno puede convocar elecciones y entonces empezará la lucha para que todos los Frentes tiren la primera piedra, porque ninguno de los Frentes se siente culpable de nada.

Galimatías y fanatismo

Lapidación de unos a los otros sin recordar muy bien cuál era el motivo de disputa mientras los del Frente de Puigdemont, de CDC, sin parte de CDC y con parte de la CUP.

El Frente de ERC sola, y con Junqueras al frente del Frente Popular Republicano, con una “aguda alteración patológica” perfectamente descrita por Quim Coll, el Frente Nacionalista Covergente de Pascal con el Frente Democrata Català Convergente de Batlle y aún más el Frente Convergent con el Frente Lliures Convergents. Pedrada va, pedrada viene mientras el virus avanza y la economía naufraga, pero que más da ¡esto va de Frentes! No vale la pena hacer esfuerzo alguno por entender nada.

La cuestión fundamental radica en saber cuántos catalanes están dispuestos, y tienen capacidad, para seguir este galimatías y cuántos van a descolgarse. El fanatismo tiene como una de sus características fundamentales una patología obsesiva que lleva a la pérdida del sentido de la realidad y del contexto.

Las cuentas de la abstención

Cuando el sacerdote del Sanedrín, Torra, convoque elecciones algunos vivirán atrapados en La Vida de Puigdemont y otros pendientes de su, más o menos, difícil futuro por culpa de la crisis del Covid-19 agravada por la no-gestión o la antigestión de los diversos Frentes que nos gobiernan.

Nuestro futuro, el de los frentistas y el del resto, depende de lo que decidan los que se desenganchan y los que creen que el peligro ya se disipó. ¿Cuántos de los que creen que el procés ya está desactivado se irán a la abstención? Cada uno de ellos es un voto inconsciente a los fanáticos de los diversos Frentes. ¿Cuántos votantes de alguno de los frentes saldrá de esa pesadilla?

Si hay más abstencionismo entre los no frentistas que entre los independentistas todos los Frentes, como un septiembre-octubre del ’17, abandonarán sus odios tribales, por un momento, para intentar de nuevo lo que estos días Cuixart y Junqueras prometen desde su constatada impunidad para delinquir: “Ho tornarem a fer”. Y entonces todos los abstencionistas agotados por los Frentes lamentarán su decisión.

Este artículo no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Economía Digital y sus accionistas.

Joan López Alegre

Analista, Economía Digital

Joan López Alegre, al margen de su carrera política -fue diputado en el parlamento catalán-, es profesor de comunicación política en la UAO-CEU y licenciado en Historia (UB).

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