Artur Mas 'reloaded'

El expresidente de la Generalitat Artur Mas, en rueda de prensa por la condena del 9-N. Foto: EFE/EF

Artur Mas 'reloaded'

Entre el "ho tornarem a fer" de Jordi Cuixart y el zascandileo de Artur Mas uno podría pensar que volvemos a la casilla de salida previa al 9N

Artur Mas vuelve a escena. Su inhabilitación por el 9N finalizó. Carles Puigdemont no le quiere y le prohíbe actuar en el mitin de Perpiñán del próximo domingo. En el retorno de Mas, made in Madi Factory, el expresidente propone una especie de turnismo entre JxCat y ERC en el Gobierno de la Generalitat, de Canovas y Sagasta a Puigdemont y Oriol Junqueras. El resto de catalanes, no independentistas, son, en consecuencia, los negros virginianos en 1861, subhumanos sin derecho alguno.

Mas no es la tercera vía, no es Poblet, no es Santi Vila ni tan solo Marta Pascal. Mas es el padre del carajal, es el peine de los vientos en carne y hueso, el cobrador del frac y el estratega fallido. Entre el “ho tornarem a fer” de Jordi Cuixart –que 17 de los 19 condenados han pasado de, según la propaganda oficial, tener que estar cientos de años en la cárcel a solo el 18% del tiempo de su condena– y el zascandileo de Mas uno podría pensar que volvemos a la casilla de salida previa al 9N de 2014.

No deja de sorprender que políticos profesionales, que muchos de ellos jamás han tenido un empleo fuera de la fuera de política, hayan encontrado trabajo tan rápidamente para que se les pueda aplicar el artículo 100.2 del régimen penitenciario. Alguien maledicente podría pensar que su condición de políticos e independentistas, en definitiva de casta, les beneficia mientras los datos del paro de febrero serán para el resto de los catalanes un dolor de cabeza.

Aquellos que crean que con todos los padres del procés paseándose por la calle en plenitud de facultades y cortando el bacalao en el Gobierno de aquí y de allí están en condiciones de repetir todo lo que ya hicieron no tienen en cuenta que en 2014 España vivía un crisis de caballo que estaba gestionada por Mariano Rajoy con la ayuda de Luis de Guindos y que ahora, que vamos entre el coronavirus y los presupuestos de la Generalitat y del Estado de cabeza a otra crisis, el presidente del Gobierno no es del PP sino del PSOE y eso cambia todo el decorado de la política catalana.

En el período 2012-2017 el independentismo pudo alegar a su favor que España era un país corrupto y gobernado por una gente obtusa, el PP, que no querían a Cataluña. Pero hoy las cosas son distintas.

De poco vale que la hermana de Dolors Bassa, diputada de ERC, diga que la gobernación de España le importa un bledo o que el portavoz republicano de economía en el Congreso afirme, en el momento de votar el techo de gasto, que a ellos eso les da igual y que votan que sí porque hay mesa de diálogo.

Los mismos que desencadenaron los sucesos de septiembre y octubre de 2017 rematan ahora la faena con la miseria económica

Lo relevante es que el populismo separatista entre 2012 y 2017 podía acusar de todos los males al Gobierno del PP y a España en su conjunto pero ahora el Gobierno, todos los gobiernos, son ellos, y sus socios de Bildu, y sus amigos del BNG, y sus primos del PNV y sus colegas de Compromís y sus palmeros de los Comunes.

Cuando en febrero el paro crezca, cuando el presupuesto de la Generalitat entre en vigor en marzo y nos suban los impuestos a la energía a todos, cuando el Gobierno de España nos suba el IRPF, el IVA o lo que sea y al fin, como siempre ocurre cuando gobiernan los socialistas, acaben recortando pensiones y prestaciones sociales y las empresas cierren y la gente pierda su empleo, los republicanos no podrán decir que a ellos “les importa un bledo” ni podrán decir que es culpa de Madrid, ni de Rajoy; será su responsabilidad. Puigdemont lo tiene tan claro que por eso no votaron el techo de gasto.

La gasolina de la hispanofobia, la dinamita del odio al PP que tanto y tan bien agita el nacionalismo catalán, dejará de ser un refugio. No hay duda que el objetivo del independentismo es repetir todo lo que han hecho. Ahora ya saben que les sale casi gratis y que además las instituciones españoles están predispuestas al harakiri, pero falta que convenzan al conjunto de la sociedad de que su esquizofrenia política y su autoexculpación de responsabilidad alguna es creíble.

En Cataluña ERC gobierna. La teoría de Junqueras es la de ampliar la base y la praxis política del independentismo es toda la contraria. Miles de propietarios están horrorizados con el decreto de la Generalitat que ampara la okupación, otros tantos miles con el intento de la consejería republicana de Educación de cargarse la educación concertada. Así no se amplía la base. Cuanto más gobiernen peor para el procés y el separatismo.

Las culpas ya no son de José Montilla, ni de Rajoy; el problema de Cataluña y de España en muy poco tiempo no será si Junqueras duerme en Lledoners o el Palace o si Puigdemont se ha fugado de sí mismo y ha huido a Suiza o está en su casa en Gerona. El problema será el estropicio económico.

En ese punto alguien caerá en la cuenta, no muchos, que los mismos que provocaron el cataclismo del Tripartito a principios del Siglo XXI, los mismos que desencadenaron los sucesos de septiembre y octubre de 2017, rematan ahora la faena con la miseria económica. Quizás eso es lo que impida que lo vuelvan a hacer. La factura tendrá un coste bestial.  

Este artículo no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Economía Digital y sus accionistas.

Joan López Alegre

Analista, Economía Digital

Joan López Alegre, al margen de su carrera política -fue diputado en el parlamento catalán-, es profesor de comunicación política en la UAO-CEU y licenciado en Historia (UB).

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