21-D: el Waterloo de Pedro Sánchez

Pedro Sánchez y Quim Torra se saludan antes de su renión en el Palacio de La Moncloa en Madrid del pasado julio. EFE/Ballesteros

21-D: el Waterloo de Pedro Sánchez

Si los líderes separatistas pierden el control de los grupos violentos y se celebra la minicumbre en Barcelona, Sánchez tendrá su Waterloo particular

Pedro Sánchez generó muchas esperanzas e ilusiones entre los ciudadanos catalanes constitucionalistas y en general entre todos aquellos que sin sentir un gran apego a España anhelan una solución para la agria situación creada en Cataluña.

Sus llamamientos al diálogo y a la distensión descolocaron a sus adversarios que, en las primeras semanas de su gobierno, adoptaron una prudente posición de “wait and see”.

El separatismo comandado no se sabe bien por quién pero dirigido por un cóctel de fanáticos en el grupo parlamentario de JpC en la Ciutadella, Carles Puigdemont desconectado de cualquier atisbo de realidad y unos líderes de ERC impotentes de marcar impronta alguna ante unos radicales que se han hecho dueños del relato indepe, han conseguido cargarse cualquier esperanza de solución en pocos meses y han dejado a Sánchez a los pies de los caballos.

La apuesta estratégica de Sánchez e Iván Redondo estaba clara: dividir al separatismo, conseguir interlocutores claros, aislar a Puigdemont, aprobar presupuestos con ERC y el PNV.

Nada de todo eso ha sido posible y las constantes humillaciones a las que ha sido sometido por sus indeseados socios le han llevado a su fatal resultado en Andalucía y a convertirlo en un sujeto tóxico para todos sus barones pendientes de reelección en las elecciones autonómicas de mayo del próximo año.

Al igual que muchos republicanos no querían en las últimas elecciones de noviembre recibir el apoyo de Donald Trump, Sánchez camina por la misma senda.

Si Sánchez concede un triunfo mediático a Torra y Puigdemont, lo de Andalucía será solo un preludio

El presidente del Gobierno, un personaje con gran instituto y capacidad de lucha y supervivencia política olió la sangre y a principios de semana mandó cartas a diestro y siniestro reclamando a los líderes de la Generalitat que garanticen el orden público en su visita a Barcelona con motivo del Consejo de Ministros en la Llotja de Mar.

Pero Sánchez, quizás por primera vez, duda. Él sigue aspirando a resolver el problema catalán, y está negociando una reunión a tres entre su gobierno y el catalán.

Si concede este triunfo de imagen y mediático a Quim Torra y Puigdemont, permitiéndoles vender a estos una cumbre bilateral cuasi como si fueran dos estados, me atrevo a adelantar que lo de Andalucía será solo un preludio de lo que vendrá a continuación para los socialistas en las municipales, autonómicas y europeas de mayo.

Es posible que, a cambio de obtener una cumbre donde Torra, Elsa Artardi y Pere Aragonès se fotografíen con Sánchez, Carmen Calvo y Meritxell Batet, los líderes separatistas llamarán a sus hordas a no bloquear Barcelona.

Si es así para nada sería un éxito, se demostraría que “els carrers sempre serán d’ells” y que por tanto los catalanes estamos en manos de su facineroso capricho. Eso sería una herida grave a la democracia y libertades públicas en Cataluña y España.

Si, tal como todo apunta, los líderes indepes han perdido el control de los grupos violentos pero a pesar de todo la minicumbre se celebra igualmente, entonces Sánchez convertiría el 21-D en Barcelona en su Waterloo particular.

Si Sánchez no acierta este viernes, tendrá en el 21-D su Waterloo

La mayoría de los catalanes y casi la unanimidad del resto de los españoles reclaman a Sánchez que todo esto termine. Para la mayoría es una cuestión de democracia, para muchos, entre los que me incluyo, es una cuestión de hastío.

Estoy harto de que mi vida personal, laboral, mi libertad de movimiento y mis decisiones estén condicionadas por huelgas legales, ilegales, cortes de carreteras, manifestaciones indepes de gente que no quiere asumir que no son mayoría y pretenden obtener por vía revolucionaria aquello que no les dan las urnas.

El presidente del Gobierno acertará si tiene claro que el viernes la gente tiene derecho a ir a trabajar, a celebrar sus comidas de empresa de Navidad, a que los niños vayan a su último día de cole antes de las vacaciones.

Sánchez acertará si garantiza que todo eso suceda el viernes y todos los días de año. Si erra tendrá en el 21-D su Waterloo.

Espero que el intuitivo Sánchez acierte; le va mucho a él pero sobre todo a los ciudadanos normales y corrientes.

Este artículo no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Economía Digital y sus accionistas.

Joan López Alegre

Analista, Economía Digital

Joan López Alegre, al margen de su carrera política -fue diputado en el parlamento catalán-, es profesor de comunicación política en la UAO-CEU y licenciado en Historia (UB).

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