¿Y si Rajoy también convocara elecciones el 27S?

19 de enero de 2015 (00:00 CET)

Durante casi tres años, Mariano Rajoy se ha hecho metafóricamente el muerto con respecto al debate político catalán. Dicen quienes le conocen con cercanía que le preocupa, y mucho.

Si hacemos caso a ese diagnóstico, lo que ha estado cultivando el presidente con sus silencios es una postura pasiva deliberada. Alguien debió convencerle de que podría conjurar a los soberanistas de CiU y ERC agotándoles y haciéndoles purgar sus excesos dentro de su propia madriguera. (Dudo que fuera Alicia Sánchez Camacho, lo confieso).

A Rajoy ya se le conoce una actitud similar cuando al inicio de su mandato se desmadró la prima de riesgo y España parecía entrar en una crisis económica espiral de la que iba a ser imposible salir sin colaboración exterior.

Las presiones que soportó Rajoy de la troika fueron tales, que las del frente catalán deben parecerle un juego infantil


Un vistazo a la hemeroteca nos permitirá recordar que buena parte de la sociedad española, de izquierdas y de derechas, abogó en aquel momento por trasladar la poca soberanía política y económica existente a manos de la troika y quedarnos de forma literal (y no sólo como sospecha) bajo la supervisión alemana.

Las presiones soportadas en aquel momento fueron tales que las venidas después con el frente catalán –sin desconsiderarlas por lo que tenían de reto al Estado– deben parecerle un juego infantil al político conservador. Quizá el instante en el que plante cara al nacionalismo catalán quede próximo. Tras anunciarse elecciones autonómicas catalanas para el próximo 27 de septiembre, Rajoy podría estar tentado de imitar la fecha y convocar también para ese día elecciones generales en toda España.

El propio Artur Mas reconoce que se trata de una posibilidad cierta y que sólo confía en la vocación del presidente español de intentar alargarse al máximo en el mandato. El argumento de Mas es, por tanto, endeble. Es más, quizá pareciera responder a sus propias actuaciones durante este tiempo.

Si el 27 de septiembre de 2015 se votaran a la vez los parlamentos catalán y español, la conjura independentista quedaría eliminada del escenario de juego con mucha probabilidad. La parroquia tiene ganas de votar, el descontento con la clase política es mayúsculo y el enfado hace suponer que la participación electoral pudiera ser alta. Y aquí sí, las llamadas minoría movilizada y la mayoría silenciosa pueden aunar idéntica motivación para acudir de forma intensa a votar.

Sería la primera ocasión en la historia de la democracia en la que ambas urnas coexistieran a la par (ya se cuidó Pujol de evitarlo durante décadas) y eso debilitaría el debate político en clave únicamente catalana que acostumbra a producirse. Las elecciones generales convocan por lo general a más catalanes a las urnas que las que permiten conformar el Parlamento autonómico. El PP de Cataluña ya le ha pedido a Rajoy ese gesto.

Es obvio, sea cual sea el día de convocatoria de elecciones generales, en Cataluña ellos no ganarán mucho más (o muy poco más) en términos partidarios estrictos, pero de coincidir la fecha sí que se elevaría el debate a una dimensión menos local y, por tanto, menos próxima al independentismo.

La coincidencia electoral movería a la opinión pública hacia un debate en el que Rajoy se siente cómodo


Los argumentos de Rajoy para tomar esa decisión pueden resultar intachables en esta ocasión: los catalanes no tienen por qué pasar tres veces por las urnas en un mismo año, se produce un ahorro de costes e, incluso, el interés que algunas fuerzas le han dado a esos comicios en Cataluña hace recomendable que toda España hable de ello y se pronuncie de manera abierta.

Incluso desde una perspectiva menos confesable, la coincidencia movería a la opinión pública hacia un debate en el que Rajoy se siente cómodo y que le aleja de las nefastas consecuencias electorales que los efectos de la crisis y la corrupción podrían tener para sus expectativas.

Dudo que el jefe del Ejecutivo español adopte esa decisión de hacerlas coincidentes, pero sin duda sería la más efectiva de cuantas medidas no ha tomado para ocuparse del caso catalán. Y algunos quedarían muy probablemente buscando la bolita de trileros que llevan moviendo ante la ciudadanía desde hace largos meses.
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