Y después de Obama, ¿qué?

31 de enero de 2014 (00:00 CET)

Se contagia menos la noble oratoria de Barack Obama que sus políticas, un contraste rígido entre las grandes expectativas iniciales y el contenido real de su reciente discurso del Estado de la Unión. Le faltan dos años largos para terminar su segundo y último mandato pero parece ya una presidencia amortizada, sin logros generacionales y un partidismo que se confronta en el espejo con un partido republicano tentado por el Tea Party.

Como le ocurría a Sarkozy, Obama tiene un escritor de discursos extraordinario, Jon Fraveau, pero es que también tiene esa capacidad de entonación y poder sugestivo que marca tradición con predicadores como Martin Luther King. Y un lenguaje corporal que en tantas cosas se asemeja al de Mandela, su prototipo de gran hombre.

Obama anda desmoronado en las encuestas y en noviembre hay elecciones legislativas a medio mandato presidencial. Si los candidatos demócratas rehuyen su influjo será cierto que es un presidente “pato cojo”. Realmente, Barack Obama generó esperanzas en todo el mundo pero las aguas de los océanos no se abrieron a su paso. De hecho, en su quinto mensaje del Estado de la Unión casi no ha hablado de política exterior y de cambiar el mundo.

Toda visión tiene límites y, en política, más aún si es mayormente retórica. Y parece que ese el caso de Obama. Sus críticos ya le comparan al desprestigio de Jimmy Carter y sus defensores hacen lo que pueden, atribuyendo las inercias a los choques con el Capitolio.

 
Obama no ha logrado los consensos necesarios en la jungla legislativa 
 
Ha anunciado que, dado el obstáculo del Capitolio, seguirá su agenda con “órdenes ejecutivas”, por decreto. Incluso así, no es probable que consiga domesticar, ni de forma fraccionada, un déficit descomunal.

Parece obligado que su sucesor en la Casa Blanca, sea demócrata o republicano, tenga que darle tijeretazos espectaculares al déficit, para librar a la economía estadounidense de esa vulnerabilidad. Ya estamos en la fase especulativa sobre los candidatos de 2016.

Con largo recorrido en su haber, Hillary Clinton sería la aspirante demócrata mejor situada. Le va muy por detrás el actual vicepresidente, Joe Biden, según un sondeo del Washington Post. Por parte republicana, el gobernador Chris Christie, republicano centrista, ha perdido fuelle por un reciente caso de abuso de poder no del todo aclarado. Si esos fueran los candidatos, ahora mismo Hillary Clinton aventaja a Christie en doce puntos, una ventaja significativa.

Tanto los dos últimos años de Obama como el presidente que le suceda no es un asunto local, por mucho Washington que haya perdido poder hegemónico. En parte, puede ser por culpa de Obama pero sobre todo se debe a que el mundo ha cambiado y no sabemos cómo ha sido. Ahí está Putin rearmando la Gran Rusia y la China capitalista-comunista acaba de encargar otro gran portaviones.
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