Washington tiembla, revolución electoral en EEUU

20 de febrero de 2016 (14:44 CET)

Con la amplia victoria en las primarias de este martes del senador liberal Bernie Sanders y el entrepreneur Donald Trump en el Estado de New Hampshire, la revolución electoral en los Estados Unidos es ya un hecho.

En polos opuestos de la ideología política contemporánea, ambos comparten un importantísimo factor: son forasteros políticos.

Cabe de recordar que Hillary Clinton le ganó a Sanders en el Estado de Iowa por un diminuto margen. Lo mismo sucedió con Trump y el candidato del establishment republicano Ted Cruz.

Ningún experto político pudo vaticinar en 2015 la popularidad y la aceptación de los candidatos atípicos. Muy en parte porque desde sus torres de marfil, no midieron correctamente la profunda desilusión de un electorado marginado económicamente hasta la desesperación.

No es ningún secreto que actualmente en EEUU menos de un 1% de la población es dueña de más riqueza que un 90% de la población. O de que una gran franja del electorado trabaja por salarios muy bajos.

Tampoco se ha olvidado en el país el rol que tuvo Wall Street en la crisis económica más grave desde la Gran Depresión de los años 30. Cientos de miles de norteamericanos perdieron sus casas, todos sus ahorros y sus empleos que en la mayoría de los casos no han sido recuperados.

Un dato importante es que Estados Unidos es el único país desarrollado donde los suicidios de la población de hombres blancos entre 45 y 56 años ha aumentado dramáticamente desde 1998.

Muy en parte por la desesperación económica y el imposible coste de la sanidad estadounidense. Ni Clinton ni Cruz, las mascotas de Wall Street, han utilizado su voluntad y poder político para mejorar la situación.

Los candidatos de Wall Street, Hillary Clinton y Ted Cruz, están siendo vistos con recelo y desconfianza. Los elevados honorarios que recibió Clinton por sus discursos en Goldman Sachs y el empleo de la esposa de Ted Cruz como directora gerente de Goldman Sachs en Houston no han pasado desapercibidos en un electorado cada vez más informado en la era digital.

Cabe notar que el pueblo juega a dos manos, apoyando a candidatos en ambos partidos.

Aunque queda todavía un largo camino a recorrer para obtener la nominación presidencial de sus respectivos partidos, tanto el progresista Sanders como el sin pelos en la lengua Trump ya han hecho historia. Ambos han conseguido victorias sin el apoyo de las maquinarias políticas y financieras demócratas y republicanas.

Bernie Sanders recauda fondos modestos en volúmenes sin precedentes de ciudadanos entusiasmados por su sinceridad y su compromiso con la clase media. Donald Trump, veterano de tres bancarrotas, es auto-financiado, y por lo tanto, al igual que Sanders, libre para dirigir su propio destino político.

Motivo de esperanza y de optimismo. Los elevados niveles de participación en estas elecciones primarias, sobre todo de la juventud, están haciendo historia.

La clase media norteamericana, excluida del progreso económico, está demostrando un rechazo categórico a los partidos regentes al apoyar a dos candidatos, que, aunque elevan los estandartes de partido, en el fondo son independientes. Sin duda, Washington tiembla.
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