“Votar y hacerlo bien”

15 de agosto de 2014 (15:38 CET)

El unionismo anda revuelto. Ante la determinación del presidente Artur Mas de convocar la consulta sí o sí, los unionistas buscan desesperadamente contradicciones entre el sector soberanista catalán. Desde que se conoció la funesta noticia del fraude de los Pujol, la táctica unionista consiste en dar por liquidado el proceso y buscar aliados entre los catalanistas moderados para certificar su defunción. Un día aprovechan las declaraciones del consejero Santi Vila, siempre locuaz, y a la mañana siguiente las de otro consejero, el profesor Andreu Mas-Colell, un hombre de orden donde los haya. Y si con eso no hubiera bastante, le sacan punta a las declaraciones de la vicepresidenta Joana Ortega, quién milita en las filas de Duran i Lleida y sólo por eso ya es sospechosa, cuando advierte que si el 9-N no se pudiera votar, otro 9-N estaría a la vuelta de esquina.

¡Por Dios, que ingenuos son estos unionistas!

“Votar y hacerlo bien”, eso es lo que dijo el presidente Artur Mas en Talamanca el día de la conmemoración de la batalla homónima que hace 300 años ganaron las tropas catalanas. Esa victoria no sirvió para nada, porqué finalmente el ejército franco-español derrotó a los catalanes y el fin de la guerra dio paso a la implantación de la monarquía que aún perdura en España. Ni las victorias son siempre victorias ni las derrotas consiguen liquidar lo que los resistentes han defendido a capa y espada. La clave no está en si se podrá votar o no el próximo 9-N, algo harto difícil teniendo en cuenta la cerrazón del Gobierno español, si no en hacerlo bien.

La consecuencia de lo dicho por el presidente en Talamanca es obvia y está en la línea de la tantas veces expresada voluntad de CiU de llevar el proceso de la consulta soberanista por una vía legal y pactada. No me parece que ni Vila ni Mas-Colell ni Ortega hayan declarado nada que contradiga el compromiso del presidente Mas con el pueblo de Cataluña y la consulta. Mientras él esté al mando de la nave, la hoja de ruta será la que se pactó en su día con los partidos favorables a la consulta. El soberanismo del presidente Mas no es impostado como piensan los unionistas españoles y las clases biempensantes catalanas.

Otra cosa es que el presidente Mas (o por delegación la vicepresidenta y los consejeros) busque solucionar las 23 demandas que presentó a Mariano Rajoy el 30 de julio, al mismo tiempo que el proceso avanza. Es lo que debe hacer porque la obligación de cualquier gobernante es buscar soluciones a las dificultades de gobernanza. Se dice que el presidente Artur Mas está desorientado por el caso Pujol y por lo tanto que está debilitado. Alguien que ha compartido con Pujol ideales y gobierno no puede menos que sentirse mal ante su engaño, pero eso no significa que esté atribulado hasta el punto de suicidarse políticamente por un plato de lentejas.

Artur Mas no va a renunciar a la consulta a cambio del blindaje del catalán y de aceptar la sempiterna promesa que habrá una mejora de la financiación autonómica. Si lo hiciese, su caída sería automática y la convocatoria de elecciones autonómicas (y tomen nota del adjetivo) no se podría evitar. Lo que sucedería después está cantado. Si el sueño unionista es que gane las elecciones ERC y CiU se desintegre como pasó con UCD y así poder machacar el proceso, lo que anunciaría la victoria de ERC no sería precisamente una marcha atrás, si no todo lo contrario. Los unionistas deberían reflexionar un poco más antes de cantar victoria. Como en Talamanca, las victorias pueden anunciar derrotas muy severas.

¿Es que alguien cree de verdad que CiU se va a colocar en el borde del acantilado aceptando un intercambio de cromos tan pírrico? Quien piense así se auto engaña. O lo que es peor, es que este alguien es estúpido. Como diría Barack Obama, aunque Hillary Clinton se lo reproche, los estados no deben actuar nunca haciendo cosas estúpidas. Y esto vale tanto para la política internacional como para la política interior. Las cosas deben hacerse bien, que es lo que pide el Gobierno catalán con su presidente al frente.
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