Vilarrubí y Sánchez Carreté, testigos mudos del saqueo 'pujoliano'

24 de octubre de 2014 (20:23 CET)

El asesor fiscal Juan Antonio Sánchez Carreté ha vuelto al primer plano de la actualidad, muy a su pesar. El juez Pablo Ruz, que investiga las incontables mordidas de Jordi Pujol Ferrusola, lo ha citado a declarar el venidero 14 de noviembre en calidad de testigo, para que aclare su implicación en las andanzas del primogénito.

También se llama por el mismo motivo a Carlos Vilarrubí Carrió, vicepresidente tercero del FC Barcelona y “heredero consorte” de los negocios de Coca-Cola en España y África gracias a su matrimonio con Sol Daurella Comadrán. Vilarrubí, socio y amigo de Pujol Jr. desde tiempo inmemorial, podría narrar sus innumerables trapicheos en primera persona, y no acabaría.

La vida y milagros de Sánchez Carreté dan para escribir un libro. En su adolescencia llegó a ser secretario general del maoísta Partido del Trabajo en España. Allí tuvo de camarada a Joaquín Estefanía, quien corriendo el tiempo ascendió a la dirección del diario El País. Durante la transición política, participó activamente en el Bloc Català de Treballadors, impulsado por el Col.lectiu de Coordinació Socialista, el Moviment d’Unificació Marxista y el Partit del Treball de Catalunya.

Pronto se esfumaron esos fervores juveniles. Tras cursar Ciencias Empresariales en Esade, se pasó al bando contrario, es decir, a consultor de las élites capitalistas. Montó despacho propio, se especializó en asuntos fiscales y no hubo compañía o ricachón del principado que no acudiese a él cuando sentía sobre su pescuezo el aliento de la Agencia Tributaria.

Asesoró a todo el Gotha mercantil catalán. La lista es interminable. Casinos de Catalunya, de Arturo Suqué, cuando era una máquina de financiar bajo cuerda a CiU. La inmobiliaria Ibusa, de Eduardo Bueno. El grupo curtidor Tipel, de Isidor Prenafeta, poco antes de que naufragara con la eficaz ayuda de Artur Mas. Iberia de Seguros, controlada por Enrique Bernat, quien mediante un trasiego de alta ingeniería financiera se hizo con la propiedad de Casa Batlló, el máximo activo de la aseguradora, justo cuando ésta se encaminaba a la quiebra. El mismísimo Jordi Pujol, cuya declaración de impuestos confeccionaba con regularidad, lo mismo que Artur Mas y otros gerifaltes de Convergència i Unió.

Su última asistencia a la familia del ex honorable es muy reciente. Tras divulgarse que ocultaban un fortunón en Andorra, el pasado verano recomendó al clan que se pusiera al día con el Erario y presentasen las pertinentes “paralelas”. Desconozco si él mismo se encargó de elaborarlas.



Entronques jugosos y peripecias procesales

Sánchez Carreté tuvo también entre sus clientes al irrepetible John Rosillo en su fantasiosa aventura de Kepro y Diagonal Mar. Además, por recomendación del hoy nada honorable Pujol, fue nombrado consejero de la eléctrica Enher, gracias a lo cual disfruta de derecho vitalicio a tarifas simbólicas por el consumo de energía de su vivienda y su segunda residencia.

Participó en el accionariado de sociedades privadas de variado pelaje, incluidas algunas editoras de medios vernáculos de comunicación. Mantuvo estrechas relaciones con el mundo del deporte, del que es un consumado especialista. Barcelonista confeso, tiene dicho que prestaría sus servicios a cualquier club del mundo, menos al Real Madrid.

Como es natural, dada su actividad trepidante, nuestro personaje hubo de lidiar con fiscales y jueces por los motivos más dispares. Siempre salió indemne... hasta que se vio envuelto en el cambalache de unas centrales hidráulicas de Erkimia, en el que se evaporaron 679 millones de pesetas.

Por este entuerto, la Audiencia de Barcelona le propinó en 2003 dos años de prisión y multa de 1,2 millones de euros. El Tribunal Supremo confirmó la sentencia pocos años después. Pero Carreté disponía de poderosas aldabas. Por ejemplo, es pariente próximo del diputado de CiU Josep Sánchez Llibre. Todo ello le fue de gran utilidad para lograr que el consejo de ministros le concediera el indulto en pleno verano de 2009. A la sazón, Zapatero presidía el Gobierno y Francisco Caamaño desempeñaba la cartera de Justicia.

No fue ese el único contratiempo sumarial de Carreté. Justo tres años después de obtener la medida de gracia, sufrió condena en la macro-causa contra José María Huguet, Álvaro Pernas y otros inspectores de Hacienda de Barcelona. Le cayeron dos años de prisión por un delito continuado de falsedad en documento oficial, amén de seis meses de arresto mayor y tres años de inhabilitación especial para cargos públicos, por un delito continuado de cohecho pasivo. El Supremo le absolvió de la falsedad documental y le rebajó la pena por cohecho a dos simbólicos meses de arresto y dos años de suspensión.

Sánchez Carreté, que pronto va a cumplir 64 primaveras, acudirá en breve a la Audiencia Nacional por los supuestos enjuagues financieros de Pujol el joven. Por fortuna para él, este episodio no le debe acarrear en principio consecuencias mayores, porque acude como testigo. Dada su proverbial discreción, seguro que se cuidará muy mucho de mantener la boca cerrada. Al fin y al cabo, este no es más que otro hito intrascendente, que pronto se olvidará, en su palpitante carrera personal, jalonada de copiosos éxitos profesionales y lucrativas minutas.
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