¡Vaya semanita! Lo que ningún tribunal podrá detener

27 de febrero de 2015 (20:29 CET)

Se acaba la semana y el famoso soufflé soberanista sigue teniendo la consistencia esponjosa de los últimos tiempos. Va pasando el tiempo y los acontecimientos conflictivos se acumulan, algunos con especial crudeza, como el castigo al juez Santiago Vidal. El Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) acordó este jueves, por 12 votos frente a nueve, la suspensión de este combativo juez de la Audiencia de Barcelona. ¿De qué se le acusa? De ser responsable de una falta disciplinaria muy grave por haber participado en la redacción de una constitución catalana.

El Estado menosprecia lo que está pasando en Cataluña desde 2012, e incluso pasa de puntillas sobre ello en el debate de política general, pero sus órganos constitutivos se muestran implacables contra todo lo que se mueva a favor del proceso soberanista. El cerco judicial, empezando por la imputación del presidente Mas, la vicepresidenta Ortega y la consejera Rigau, pretende desinflar el soufflé y estropearlo definitivamente. Pero está claro que el efecto entre los soberanistas de las medidas represivas es exactamente el contrario, lo que motiva un desolador enojo de los unionistas pactistas. Su fracaso da mayor fuerza a los que desean la independencia.

Lo que más temen los conservadores son los actos de ruptura y resulta que son ellos los que los impulsan, sin darse cuenta de que les van en contra. No voy a darles ideas sobre cómo deberían actuar, aunque la falta de criterios políticos, que se suma a la falta de criterios judiciales, provocará un colapso del Estado en Cataluña y por consiguiente el triunfo de los soberanistas, de la tendencia que sean. No quiero decir que la independencia sea para mañana. Pero la semilla ya está dando sus frutos, especialmente en el aspecto de la desconexión mental. Puede que el estado de excitación de los soberanistas esté hoy un poco atemperado y sin embargo el Estado lo alimenta con sus decisiones. Estamos en un período de tregua que se romperá porque el Estado cree que va a doblegar a los soberanistas.

A partir de este momento, y a la espera de lo que pase con el presidente Mas y los demás encausados por el 9N, Vidal será el primer héroe de este proceso. La imagen de contundencia judicial estatal puede que satisfaga al público español, pero en Cataluña va en contra de los intereses unionistas. Incluso el fallo del pasado jueves del Consell de Garanties Estatutàries en contra de cinco enmiendas a la ley de acompañamiento de los presupuestos de la Generalitat de 2015, pactadas entre ERC y CiU, es munición para el soberanismo.

Que este organismo —sin ninguna mujer y que se reparte por cuotas políticas entre los partidos— indique que las partidas pactadas entre ERC y CiU para crear "estructuras de Estado", como por ejemplo la hacienda propia, son contrarias a lo que indica el Estatuto o la Constitución, es el mejor aval para los que han determinado que el Estado autonómico es hoy una prisión en vez de ese espacio de libertad que se dijo que era en 1978.

Por cierto, vaya ironía, el próximo miércoles día 4 se celebrará en la sede del Consell de Garanties Estatutàries un interesantísimo debate que lleva por título ¿Como será la futura hacienda pública de Cataluña?, a cargo de Joan Iglesias, inspector de Hacienda durante más de una década y actual director del programa para la definición de un nuevo modelo de Administración tributaria de Cataluña, que es quien está diseñando lo que los togados prohíben. El acto lo convoca el Institut d'Estudis Autonòmics, que comparte sede con el Consell, y lo presidirá el nuevo comisionado por la Transición Nacional y ex vicepresidente del Tribunal Constitucional español, Carles Viver i Pi-Sunyer. La política catalana está en plena evolución.

Para los que no entienden de qué va eso de la "desconexión mental", les recomiendo que palpen el universo soberanista. Sólo los unionistas —populares o socialistas—, Duran i Lleida i el entorno catalán de Podemos está pendiente de lo que pase en España en las próximas elecciones generales. Para los soberanistas lo importante es consolidar un bloque político partidario de la independencia en las dos convocatorias electorales dónde se va a decidir precisamente eso, en las municipales de mayo y en las plebiscitarias del 27S.

Más claro: ni C's ni Podemos son alternativa a CiU y ERC, por mucho que crezcan, porque el empuje regenerador en Cataluña está en manos de los soberanistas. Los sistemas de partidos reflejan las distintas realidades nacionales, y está claro que el sistema catalán de partidos no se parece al español precisamente por su especificidad nacional. Si a eso le añadimos la desconexión mental que hace años que va avanzando, debemos concluir que ahora estamos en la fase de la desconexión política. La decisión del presidente Mas está tomada, aunque eso no guste al mundo de influencias, negocios y opinadores que se agolpó en el Círculo de Economía el pasado jueves, pocos minutos después de que el Tribunal Constitucional anunciara la suspensión de la consulta del 9N y del decreto que la convocó, para escucharle.

El TC puede suspender el 9N, pero la realidad es que ese día 2,4 millones de personas acudieron a votar en un claro acto de desobediencia civil. ¿La suspensión las borra del mapa? Claro que no. Ni esta sentencia, ni el dictamen de los doctos paniaguados del Consell de Garanties, ni la expulsión de un juez de su puesto de trabajo por escribir un proyecto de constitución, que personalmente no me gusta en absoluto, ni su propia imputación, van a detener al presidente en su empeño de cambiar el statu quo.

"Todo lo sólido se desvanece en el aire" es una frase del Manifiesto Comunista que le sirvió a Marx para designar que el capitalismo había sido lo suficientemente fuerte para disolver el mundo anterior y forzar a las personas a considerar serenamente sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas. La historia nos demuestra que fue ciertamente así. Es por ello que soy de los que opina que ese mundo de certezas absolutas que hoy defienden las altas instancias del Estado y los juristas que no se rebelan, también se disolverá en España, digan lo que digan los tribunales.
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