Vamos a un ritmo desorbitado

12 de junio de 2014 (00:00 CET)

Al ciudadano con preocupación porque las determinaciones del BCE le hagan o no llegar un crédito a su pequeña empresa o porque su hijo con dos títulos universitarios esté sin trabajo forzosamente ha de inquietarle aún más el ritmo excesivo que la vida pública alcanza en estos días.

Abdicación del Rey, lío inmenso en el PSOE, fricción notoria en CiU, además de unos resultados tan disruptivos de las elecciones europeas y la intriga algo putrefacta para elegir al nuevo presidente de la Comisión Europea. Tampoco el PP está como para dar lecciones a nadie.

Si se considera que la buena política consiste en proporcionar estabilidad a la vida económica y ciudadana, los fenómenos más a mano no son positivos. En Barcelona se añade una profunda crisis de autoridad que ha tenido su auge en los disturbios de Sants. Ayer los piquetes de la huelga del taxi coaccionaban a su antojo.

Que todo va demasiado deprisa es una impresión con fundamento. La abdicación del Rey ha suscitado un retorno --al menos aparente-- a la disyuntiva obsoleta entre monarquía y república. En Catalunya, sea cual sea el futuro del secesionismo, los indicios de bipolarización social aumentan. Y la incertidumbre en el PSOE podría desestabilizar los consensos constitucionales.

 
La incógnita relativa de Felipe VI añade una incertidumbre constitucionalmente ficticia pero con un efecto de división
En cuanto a las elecciones europeas en España, la aparición de Podemos pudiera alterar las formas corrientes de alternativa. Del mismo, modo, en toda Europa resulta que los resultados de las elecciones se han convertido en un rifirrafe sobre la designación del nuevo presidente de la Comisión, con Juncker como icono del continuismo y efecto ya predecible de las ambivalencias del Tratado de Lisboa.

Son detalles que poco ayudan a tener confianza en la salida de la crisis, en el molde constitucional y en la trayectoria del PSOE que va de Felipe González a Pérez Rubalcaba, con el paréntesis zapaterista. Para muchos ciudadanos, ¿quién es Eduardo Madina y por qué Susana Díaz --no electa en las urnas-- ha estado a punto de dirigir el PSOE? Para los votantes del PSC, más a la baja que a la alza, la dimisión de Pere Navarro significa la mayor confusión y es una mala noticia para una socialdemocracia constitucionalista en Catalunya.

En Catalunya, Convergència sigue amarrada a ERC, la ANC y el Omnium Cultural. A parecer la solución consiste a enviar castellers al extranjero. Duran sigue con sus efectos de despegue y aterrizaje. Unió está y no está con su líder en ejercicio. Dado un ritmo de tanta precipitación, la incógnita relativa de Felipe VI añade a la coyuntura una incertidumbre constitucionalmente ficticia pero con un efecto de división.

En realidad, ¿hacía falta que Susana Díaz hiciera lo que ha hecho, que Juncker fuese candidato del centro-derecha, que el descontento desembocase en Podemos o que Duran Lleida dijera ahora sí y luego también? Ciertamente, estamos en un momento de montañas rusas.
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