Unió está rebobinando

26 de febrero de 2014 (00:00 CET)

Convergència y Unió han contenido muchas veces sus instintos contrapuestos pero la apuesta secesionista de Artur Mas y su dependencia de ERC aumentan la presión interna de forma límite. Unió, incluso con sus núcleos soberanistas, no es un partido tan identitario como lo fue el pujolismo y como ha ido manifestándose Convergència con el liderato de Artur Mas.

Fundada en plena fase constituyente de la Segunda República, Unió ha dispuesto de un capital simbólico de entendimiento y diálogo, incluso en los momentos más trágicos de la guerra civil, cuando Carrasco Formiguera era fusilado en un lado y en el otro a Maurici Serrahima se le acusaba de ser falangista. Todo había comenzado con el núcleo de intelectuales chestertonianos de “El matí”. En la postguerra, Unió sirvió de puente, desde su filiación democristiana.

La transición democrática iba a significar para Unió una época de dudas estratégicas. Pujol había fundado Convergència; Unió se articuló con el conjunto democristiano de toda España, con un pésimo resultado electoral. Buscó pactos de centro. Hubo una disociación, porque algunos dirigentes veían el futuro político en un pacto con el suarismo de la UCD; otros, preferían optar por la aproximación al pujolismo.

Larga historia, todavía no concluida. Y siempre la misma pregunta: ¿con cuántos votos propios cuenta Unió? La aparición política de Duran Lleida dio otro ritmo a Unió, hasta ahora, sin que cesasen las tensiones con el pujolismo. Duran no procedía del esencialismo nacionalista, sino de la escuela italiana de la DC y de un arraigo poco identitario en la “Franja”.
 
Unió pudiera encabezar la etapa de diálogo que amplios sectores de la sociedad catalana reclaman

El postpujolismo ha hecho mucho más frágil la relación entre Convergència y Unió
, en ocasiones equiparable a la clásica dicotomía entre amor y odio. Duran se afianzó en la cancha parlamentaria de Madrid, donde cuenta con una conversación muy fluida con las figuras más centradas del PP.

Ahora hay indicios de que Unió va rebobinando para matizar su identificación política de los lazos que le unen a Convergència. Cualquiera sabe que una ruptura sería perjudicial para ambos, pero es evidente que Artur Mas ha llevado su propuesta independentista al extremo.

Para salir del paso, Unió se declara a favor del derecho a decidir, a sabiendas de que esa opción carece de contenido preciso y sustancial. Así se ha llegado al congreso extraordinario de Sitges. ¿Conclusiones más significativas?: moderación, centrismo, diálogo, aproximaciones. Si en algún momento parecía que Duran pensaba en retirarse de la política, hoy se diría que pretende tutelar una inflexión que matiza todo vínculo con Convergència.

Va afirmándose la figura de Ramon Espadaler, conseller de interior y presidente del consejo nacional de Unió. ¿Sucesión? Es pronto. Espadaler, simplemente, va entrando más en los escenarios. Es político de seriedad. Mediáticamente, austero. Tantea los toboganes traicioneros del microcosmos político de Barcelona. No carece de realismo optimista sobre el futuro.

Puede decirse que lo que haga Unió en estos momentos de insensatez rupturista influirá en el curso de la vida catalana y en la mejor integración de Catalunya en el conjunto de España. No es poca cosa. Unió pudiera encabezar la etapa de diálogo que amplios sectores de la sociedad catalana reclaman. No es una empresa imposible, a pesar de que lo parezca un día sí y otro también.
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