Una fábula andorrana que igual no lo es tanto

07 de mayo de 2015 (00:00 CET)

Desde este medio hemos sostenido que hace tiempo que las autoridades estadounidenses estaban cambiando información con las andorranas sobre presuntas prácticas de blanqueo de dinero de algunos bancos. Es más, mantenemos que el presidente del Gobierno del país pirenaico conoció con dos meses de antelación que EEUU, su Tesoro, estaba preocupado por los movimientos de capital de algún miembro de la mafia rusa que tenía conexiones con la venta de armamento.

Antoni Martí, jefe del Ejecutivo andorrano, sostiene que este medio (el único que ha publicado eso en España) y la oposición política de sus país, somos unos mentirosos. Arriesgada afirmación la del político que quiere encarnar la renovación del país. Sobre todo, porque algún día puede desayunarse con un papel en los morros que le devuelva el epíteto que tan gratuitamente nos concede.

De todas maneras, que haya un político con incapacidad para reconocer los hechos y menos aún cuando estaba inmerso en una campaña electoral, sorprende poco. En España ya tenemos una experiencia que Andorra, por más paraíso del dinero, la nieve, el tabaco y el queso que sea, jamás poseerá. Lo importante es otro aspecto.

Imaginen que España, como Estado, se hubiera hartado de las prácticas dilatorias de Andorra. En especial, del toreo de su administración de justicia. Supongan que los tecnócratas del pequeño principado hubieran jugado a no facilitar información relevante que su vecino del sur les reclamaba. Pongamos por caso que, cuando se descubren algunos casos como el de Pujol, España pide más detalles y Andorra, con todas sus leyes como armamento, se niega.

Si suponemos todo esto, también podemos llegar a la conclusión de que alguien en Madrid se hartara de esa actitud que enlentecía la búsqueda de información en el país vecino. Y que, con ese punto de enfado, llamara al primo de Zumosol que habita al otro lado del Atlántico. Al final, Andorra es el paraíso fiscal español. Tampoco era necesario que la puntilla a esa condición, a su burocracia de rancio origen y a una actitud de cierta prepotencia en las cuestiones diplomáticas, se la diera el hermano. Con el primo fuerte era suficiente.

Es sólo una fábula, y como tal hay que considerarla. Sepan, no obstante, que el sistema financiero andorrano está herido de muerte (hay quien dice que muerto casi del todo) después de lo acontecido. Es más, hay quien sostiene, que el propio país tiene ahora un problema serio. Después de que su banca haya jugado con fuego mucho tiempo (mafias y dineros con orígenes dudosos pululaban por allí), sus políticos hayan mirado hacia otro lado y su tecnocracia viva del feudalismo antiguo y caciquil, su economía tendrá dificultades serias para resistir sin banca.

Y lo que es aún peor: circula un cierto temor a que Andorra no se convierta en el Chicago de los años 20.

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