Un punto ciego de la Moncloa

14 de octubre de 2014 (00:00 CET)

El casi inevitable nombramiento del nuevo presidente de RTVE ilustra uno de los puntos ciegos de la Moncloa marianista. Es la comunicación. Por lo visto, hasta ahí no ha llegado el reformismo. Tanto la política de comunicación como las adhesiones tertulianas al Gobierno del PP coinciden en una cierta mediocridad, en una inercia desconocedora del periodismo innovador y de la opinión de calidad. Ese es un aspecto crucial para una sociedad avanzada, digital.

Tanta oleada partidista acaba siempre sumergiendo a la profesionalidad, lo que perjudica directamente la credibilidad de los medios públicos. Y no tan solo es una cuestión de dinero. Es una cuestión de voluntad política y de un afán de excelencia. ¿No tiene a mano el PP otro nombre para presidir RTVE? La radio y televisión pública no son efectos ventrílocuos patrimonio del gobernante, sino un servicio público que ha de contribuir a que la sociedad esté mejor informada y a que la opinión se vaya articulando con libertad crítica.

El principal motivo por el que al marianismo le falla tan ostentosamente la comunicación no es que no tenga nada que comunicar. Al contrario: es que carece de la necesaria priorización de tantos temas, peca de tardanza al reaccionar ante los imprevistos --como el caso del ébola--, y carece de una perspectiva de calidad al presentar y analizar hechos tan dispares como la crisis económica o la iniciativa secesionista en Cataluña.

 
Más allá de RTVE, la falta de estrategias mediáticas ya es característica del sistema marianista
El hecho de que los tele-opinantes sean en gran parte un club de amigos o que importe más el minutaje en la aparición televisiva de los ministros que la calidad de la información implica un desconocimiento castizo de las dinámicas actuales de la comunicación.

Al final sale perjudicado el Gobierno, y sobre todo el conjunto de la sociedad. Uno no acierta a ver otra razón por la que RTVE pierde audiencia, cuando su valor consiste en dar cohesión racional a toda España. Es una televisión sin debates de calidad, con unos telediarios a la baja, con un listón muy bajo. Y en el Gobierno de Rajoy nadie parece asumir esta responsabilidad.

El cometido de redimensionar económicamente RTVE no es incompatible con los estándares de exigencia que la ciudadanía merece. Esa es la voluntad política que no aparece por ningún lado y que explica, más allá de RTVE, la falta de estrategias mediáticas que ya es característica del sistema marianista. El país se merece algo mejor. Mientras la sociedad evoluciona, la política de comunicación conserva los rasgos de la vieja derecha, de su torpe favoritismo, de su tradicional inopia para ver en qué mundo vivimos.

Acabar hundiendo RTVE por incompetencia no es un mérito. ¿Quién toma esas decisiones? Quizás nadie, porque estos asuntos van de uno a otro despacho, hasta fondear en las aguas más mediocres. Lo prueba que RTVE sea un peón más en la derechización mediática precisamente cuando lo que hace falta es centrar las cosas. También en RTVE haría falta reformismo.
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