Un inspector de Hacienda, eminencia gris de la trama 'Gürtel'

10 de mayo de 2013 (20:36 CET)

La Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (Udef) ha proyectado chorros de luz sobre la trama Gürtel, de financiación irregular del Partido Popular. Ahora resulta que uno de los puntales más firmes del contubernio es José Ramón Blanco Balín. Las andanzas de este tortuoso personaje por multitud de grandes empresas, algunas de ellas catalanas, abundan en episodios apasionantes que llenarían varios libros.

Blanco, leonés de 61 años, licenciado en Económicas, ganó plaza de inspector de finanzas del Estado y durante un tiempo trabajó para la Hacienda pública. Luego cambió de bando, espoleado por la superior remuneración del sector privado. Así, de perseguir a los presuntos defraudadores pasó a asesorarlos sobre los mecanismos más eficaces para minimizar los pagos al Erario. En los últimos lustros se enzarzó de lleno en la red Gürtel y devino un experto consumado en el trasiego de capitales por todos los paraísos fiscales habidos y por haber.

Su carrera en el mundo de los negocios arrancó en 1990 como asesor tributario de Alberto Alcocer y Alberto Cortina, “los Albertos”, en su proceso de separación matrimonial de las acaudaladas hermanas Esther y Alicia Koplowitz. Los famosos primos de la gabardina recompensaron los servicios de Blanco nombrándolo consejero del rentable Banco Zaragozano, una de las sociedades que correspondieron a Cortina y Alcocer en el reparto de los bienes conyugales.

Luego lo colocaron en el consejo de Cofir (hoy Hoteles NH) y él se las agenció para multiplicar su presencia en los órganos de gobierno de otras muchas compañías como Azucarera Ebro, Ercros, Prima Inmobiliaria y Enagás.

En su época de consiliario de los Albertos, Blanco conoció a Alfonso Cortina, hermano de Alberto. En 1996, cuando José María Aznar llegó al poder, una tropa de amiguetes del partido conservador desembarcó en la cúpula de las grandes empresas estatales o semiestataless. Así, Manuel Pizarro aterrizó en Endesa, Juan Villalonga en Telefónica y Francisco González en Argentaria, germen del BBVA.

La poltrona de Repsol le cupo en suerte a Alfonso Cortina gracias a su estrecha amistad con Rodrigo Rato. A su vez, Cortina fichó como consejero de la petrolera a Blanco Balín. Éste ascendió luego meteóricamente a la vicepresidencia y más tarde a la cima ejecutiva en calidad de consejero delegado. Semejante butaca le dio acceso al máximo órgano de las filiales de Repsol, entre ellas Gas Natural.

Fiasco de la operación del siglo

En 1999, el binomio Cortina-Blanco protagonizó la compra de la petrolera argentina YPF por 15.000 millones de dólares en efectivo metálico. Fue la mayor adquisición realizada nunca por una empresa española. Supuso situar la mitad de los activos de Repsol en un país regido a menudo por bandas sin escrúpulos. Aquella incursión ha tenido consecuencias catastróficas, pues la señora Fernández de Kirchner se ha incautado de YPF sin pagar un céntimo y Repsol afronta pleitos internacionales que pueden perpetuarse ad calendas graecas.

El tándem Cortina-Blanco se enriqueció de forma obscena en Repsol merced al expeditivo procedimiento de fijarse unos sueldos estratosféricos de 7 millones anuales. Por esas fechas, los dos primeros espadas del coloso Royal Dutch/Shell devengaban poco más de 4 millones, cuando la talla de la petrolera anglo-holandesa multiplicaba por seis la de Repsol. El tiempo corre deprisa. Hoy, apenas un decenio después, los 7 millones que se embolsaban entre Cortina y Blanco los percibe con creces un solo ejecutivo, Antonio Brufau, catapultado en su día a la jefatura de la petrolera por los prohombres de La Caixa Fornesa y Fainé. A partir de ahí, Cortina y Blanco gestionaron Repsol como si fuera su finca particular.

En su condición de miembro del consejo de Gas Natural, Blanco asistía a sus juntas de accionistas. Recuerdo que en 2003, en pleno fragor de las disputas con La Caixa, acudió a la asamblea general de la gasista. Pude observar que en el estrado del consejo Blanco prodigaba gestos despectivos y desafiantes hacia los hombres de La Caixa. No tuvo siquiera la delicadeza de aparentar interés por el desarrollo de la junta y se dedicó a leer unos periódicos. El desprecio a los señores accionistas, paganos de sus remuneraciones como miembro del consejo, fue estupefaciente. Y es que Blanco andaba crecido, porque la opa de Gas Natural sobre Iberdrola, a la que se opuso, acababa de naufragar.

Un año después, los socialistas ganaron las elecciones, desalojaron al PP del poder y el futuro de los dos jerifaltes de Repsol se tornó negro como la noche. Los paniaguados del PSOE repitieron la jugada de los populares y coparon los centros de mando de las grandes empresas. Alfonso Cortina fue uno de los primeros defenestrados, no sin antes arramblar un finiquito de 20 millones de euros. Poco después cayó Blanco.

Luego, este individuo hizo mutis por el foro y no se volvió a hablar más de él. Ahora se ha sabido que durante los últimos años ha mangoneado a discreción los trasiegos de divisas de la tropa de Gürtel en centros financieros opacos de medio mundo. La justicia lo tiene en su punto de mira. Por todas las trazas, a Blanco Balín le aguarda un futuro procesal preocupante.
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