Un escándalo con ‘low profile’

17 de diciembre de 2010 (00:59 CET)

¿El supuesto fraude fiscal detectado por Hacienda y puesto en manos de la justicia de una de las familias notables de la buena sociedad barcelonesa transpirará por los poros de los medios de comunicación catalanes? Esa es una de las incógnitas que la clase periodística catalana tendrá que resolver en los próximos meses.

Tras el estallido del caso, desvelado por Economía Digital a última hora de la mañana del miércoles, periodistas y redacciones de toda Barcelona se lanzaron en busca de datos, opiniones, confirmaciones y comprobaciones de diverso signo. La poderosa familia Carulla, capilarizada en no pocos foros de poder, opinión, economía y hasta medios de comunicación, no tuvo tiempo de reaccionar ni de intentar amortiguar el impacto de una investigación judicial que, de confirmarse la sospechas de Hacienda en sede judicial, pondría en entredicho una pulcra imagen de mecenazgo, patrocinio y preocupación por la cultura del país labrada durante años.

Los tentáculos de poder de los Carulla, no obstante, han comenzado a trabajar a favor de un bajo perfil informativo sobre el caso. Algunas redacciones periodísticas de la capital catalana han recibido ya instrucciones precisas de las empresas editoras para rebajar el tono de las informaciones hasta que exista una resolución judicial firme. Otras, de silenciar el caso. El diapasón bajará, en definitiva, salvo en lo que internet pueda aportar al debate. Visto el asunto Wikileaks, no será poco.

¿Es ese trato equivalente al dispensado al caso Millet y su latrocinio del Palau de la Música? Paradójicamente, Mariona Carulla fue su vicepresidenta y actual sustituta del confeso ladrón. No será igual el seguimiento que los medios catalanes dispensarán a la presidenta del Palau de la Música, al vicepresidente del Cercle de Economía, a los patronos de la Fundació Lluís Carulla, a unos accionistas del diario Ara, a un grupo con un poder de compra publicitario no desdeñable…

En lo político, siempre en el segundo nivel de debate, no deben despreciarse las relaciones tejidas por el grupo familiar en los últimos años. La proximidad de los Carulla con el PSC ha sido fruto más de las relaciones de algunos de sus asesores con el poder municipal y algunos otros ámbitos del socialismo catalán que de una convicción sociológica o de clase. Sin embargo, poco antes de las últimas elecciones autonómicas algún alto dirigente de CiU confesaba en uno de esos templos en los que no hay micrófonos ni grabadoras que “los Carulla no se habían portado bien”. Él sabrá a qué se refería. Y, ahora, CiU mandará Catalunya los próximos cuatro años. ¿Casualidad?

Más que el seny català, el oasis mediático, político y económico puede anestesiar la investigación periodística. En cualquier caso, ése será un mal menor. Peor podría ser que la anestesia durmiese la investigación judicial. Lo hemos vivido de forma torticera en el caso Palau. Un nuevo Govern, un nuevo presidente, debieran significar aire nuevo para la sociedad, sus medios y su justicia.
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