Un empresario sin empresa al frente de la patronal madrileña

07 de abril de 2014 (19:26 CET)

Una semana después de que Arturo Fernández fuera reelegido por abrumadora mayoría presidente de la Confederación Empresarial de Madrid (CEIM), el “empresario” hostelero no sólo se ha quedado sin empresa, sino también sin la gestión de la misma, dándose una situación chusca o paradójica.

El presidente de los empresarios madrileños, elegido por unanimidad por los 200 miembros de la junta directiva, ya no es empresario, al menos de la empresa por la que fue elegido para la CEIM y para la CEOE de la que actualmente es vicepresidente.

Tras vender hace unos meses el 51% del Grupo Cantoblanco del que era propietario por 50 millones de euros, hace unos días se daba a conocer que Noraction, empresa dedicada al asesoramiento económico, financiero y legal, elaborará un plan de viabilidad del grupo hostelero del que serán participes entidades financieras y proveedores y asumirá la gestión del grupo que hasta ahora estaba en manos de Fernández.

Cantoblanco, empresa familiar de hostelería con más de 100 años de historia, ha dejado de ser propiedad de los Fernández, en su tercera generación, acuciada por las numerosas deudas a proveedores, Seguridad Social y Hacienda.

Esta última le reclama una deuda de más de un millón de euros y le ha abierto una diligencia de embargo a la que deberá hacer frente pese a que su facturación cayó en 2013 más de un 25% sobre el año anterior.

En concreto, la Agencia Tributaria “declara embargados los créditos a favor del mismo que tenga pendientes de pago a la fecha en que reciba esta diligencia, ya sean cantidades facturadas, pendientes de facturar o que no requieran facturación, así como aquellos que sean consecuencia de prestaciones aún no realizadas derivadas de cualquier tipo de contrato en vigor con el citado obligado de pago”. Todo un ejemplo para el patrón de patronos.

El presidente de la CEIM consiguió un cierto éxito empresarial como consecuencia de dominar los concursos para gestionar las cafeterías de las instituciones de los diferentes niveles de la administración central, autonómica y municipal, aunque en los últimos tiempos se ha tenido que enfrentar a más de un revés como fue la pérdida de la concesión que durante 22 años le permitió llevar todo lo relacionado con la hostelería en el Congreso de los Diputados.

Hoy, Arturo Fernández ya no es el dueño del Grupo Cantoblanco, pero seguirá de presidente de la CEIM y vicepresidente de la CEOE y, junto a Juan Rosell, seguirá moviendo los hilos oficiales de la patronal española, aunque ni uno ni otro representen al empresariado español, con independencia de que sus puestos los hayan ganado tras procesos electorales formalmente limpios.

Con un ex presidente de la CEIM y de la CEOE como Díaz Ferrán en el penal por un sinnúmero de delitos de todo tipo y con recientes escándalos, como en el que se ha visto involucrado el presidente de la Federación de Empresarios de Madrid (Fedecam) y vocal en la directiva de la patronal madrileña, Tezanos, los empresarios españoles deben hacer una seria reflexión sobre sus órganos de representación y volver la mirada hacia sus colegas alemanes e italianos y sus potentes patronales BDA y Cofindustria.
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