Un catalán en Madrid

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21 de diciembre de 2010 (14:03 CET)

Juan Rosell Lastortras (Barcelona, 1957) es un catalán viajado y leído. Así lo ven en Madrid, donde pesa más su origen que la condición ideológica y la trayectoria empresarial. Hijo de una familia de larga tradición empresarial, hijo de Juan Rosell Codinachs y sobrino de Jaume Castell Lastortras (Banco de Madrid y Banco Catalán de Desarrollo), estudió ingeniería en Barcelona en la Universidad Politécnica de Catalunya, donde se han formado buena parte de los herederos de las estirpes industriales del país.

Inquieto, políticamente activo, el nuevo presidente realizó estudios de ciencias políticas en la Complutense de Madrid. Era su pulsión. Incluso, con Juan Echevarría Puig, participó en 1980 en una aventura política (Solidaritat Catalana) que no obtuvo representación en el Parlament de Catalunya. Periodista frustrado, de la mano de Manuel Milián Mestre, Rosell colaboró en los periódicos Diari de Barcelona y Tele Express en su juventud.

Ideológicamente, Rosell es un conservador con rostro humano. Un capitalista con preocupación social. Miembro de la Mont Pelerin Society, en su madurez se ha convertido en un liberal convencido, pragmático y dialogante. Algunos de los libros que ha publicado en los últimos años así lo atestiguan. Aunque en determinados foros de Madrid jamás se ha comprendido su proximidad con el poder municipal socialista y con el tripartito después, Rosell siempre responde, posibilista, que un patrono debe estar próximo al poder sobre el que debe influir.

Tan imprevisible como huidizo, Rosell ha sorprendido en múltiples ocasiones. La última, cuando nada más ser elegido presidente de Foment del Treball, hace un mes, pronunció un discurso en el que además de dar una lección de unidad y de conocimiento de la organización a sus oponentes electorales, tuvo un recuerdo sentido y afectuoso para un sindicalista que acababa de fallecer: Simón Rosado. Ante dos centenares de empresarios, Rosell habló del espírito del dirigente de CCOO como un emblema de la filosofía que Catalunya necesitaba para los nuevos tiempos. Un gesto inusual en un dirigente patronal de corte típico y tradicional.

En lo empresarial, encabeza un grupo familiar que gestiona directamente su mujer, como directora general, Elisabet Trallero. Su padre todavía participa en algunos consejos, resignado a no retirarse de la primera línea de fuego empresarial. En conjunto suman unas 25 sociedades con intereses en diferentes ámbitos: plásticos, residuos, inmobiliario, juguetes...

En lo personal, este ingeniero industrial ha ido especializándose en el sector energético con el paso de los años. Fue presidente de la eléctrica Enher y posteriormente consejero de Endesa. En la actualidad, participa en el consejo de administración de Gas Natural Fenosa, y acaba de publicar un ilustrado libro sobre la crisis petrolífera.

De no haber sido más útil para el empresariado catalán su candidatura a la CEOE, algunas voces lo situaban como futuro presidente de la empresa gasística. Ahora, con su victoria, se abren otras posibilidades sucesorias en la compañía catalana que algunos empresarios y ejecutivos han comenzado a trabajarse. Mientras, este empresario del clan de Llavaneres estudia si hacer las maletas o acumular más puntos en la tarjeta Iberia. Una decisión que el tiempo irá decantando con naturalidad. 
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