Un cargo público para hacer dinero

30 de enero de 2016 (13:47 CET)

A un español le pones uniforme o consigue un cargo público y cambia su vida. Manda, dirige, ordena, sube de categoría social y cambia de mujer o de marido. Y si se pone a tiro pues también mejora su condición económica.

Así ha ocurrido en todas la etapas históricas y en todas las confluencias. Es un gen posiblemente enraizado porque ni Lutero ni Calvino se pasearon por estas tierra, donde el Santo Oficio perseguía las ideas pero no las riquezas.

Un cargo público es a un español el visado para relacionarse con el dinero. Eso le pasó al PSOE en sus mejores momentos y le está pasando al PP. No a todos los cargos públicos, pero si a aquellos que tienen el gen más arraigado. El poder se demuestra con dinero. Si no hay dinero parece que no tengas poder.

Y con algo más que dinero. El cargo público no paga el café en el bar, tiene más facilidades para colocar a un amigo del partido o al cuñado. Y en la peluquería le peinan mejor las mechas. El cargo público es envidiado, lo que ya es el colmo de cualquier español. Al principio todos son buenos, pero con el tiempo el cargo pasa a ser de propiedad y vale todo.

Lo malo de esta ecuación es cuando te pillan con el carrito del helado. Entonces el cargo público es vilipendiado por propios y ajenos. Y cuando estamos en momentos calvinistas como ahora, el cargo público que han pillado resulta ser el culpable de todos los males porque siempre hay una mano que mece la cuna para aprovecharse de sus desgracias.

La cuestión es que ese gen acumula una factura en España de 10.000 millones de euros, según cálculos que hace el economista Daniel Lacalle. Son 2.400 por el caso Malaya, 1.200 por el caso Pujol, 2.000 por cursos de formación en diferentes lugares, 1.200 los ERE de Andalucía, 16,6 el caso Noos y otras cantidades para Gürtel. Y ahora sumen la Operación Taula y otras que vendrán. ¡Lo que da de sí tener un cargo público!

Cuando cualquier español se pone uniforme, tiene cargo público o emparienta con una Infanta se monta enseguida un chiringuito para hacerse rico. Es la patrimonialización del poder. El cargo da derecho y una justificación para conseguir dinero. Eres el amo del pueblo, del mundo, del césped. El salvador de la humanidad, de la nación o de la comunidad. ¡Y es tan fácil caer en esta trampa!! Aplaudamos a los muchos cargos públicos que se salvan.

Así se explica que un tipo como Alfonso Rus, que tiene un buen pasar, o cualquiera de los que están en la Operación Taula, se metieran de cabeza a cobrar comisiones por adjudicar contratos. O como Francesc Camps prefiriera el infierno a cambio de unos trajes.

Y no es cuestión de leyes. Es cuestión de actitud, de cultura, de moralidad, de ética. Cuando tienes un cargo público o llevas uniforme igual puedes poner una multa a quien se pasa de la ORA que te llevas mil, dos mil, tres mil; porque trabajas mucho por el pueblo. El entorno es propicio y solo puedes evitar caer en la tentación si tu ética es superior al premio del cargo. Lo de financiar al partido es solo una excusa.

En la Comunidad Valenciana las condiciones han sido propicias para este menester. Cargos públicos vanidosos de sus galones y empresarios con dinero para conseguir más dinero de los contratos públicos. La mezcla perfecta. Corruptores y corruptos sentados en la misma mesa. El clima adecuado.

Ha habido dinero fácil para conseguir fácilmente más dinero y no solo en política Ahí están las trapisondas de la Sociedad de Garantías Recíprocas, donde empresarios de postín se repartieron avales. Y lo hicieron simplemente porque tenían el poder económico. O lo ocurrido en el Banco de Valencia. O con el fútbol. O con la cultura. Las corruptelas no son solo amañar contratos.

Por eso los valencianos llevamos años en el escenario, aunque hay que decir que en otros lugares nos han ganado en las cantidades. Los ERE, Malaya, Pujol o los cursos de Formación suman facturas más importantes que las corrupciones valencianas, pero aquí hemos sido mas cutres. Ese barroquismo valenciano nos ha condenado. Rus tenía que contar su dinero y Camps enseñar sus trajes. La imagen de la corrupción es valenciana aunque el choriceo haya sido mayor en otros lados.

Ahora el PPCV ha perdido el uniforme y los cargos políticos, con lo cual se les van a ver todas las vergüenzas. Como además somos dignos herederos de los Borgia siempre hay un traidor que se venga del cargo público. Le ha ocurrido a Rus con Marcos Benavent y le ocurrirá a Rita Barberá, ya verán. Es simplemente una forma de entender la vida que se escampa por todos lados. Por cierto: ¿alguien puede colocar a mi cuñado?

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