Un capote de patronal y sindicatos a Mariano Rajoy

14 de mayo de 2015 (00:00 CET)

El pacto de rentas que han firmado en las últimas horas los empresarios con los representantes de los trabajadores tiene una importancia superior a la que se le concede como acuerdo salarial.

Que los sueldos suban un mínimo del 1% este año, del 1,5% el próximo y que exista una salvaguarda sobre la inflación del 2,5% acumulada en esos dos ejercicios es, en cualquier caso, mejor que las reducciones o devaluaciones retributivas vividas en los últimos tiempos y que se han aplicado en muchas empresas o sectores.

Es, de salida, una buena noticia porque mejora la capacidad adquisitiva de los empleados; y eso –poco o mucho– se traslada al consumo. Para algunos teóricos, el nuestro debería ser un país en el que no descendiesen los salarios, sino lo contrario. Su efecto en la demanda sería inmediato, dicen. Se olvidan del efecto ahorro y de que justo venimos de una espiral parecida en sectores como el inmobiliario que nos ha deparado no pocos problemas durante la etapa de crisis.

Con esos comentarios al margen, que CEOE, Cepyme, CCOO y UGT hayan sido capaces de pactar las rentas de dos ejercicios es una excelente noticia. Son ellos quienes van a certificar, mediante un acuerdo de paz social de carácter general, la salida del túnel recesivo que hemos atravesado.

Quien más pudiera aprovecharse de ese cambio en las relaciones laborales de España es otro beneficiario, indirecto, político: Mariano Rajoy. De hecho, sus seguidores ya lo intentan en la campaña de las municipales y autonómicas del próximo día 24. Tratan de explicarle a la ciudadanía que el esfuerzo no lo han hecho las clases más humildes y buena parte de la clase media, sino que todo obedece al conductismo reformista del PP y del gobierno actual.

Es improbable que los sindicatos –quizá sí los empresarios– estén por la labor de contribuir a la campaña de Rajoy, pero lo cierto es que lo han hecho. Con ese pacto no sólo suben los sueldos un pelín, sino que asciende la confianza en el país. Y eso sí es aprovechable por los políticos que buscan desesperadamente un argumento al que asirse en esta fragmentada y poliédrica situación electoral.

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