Turquía: Oriente, Occidente y la ruta de la Seda

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12 de diciembre de 2011 (10:49 CET)

Tal vez la Turkish Airlines, elegida como la mejor aerolínea de Europa, sea el reflejo de la Turquía de hoy. Su situación, en un punto donde Asia, Europa y África están muy próximas entre sí, rodeada por el Mediterráneo, el mar Negro y el Egeo, acercan al país no sólo a las regiones más próximas, sino también a todo el mundo.
 
A esta posición estratégica se le une una estabilidad política, apertura económica, reformas, un sistema financiero atractivo, bancos regulados y capitalizados y un bajo nivel de deuda pública, que supone el 40% del PIB. Además, cabe destacar el proceso de adhesión a la Unión Europea, el dinamismo empresarial, y un mercado joven y urbano, avalado por un crecimiento económico continuado.

El FMI lo considera el país con mayor potencial económico de Europa. En 2011, está previsto que llegue a un crecimiento del 10%, un dato deslumbrante. Teniendo en cuenta el estancamiento de la zona euro, en este contexto, incluso los problemas estructurales de su economía serían envidiables. Por eso, Turquía aspira a jugar un mayor papel político y económico en el escenario mundial.

Por la falta de avances en la adhesión a la UE y para compensar la desaceleración en las economías de Europa, su mayor socio, Ankara ha intensificado sus relaciones con Oriente Medio. Los acuerdos se han traducido en un aumento espectacular de sus exportaciones a esta región del 150%. Las empresas turcas están dominando el mercado de la construcción en algunos países, lo que se traduce en mayores vínculos y la apertura de una nueva ruta de la Seda.

En los 10 años de gestón de Erdogan, las exportaciones han crecido de 31.300 millones de dólares en 2001 a 114.000 millones en 2010. Asimismo, las importaciones ascendieron de 41.400 millones a 185.500 millones en la última década. La economía turca ha conseguido un gran impulso después de la crisis del 2001, favorecida por un entorno positivo y la mejora de todos los indicadores y expectativas.

El fortalecimiento de las bases económicas es una consecuencia de la implantación, desde 2004, de un programa económico riguroso. La renta nacional ha llegado a los 240.000 millones de dólares. En este período de reconstrucción económica, se impulsó el poder competitivo y se observa un fuerte crecimiento en la producción industrial.

Sin embargo, el país debe resolver problemas pendientes para poder convertirse en una economía avanzada. El déficit actual de las cuentas asciende a 75.000 millones de dólares, un 10 % del PIB, la inflación está en aumento, y la lira se ha devaluado en un 20%.

Las bajas tasas de ahorro han conducido a una gran dependencia de los fondos de inversión. La economía sumergida en algunos sectores llega al 40% de la actividad. Otro problema estructural son las calificaciones del mercado laboral. Turquía tiene 75 millones de habitantes, una población activa de 26 millones de personas  y un 50%, menor de 30 años.

Por otra parte, las relaciones bilaterales entre España y Turquía crecen. La presencia de grupos españoles en el país turco van en aumento. Turquía es uno de los principales destinos para las exportaciones e inversiones españolas fuera de la UE. Los intercambios comerciales alcanzaron los 6.817 millones de euros en 2010, un 20% más que en 2009. Esto supone un 2% del total de las exportaciones españolas.

Es el noveno destino del mundo y el segundo fuera de la UE. España, con el 2,61%, ocupa el octavo puesto del ranking de exportadores mundiales a Turquía y el cuarto dentro de la UE. Es el octavo destino de las exportaciones turcas, con una participación del 3%.

Existe una gran demanda de productos como maquinaria, aparatos eléctricos, materiales de construcción y vehículos. Otros sectores que resultan atractivos para invertir en Turquia son la energía, la banca, construcción, transporte, industria auxiliar del automóvil, equipamiento de hospitales, agroindustria y el sector turístico, entre otros. Así, las previsiones de crecimiento son mayores que en cualquier otro gran mercado, tanto emergente como desarrollado. En resumen, Turquia tiene un enorme potencial que supone grandes oportunidades para el tejido empresarial.
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