Turismo médico o pacientes sin fronteras

30 de noviembre de 2012 (20:00 CET)

La industria turística cambia, se adapta a un nuevo futuro, creando destinos competitivos y diferenciados e incrementando el valor añadido del destino. Y el turismo médico, o los viajes para recibir tratamiento están llamados a vivir un auge en la demanda mundial. Según estimaciones conservadoras, el valor de la industria es de 40.000 millones de dólares con un crecimiento promedio anual de dos cifras que alcanzara en poco tiempo los 60.000 millones.

A pesar de la crisis económica y financiera global, el aumento de los costes sanitarios y el alargamiento de las listas de espera en América del Norte y Europa impulsan la demanda para los pacientes y sus compañías de seguros en destinos o países emergentes que ofrecen una alternativa barata y viable.

Este fenómeno, que empezó en EEUU, está presente en decenas de ciudades del mundo. La agencia americana de acreditación, La Joint Commission, es un ente independiente que cuenta con más de 20.000 organizaciones entre hospitales, servicios a domicilio, ambulatorios, sanidad mental, servicios de asilos, laboratorios, y otras empresas relacionadas con la salud. Su división internacional es la JCI cuya misión es mejorar la seguridad y la calidad de la atención sanitaria en la comunidad internacional. Desde 1999, la JCI ha acreditado hospitales por todo el mundo y ya llega a más de 70 países.

India, Tailandia, Turquía, Malasia , Jordania y Singapur se presentan como nuevos destinos de éxito ya que ofrecen tratamientos por una décima parte del precio en los EE.UU o el Reino Unido. En ese sentido, Barcelona también está apostando como destino de turismo médico y atrae cada año a unos 10.000 pacientes extranjeros aunque podrían lograrse mejores registros dada la calidad de sus centros y su oferta. En la actualidad, Barcelona Centre Mèdic (BCM) y Barcelona Internacional Medical Academy (BIMA) están trabajando para promover la capital catalana como destino mundial.

Desde la década de 1970, los gobiernos del los países del Golfo --grandes emisores de pacientes a nivel mundial-- han pagado a sus ciudadanos para someterse a tratamiento médico en el extranjero. Hay familias que construyen sus vacaciones anuales en torno a un familiar que acude a buscar tratamiento con todos los gastos pagados en Europa, Asia o América del Norte. Desde los ataques del 11 de septiembre, cada vez viajan menos pacientes árabes a EE.UU porque prefieren destinos cercanos, regionales o asiáticos. Los pacientes tienen en cuenta tres factores esenciales al elegir su destino: el acceso, la disponibilidad, y la relación calidad-precio.

El turismo médico se está transformando en una lucrativa industria de servicios para los países de destino, con un gasto medio de 5.000 dólares por paciente y viaje, de acuerdo con la Asociación de Turismo Médico. Pero para los países de origen, el turismo médico drena recursos. En 2010, 220.000 sauditas viajaron al extranjero para recibir tratamiento. Los Emiratos Árabes Unidos gastan más de 2.000 millones dólares al año en los tratamientos de sus nacionales fuera del país.

Jordania es líder en el Medio Oriente con ingresos que superan los 1.000 millones de dólares y el Banco Mundial sitúa al reino quinto en todo el mundo, atrayendo a los pacientes de los países del Golfo, Irak, Sudán, Libia y Yemen. En total 240.000 pacientes extranjeros tratados en 2010, lo que representa un crecimiento anual del 10%.
Algunos estudios apuntan que los pacientes pagan 44.000 dólares para una operación de bypass del corazón en Europa. La misma operación cuesta 18.500 dólares en Singapur, 11.000 dólares en Tailandia, 10.000 dólares en la India y sólo 9.000 dólares en Malasia.

En los países en desarrollo se plantea un importante reto no solo económico sino ético ya que este tipo de turismo intensivo de atención para los extranjeros se prioriza a expensas de la atención básica para sus ciudadanos o la fuga de cerebros del sector público al privado. Los ejemplos de Tailandia y la India sugieren los efectos distorsionadores de esta tendencia y plantea cuestiones de equidad social en la distribución de los escasos recursos.

Es un fenómeno que está en auge y cada vez mas países y ciudades son conscientes de generar actividades de valor y ofrecerse como destinos diferenciados, buscando mayores niveles de satisfacción del visitante o capaces de convertir sus atractivos en productos.
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