Túnez, Nobel para la paz

26 de octubre de 2015 (21:00 CET)

Túnez ha merecido el Nobel de paz 2015. Se ha premiado a un movimiento civil que representaba a todo un pueblo, al Cuarteto para el Diálogo Nacional formado por el sindicato UGTT, la patronal UTICA, la Liga de Derechos Humanos y la Orden de Abogados, que tuvieron una contribución decisiva en la edificación de una democracia plural. En un momento en que el proceso de democratización corría el peligro de hundirse, el Cuarteto actuó al unísono con su autoridad moral para proteger y alentar los progresos.

La búsqueda del consenso y la negociación han sido los caminos para una transición hacia una democracia parlamentaria, un paso en la dirección correcta. Las transiciones políticas son difíciles y esta era pacífica y mantiene un buen ritmo. Pero la creación de una cultura abierta y democrática de debate requiere su tiempo.

La democracia es un proceso continuo, es educación, formación y participación. El mejor camino al éxito esla disposición a respetar las garantías de los derechos humanos, políticos, económicos, sociales y culturales. El principio de la descentralización del poder de acuerdo con la voluntad popular y la legitimidad constitucional, y la aceptación de la diversidad  y el pensamiento plural. La clave no es solo lograr el cambio democrático, sino garantizar su continuidad.

Desde diciembre de 2011, lo que ocurrió fue una verdadera revolución, la del Jazmín, donde se unieron personas de todas las edades y procedencias. El ejército desempeñó un papel fundamental cuando optó por no proteger el Estado, y no disparar a los manifestantes.

Se celebraron elecciones que demostraron las ansias de cambio de los ciudadanos al acudir masivamente a votar. Se comprobó la reconciliación entre los componentes de la diversidad social y política, y cómo la identidad nacional se está convirtiendo en identidad democrática. Por eso su gente se enorgullece frente a los árabes, y el mundo ya no es el hijo ilegítimo del arabismo distorsionado, o la camuflada experiencia occidental.

Para un país que sale de más de medio siglo de dictaduras, de despotismo y de corrupción, celebrando elecciones ejemplares y con un gobierno de coalición, el resultado es saludable.

Muchos son los retos, El éxito económico será vital para el progreso político y su futuro. La economía ha experimentado una fuerte desaceleración, entrando en recesión el segundo trimestre debido a una serie de factores, como una caída de la inversión, las exportaciones y la producción de sus sectores no manufactureros y una fuerte caída de ingresos por turismo de un 59,6 % debido a los ataques terroristas. Esto aumentará la tasa de desempleo del 15% y afectará a la recuperación. El turismo es su principal industria. Aporta el 10% del PIB y 15% de empleos de manera que el golpe a este sector daña a la estabilidad política y económica.

El alto desempleo juvenil que provocó la revuelta. Los casos de autoinmolación es una señal que muestra la profunda preocupación de la gente y los retos externos que llegan de sus fronteras. Desde Libia y Argelia.

Una vez asentado en la conciencia colectiva, que el sistema totalitario basado en un único partido, en la abolición de las libertades y la marginación de la sociedad civil ha caído, ojala para siempre, Túnez se ha abierto a una revolución de libertad, en una transición de la tiranía a la democracia.

Por ello, el país del Jazmín se enfrenta a los desafíos que representa la democratización, y los cambios en los ámbitos de la política, la economía y la seguridad. El premio Nobel es importante y oportuno porque resalta lo conseguido. Anima a salvaguardar los resultados positivos y ofrece apoyo moral para seguir en el camino del dialogo en libertad y democracia. 

El apoyo de la UE y EEUU será fundamental para impulsar un cambio capaz de apoyar el crecimiento y la estabilidad, sobre todo en el sector privado. Túnez se ha convertido en un símbolo para el resto de los pueblos árabes, y un ejemplo para otros pueblos del mundo.

Como se ha visto en otros países vecinos, la guerra no sirve el interés del pueblo. Y privar a la gente de democracia y de derechos fundamentales crea refugiados, y no ciudadanos deseosos de respaldar a su propio país y de hacer avanzar el progreso. Invertir en democracia, paz y seguridad debe ser la única opción, porque Túnez todavía no está fuera de peligro.
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