Trillo, la caída del más listo

03 de mayo de 2015 (23:11 CET)

Federico Trillo: ¡Oye, Mariano!, tenemos que hablar.

Mariano Rajoy: Dime, dime, Federico. ¿De qué se trata?

F. T.: Se trata de mi futuro. Me quiero ir fuera.

M. R.: ¿Fuera? ¿Dónde? Te haremos aquí un hueco.

F. T.: No, Mariano. Me quiero ir fuera. De embajador a Londres, pero a Margallo no le gusta la idea. Hazme el favor de decirle que yo quiero Londres.

M. R.: Todo se hablará. Yo hablaré con él. Pero ¿por qué te quieres ir?

F. T.: Aquí ya no está mi sitio. Y Gürtel y los papeles nos van a estallar. Pero yo ya no puedo hacer nada. Lo he estado alargando todo lo que he podido para que prescribiera, pero ya no puedo más. Además, estos temas jurídicos los lleva ahora Lola  (María Dolores de Cospedal) ¿no?, pues todo para ella. Yo no quiero estar aquí.

Así fue la conversación entre Mariano Rajoy y Federico Trillo durante las Navidades de 2011tras ganar el PP las elecciones generales. Al menos así los cuenta alguien cercano a Trillo que ya no va por Génova. Lo digo porque ahora todas las fuentes, reales o inventadas, van por Génova. Éste no va. Ni pisa las calles cercanas a la esquina azul.

Federico Trillo siempre fue el más listo. Con mucho. Vio lo que venía. Llevó los temas jurídicos del PP, posponiendo en los juzgados los episodios de la trama Gürtel, manejando jueces, fiscales y abogados. Ha sido el hombre que escondía tras la cortina de la manipulación a todo el sistema judicial, amordazándolo y pudriéndolo de la cabeza a los pies. Todo podrido y a su servicio. El entramado de Justicia se lo conoce muy bien. Y lo maneja. O manejaba a su antojo. Pero ya no. Todo tiene su límite. Y encima Cospedal se adueñó de su parcela en Génova. Y no le gustó nada. Pero nada. Así que tomó una decisión radical. Irse. Y rápido. No le fuera a salpicar.

Pero ahora la Agencia tributaria investiga a su asesoría Estudio Jurídico Labor SL. Los parques eólicos de Castilla y León le dieron dinero. Dicen que 4,5 millones de euros mientras se sentaba en el Parlamento. Lo vio. O lo intuyó y se largó. Ahora lo investigan. Veremos cómo vuelve. Él que lo controló todo. Lo mangoneó todo. Lo corrompió todo. Incluso al ejército. Más de diez años van ya y no ha habido juicio por el accidente del Yak. ¡Qué vergüenza! Todavía ríe pletórico desde Londres mientras se afloja el nudo de su corbata azul. Ha sido el más listo. De momento.

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